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Tomás González Biography

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“Milena, sin poderlo evitar, casi sin darse cuenta, con el paso no de los años sino de los meses, empezó a despreciarlo. Le chocaba la forma como se vestía, la calidad y la cantidad de agua de colonia que se ponía, lo duro que hablaba, muchos detalles, en fin, que la iban a mantener en estado de ligera pero constante irritación y harían que hasta sus cualidades se volvieran defectos. Sus ojos grandes le producían una aversiónparecida a la que sentía por los relojazos brillantes que alguna vez a Don Saúl le había dado por usar.”

“Esta es la última vez que vengo donde el médico de los ojos. Es la última vez que como mazorcas asadas y me siento bajo el sol en el Parque Nacional. Muchas cosas verán la luz siempre en mi corazón: este parque; el Central Park; el Jardín Botánico de Brooklyn; as esculturas de Rodin del Museo de Brooklyn; el mar de Coney Island; la luz de La Guajira; la luz de Islamorada, en Los Cayos; la luz del Medellín de mi infancia; los cerros orientales de Bogotá; el mar de El Farito, en Miami, cuando el huracán aún no le había arrancado los bellísimos pinos australianos que allí había; los cormoranes que se posaban en esos pinos; la sonrisa de Sara; la sonrisa de Venus y de los hijos de Venus; los bancos de peces verdes del East River; los ojos brillantes, inteligentísimos, de Jacobo; la voz musical de James; Debrah toda (es pequeña); los tatuajes de Pablo, nuestro hombrón ilustrado, que es estable como una roca; y los dedos largos de Arturo, tan parecidos a los míos. Todo eso, con todo detalle, aquí conmigo.”

“Sara era por completo autónoma y de modo de ser estable. Su fortaleza no dependía de que la admiraran o aplaudieran. Le venía de las neuronas mismas, de los genes, de una infancia sin sombras - a pesar de la horripilante violencia política que le tocó presenciar en su ciudad durante la niñez- y del amor y afecto incondicional que tuvo la buena suerte de recibir desde siempre y supo desde siempre ofrecerles a quienes quería... y esto está tomando tono de obituario”

“Mis juicios son la baba que dejan esos animalitos que caminan por las hojas de los naranjos: suciedad que se juzga; es como los negros esclavos que, cuando riñen, se insultan llamándose negros. Así, le estoy arrojando a (Mariano) Ospina la mierda de este mierdero en que estamos hundidos. ¿Soy algo para insultar a la nada?”