Quotessence
Home / Authors / Eduardo Sacheri

Eduardo Sacheri Quotes

Author

Filter quotes by topic

Famous Eduardo Sacheri Quotes

“Desconozco el motivo, pero siempre me han importado sobremanera las historias de amores inconclusos, truncos, fracasados. No sólo los propios, sino también los ajenos. Siempre me han conmovido con su osamenta descomunal de esperanzas dilapidadas, de palabras perdidas, de paraísos negados para toda la vida. Ha de tratarse, supongo, de una innata tendencia a la nostalgia, una suerte de fatal y estúpida simpatía por los tristes y los derrotados. A tal punto son así las cosas que difícilmente una historia de amor merece tal nombre, a mi juicio, si tiene otro desenlace que el dolor, la distancia y el silencio.”

“Aráoz sopesa concienzudamente la posibilidad de matarse. Mejor dicho, analiza esa alternativa como parte de su reflexión perpetua, diurna y nocturna, de cara al ventilador de techo suspendido sobre su cama. No es que sienta un impulso demasiado profundo en ese sentido. De hecho, no siente ningún impulso hacia ninguna acción, ningún comportamiento. Pero por eso se pregunta si, careciendo de todo futuro, no sería lo más aconsejable dar por terminada su presencia en Wilde y en el resto del planeta. Se lo dice así, en silencio pero con sorna, y no encuentra respuesta. Matarse debería tener un atractivo. Y no es poca cosa hallar algo atractivo en esa estepa. Matarse tendría que significar dejar de sufrir. Dejar de perder. Tirado así, sobre la cama, con los ojos fijos en alguna de las cuatro paletas del ventilador del techo, no resulta poca cosa. ¿O sí? En realidad, sí. Le da lo mismo matarse que seguir vivo. Así que va a seguir vivo. Resulta menos trabajoso que matarse.”

“El martes es el símbolo de la monotonía por excelencia. No es como el lunes, paradigma de la depresión, ni como el miércoles, bisagra de la esperanza, ni como el jueves, preludio de la alegría, ni como el viernes, éxtasis de la liberación. No, nada de eso. El martes es la evidencia de lo efímero de lo placentero. Es el canto de la monotonía. El martes demuestra que lo peor no es el lunes con su tristeza. Que lo terrible está en la continuidad, en la seguidilla, en la inútil cadena de días de la cual el martes es el eslabón más macabro. Es el puente nefasto que nos conduce de la desesperación al engaño. Pues si quedásemos en la desesperación del lunes, si nos ahogásemos en el pantano de su melancolía, vaya y pase. Pero no, fíjese que ahí está el martes con toda su vacía extensión, sin otro objeto en el mundo que conducirnos hasta el miércoles, y ponernos de nuevo a la espera de un nuevo fin de semana que nada ha de aportarnos, pero que mirado desde el dolor de la esclavitud de entre semana se nos antoja promisorio y dichoso.”

“Aráoz cierra los ojos con fuerza, más por desesperación que porque tenga confianza en que dé resultado. Es un experto en no dormir, y por eso sabe al dedillo que poniéndose rígido y contrayendo los músculos lo único que va a lograr será espantar el poco sueño que le queda. El insomnio de esta noche es diferente al de la víspera. Éste pertenece a la categoría «madrugada en blanco»: uno de los peores. Aráoz conoce otro aún más funesto: el del tipo «no pegué un ojo en toda la noche». Ese, lógicamente, es el peor de todos, y lo padece con frecuencia. Pero el «madrugada en blanco», que es el de hoy, es de todos modos detestable y cruel. Lo ataca en noches que comienzan plácidas. Noches que prometen, falsamente, descanso. Esas noches en las que a Aráoz la vida se le antoja posible porque los párpados empiezan a cerrársele y los renglones a confundírsele mientras todavía sostiene un libro sobre el pecho, y basta con sacar un brazo perezoso de entre las sábanas y apagar el velador y abandonarse al sueño con la convicción de que uno despertará ocho o nueve horas después sintiendo que le han quitado unos cuantos años de la espalda. Cierto que desde hace mucho tiempo no tiene una noche de esas. Pero por lo menos algo que se le parezca. Seis. Siete horas de corrido.”

