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Te conozco, Mendizábal y otros cuentos

Book by Eduardo Sacheri · 4 quotes · Amor, Desamor, Desengaños

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Te conozco, Mendizábal y otros cuentos Quotes

“Desconozco el motivo, pero siempre me han importado sobremanera las historias de amores inconclusos, truncos, fracasados. No sólo los propios, sino también los ajenos. Siempre me han conmovido con su osamenta descomunal de esperanzas dilapidadas, de palabras perdidas, de paraísos negados para toda la vida. Ha de tratarse, supongo, de una innata tendencia a la nostalgia, una suerte de fatal y estúpida simpatía por los tristes y los derrotados. A tal punto son así las cosas que difícilmente una historia de amor merece tal nombre, a mi juicio, si tiene otro desenlace que el dolor, la distancia y el silencio.”

“El martes es el símbolo de la monotonía por excelencia. No es como el lunes, paradigma de la depresión, ni como el miércoles, bisagra de la esperanza, ni como el jueves, preludio de la alegría, ni como el viernes, éxtasis de la liberación. No, nada de eso. El martes es la evidencia de lo efímero de lo placentero. Es el canto de la monotonía. El martes demuestra que lo peor no es el lunes con su tristeza. Que lo terrible está en la continuidad, en la seguidilla, en la inútil cadena de días de la cual el martes es el eslabón más macabro. Es el puente nefasto que nos conduce de la desesperación al engaño. Pues si quedásemos en la desesperación del lunes, si nos ahogásemos en el pantano de su melancolía, vaya y pase. Pero no, fíjese que ahí está el martes con toda su vacía extensión, sin otro objeto en el mundo que conducirnos hasta el miércoles, y ponernos de nuevo a la espera de un nuevo fin de semana que nada ha de aportarnos, pero que mirado desde el dolor de la esclavitud de entre semana se nos antoja promisorio y dichoso.”

“Nunca falta algún odioso que me calcule cuarenta. Supongo que mi modo de vestir tampoco me ayuda, justo es reconocerlo. Pero no puedo evitarlo: los jeans y las zapatillas me producen un rechazo insuperable. No en otros, cuidado. En el resto de la gente los acepto como totalmente naturales. Pero en mí me suenan impostados, se me hacen parte de un incompleto disfraz de payaso triste. Las poquísimas veces que intenté vestirlos sufrí como loco: sentía que en cualquier momento alguien terminaría por echarse a reír, señalándome con el dedo, invitando a los demás a sumarse a su carcajada.”