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Ofelia Huamanchumo de la Cuba Quotes

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Famous Ofelia Huamanchumo de la Cuba Quotes

“Sucedió en un barrio peculiar de la babilónica Lima, donde reinaban en aquellos años unas pestilencias soportables. Y es que con frecuencia los trabajadores municipales estaban de huelga por semanas. Sucedía entonces que en las madrugadas ciertos vecinos, o quizás alguno de los mismos vendedores ambulantes de la avenida que cruzaba el barrio ---alguien vio una vez al emolientero---, en una especie de rituales casi mágicos, rociaban con kerosene y les echaban fuego a los cerros de basura acumulada en las veredas. Así se evitaba la propagación de enfermedades y de roedores, decían. Pero lo que querían aminalar esos individuos eran aquellos violentos aires nauseabundos que avanzaban sin freno por las pistas y calzadas de todo el distrito, mejor y más rápido que cualquier refinado palito de incienso de sándalo en un cuarto cerrado o que un trozo regular de palo de rosa en una capillita de provincia" (De: "Cuando algo huele mal").”

“Y aunque los adultos recobramos el Habla y alcanzamos la Inmortalidad, nunca más hubo Gallo Nono que cantara ni Ave que trinara ni Niño que tarareara. Los niños no cantaron más porque no hubo más niños desde entonces. Y se hizo un Silencio Musical iInfinito. Y no salió nunca más el Sol. Y desde entonces fuimos solos, Adultos, a oscuras. Sin aves y sin niños todo se redujo a contar, repitiéndola una y otra vez como historia sin fin, esta leyenda de cuando aquello sucedió. Aquello que sucedió en los tiempos de entre la espada y la pared, cuando las alternativas de supervivencia eran mínimas y una única, la última opción...”

“Cuando lancé una última mirada al interior de la habitación, antes de cerrar muy sigilosa la puerta, vi que el Padre José regresaba a sentarse en su escritorio y ya tenía un rosario entre sus gruesas manos blancas que habían empezado a temblar como flores de cementerio. Al cerrar del todo la puerta, ya afuera, miré hacia todos lados y un inusitado ventarrón a esas horas del mediodía estremeció los arbustos del bien cuidado jardín. Fijando mi mirada en las espinas de uno de los rosales intenté controlar la excitación que ese encuentro había producido en mí, no solo por el convencimiento de mi inclinación hacia la persona del Padre José, sino porque me quedé más sedienta de libros que nunca. Con una sed por poseer ese Manuscrito de Ilabaya que parecía tener muchas caras. A partir de entonces incluso, y efectivamente, la del mismo Dios del pecado carnal, el Demonio".”

“Mi amigo sabía muy bien que yo nunca había tenido una mascota en casa, que mi madre no aceptaba ni moscas bajo su mismo techo, que mi hermana era alérgica a los gatos, que mi hermano estaba en contra del cautiverio de animales salvajes, que mi padre se opondría de manera contundente sin mayor motivo, etc., sin embargo, se arriesgó a encargarme su bicho, porque se acordaría tal vez de cuando hojeábamos juntos en las tardes de nuestra niñez una y otra vez todos mis libros de 'La vida de los animales' de Espasa Calpe. O simplemente se atrevió porque el amigo de la infancia es ese al que no podríamos negarle ningún favor y, aunque no lo viéramos varios años, bastaría con reencontrarlo de casualidad en la calle para tener la sensación de que el día anterior fue la última vez que lo vimos".”