“Los hijos de puta no saben que son hijos de puta. Mejor dicho: se creen que no. Que son buena gente. O gente común, por lo menos. El hijo de puta tiene siempre cincuenta razones que lo justifican. Cincuenta motivos que lo cubren, que lo escudan, que lo limpian. Vas a ver. Preguntale. A Manzi o a cualquier otro hijo de puta. Te van a decir que no. Que ellos no son malos. Que los hijos de puta son los otros. Los que los consideran hijos de puta. Para Manzi los hijos de puta somos nosotros, Fontana. Ni siquiera. Para pensar que somos hijos de puta tendría que saber que existimos, Fontanita. Y ni siquiera sabe.”

“Nunca falta algún odioso que me calcule cuarenta. Supongo que mi modo de vestir tampoco me ayuda, justo es reconocerlo. Pero no puedo evitarlo: los jeans y las zapatillas me producen un rechazo insuperable. No en otros, cuidado. En el resto de la gente los acepto como totalmente naturales. Pero en mí me suenan impostados, se me hacen parte de un incompleto disfraz de payaso triste. Las poquísimas veces que intenté vestirlos sufrí como loco: sentía que en cualquier momento alguien terminaría por echarse a reír, señalándome con el dedo, invitando a los demás a sumarse a su carcajada.”

“Y queda en mí el mandato inexorable que dictan las fidelidades eternas. Cuando Independiente gana un campeonato —al fin y al cabo, Dios y sus milagros evidentemente existen— lo primero que hago, en la cancha o en mi casa, es levantar los brazos y los ojos hacia el cielo, abrazándolo a mi viejo a través de todos los rigores del destino, y por encima de todas las traiciones de la muerte.”

“El año que viene, el hijo volverá a ilusionarse en cuanto ganen dos partidos seguidos. Y el padre volverá a ilusionarse con la alegría de él, con su indómita e infundada esperanza. Que vivir no es otra cosa que eso: esperanzarse al pedo. Y envejecer, piensa el padre mientras sigue rascando la espalda de ese hijo dormido, se puede envejecer de dos modos: perdiendo las esperanzas, o cambiando unas esperanzas por otras. Y mientras se aleja sin hacer ruido, y vuelve a su propia cama, y su mujer se acomoda un poco para hacerle sitio, el padre piensa qué lindo que es el fútbol, que siempre, pero siempre, te sigue enseñando cosas.”

“Chaparro se prometera que aquela mulher não iria enlouquecê-lo de novo, porque ele estava bem assim, e porque não precisava de uma nova e brutal desilusão, de uma nova insônia, de um novo vazio no estomâgo. Foi por isso que lhe disse “como vai, doutora?, quanto tempo”, embora notasse que ela ficava meio sem graça, porque vinha adiantando a face para dar um beijo nele e se atrapalhava como se atrapalha alguém que vem nos tratar por você e topa com uma parede de quatro metros, sem fissuras, à qual convém responder “bem, e o senhor?, é verdade, quanto tempo”. E por isso, porque a situação o aborreceu, angustiou ou entristeceu — ou lhe produziu todos esses sentimentos —, Chaparro balbuciou a desculpa de que havia deixado um monte de trabalho inacabado sobre sua escrivaninha e saiu disparado. Retirou-se em velocidade suficiente para escapar ao perfume que ela sempre usara, mas não para ficar a salvo de escutar as corriqueiras respostas às corriqueiras perguntas de como vai sua família, Irene, bem, graças a Deus as meninas bem, seu marido, meu marido bem, trabalhando muito e de saúde muito bem; raios partam também a ele, o desgraçado filho de mil putas, com perdão da palavra porque o estúpido não tem culpa de ter se casado com ela mas dá no mesmo, com que direito ela fez isso a ele, que estava tão bem sozinho ou efemeramente acompanhado.”

“Não entra na Secretaria nº 19 para cumprimentar ninguém. Já não é por medo de que percebam o amor que lhe queima as entranhas. É porque pela primeira vez sabe que hoje, sim, sem falta e sem demora, tem que ir bater diretamente na porta do gabinete; escutar a voz dela dizendo-lhe que entre; se plantar como um homem diante da mulher a quem ama; ignorar a pergunta trivial que ouvirá de seus lábios quando ela o receber sorrindo; pagar, ou cobrar, a dívida que tem pendente e que é o único motivo válido que ele encontra para continuar vivendo. Porque Chaparro precisa encarar essa mulher, de uma vez e para sempre, e responder ao segredo dos seus olhos.”