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Camilo José Cela Quotes

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Famous Camilo José Cela Quotes

“-A pesar de nuestros pobres esfuerzos, el limbo debe estar lleno de chinos, ¿no cree usted? -Ya, ¡ya! -Y los pequeñines, mujer, los que no saben andar, que estarán siempre parados como gusanines en el mismo sitio? -Verdaderamente. -Muchas gracias tenemos que dar a Dios por haber nacido españolas. Si hubiéramos nacido en China, a lo mejor nuestros hijos se iban al limbo sin remisión. ¡Tener hijos para eso! ¡Con lo que una sufre para tenerlos y con la guerra que dan de chicos! ¡Pobres hijas, qué ajenas están del peligro que corrieron! Menos mal que nacieron en España, ¡pero mire usted si llegan a nacer en China!”

“At about eight-thirty or nine the friends make a halt, already in sight of Moranchel. Moranchel is on the left of the Cifuentes road, at some two hundred paces from the highway. It is a gloomy, dark town that seems to have no business being surrounded by green fields. The old man sits down in the ditch and the traveler lies on his back and looks up at some little clouds, graceful as doves, which are floating in the sky. A stork flies past, not very high, with a snake in its beak. Some partridge fly up from a bed of thyme. An adolescent goatherd and a member of his flock are sinning one of the oldest of sins in the shade of a hawthorn tree blooming with tiny sweet-smelling flowers, white as orange blossoms. ― Camilo José Cela, Journey to the Alcarria: Travels Through the Spanish Countryside”

“Perhaps there is to be found in Pastrana the key to something which happens in Spain more frequently than is necessary. Past splendor overwhelms and in the end exhausts the people's will; and without force of will, as can be seen in so many cases, by being exclusively occupied with the contemplation of the glories of the past, they leave current problems unsolved. When the belly is empty and the mind filled with golden memories, the golden memories continually retreat and at last, though no one goes so far as to admit it, there is even doubt whether they ever existed and there is nothing left of them but a benevolent and useless cultural residue.”

“Inwardly - nobody knows why - the passengers on one train always envy slightly the passengers on another train; it is something that's true but a little difficult to explain. Maybe it's because, even though they don't realize it very clearly, a third-class passenger would always be glad to change places with another, even if the other were third-class too. ― Camilo José Cela, Journey to the Alcarria: Travels Through the Spanish Countryside”

“El solar de los viejos y las viejas de después de comer, que vienen a alimentarse al sol, como los lagartos, es, desde la hora en que los niños y los matrimonios cincuentones se acuestan y se ponen a soñar, un paraíso directo donde no caben evasiones ni subterfugios, donde todo el mundo sabe a lo que va, donde se ama noblemente, casi con dureza, sobre el suelo tierno, en que quedan, ¡todavía!, las rayitas que dibujó la niña que se pasó la mañana saltando a la pata coja.”

“La idea de la muerte llega siempre con paso de lobo, con andares de culebra, como todas las peores imaginaciones. Nunca de repente llegan las ideas que nos trastornan; lo repentino ahoga unos momentos, pero nos deja, al marchar, largos años de vida por delante. Los pensamientos que nos enloquecen con la peor de las locuras, la de la tristeza, siempre llegan poco a poco y como sin sentir, como sin sentir invade la niebla los campos, o la tisis los pechos. Avanza, fatal, incansable, pero lenta, despaciosa, regular como el pulso. Hoy no la notamos; a lo mejor mañana tampoco, ni pasado mañana, ni en un mes entero. Pero pasa ese mes y empezamos a sentir amarga la comida, como doloroso el recordar, ya estamos picados. Al correr de los días y las noches nos vamos volviendo huraños, solitarios; en nuestra cabeza se cuecen las ideas, las ideas que han de ocasionar el que nos corten la cabeza donde se cocieron, quién sabe si para que no siga trabajando tan atrozmente. Pasamos a lo mejor hasta semanas enteras sin variar; los que nos rodean se acostumbraron ya a nuestra adustez y ya ni extrañan siquiera nuestro extraño ser. Pero un día el mal crece, como los árboles, y engorda, y ya no saludamos a la gente; y vuelven a sentirnos como raros y como enamorados. Vamos enflaqueciendo, enflaqueciendo, y nuestra barba hirsuta es cada vez más lacia. Empezamos a sentir el odio que nos mata; ya no aguantamos el mirar; nos duele la conciencia, pero ¡no importa!, ¡más vale que duela! Nos escuecen los ojos, que se llenan de agua venenosa cuando miramos fuerte. El enemigo nota nuestro anhelo, pero está confiado; el instinto no miente. (...) Cuando huimos como las corzas, cuando el oído sobresalta nuestros sueños, estamos ya minados por el mal; ya no hay solución, ya no hay arreglo posible. Empezamos a caer, vertiginosamente ya, para no volvernos a levantar de vida. Quizás para levantarnos un poco a última hora, antes de caer de cabeza hasta el infierno... Mala cosa.”