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Quote by Beca Aberdeen

“No hay mayor estupidez que volverse loco analizando los posibles sentimientos ocultos de otra persona cuando lo que cuenta son sus acciones.”

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Beca Aberdeen

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“—¿Por qué está mal robar? —Es cuestión de cómo se defina —dijo Julius. —¿Qué quiere usted decir? —Es una tautología. «Robar» es un concepto con un sentido peyorativo inevitable. Así, decir que robar está mal es sencillamente como decir que está mal lo que está mal. No es una afirmación significativa. Es una vaciedad. —Pero, en resumidas cuentas, ¿quiere usted decir que está mal? —No me ha comprendido usted —dijo Julius—. Observaciones como ésa no son en absoluto declaraciones y no pueden ser ciertas ni falsas. Son más bien como gritos o súplicas. Puede usted decir: «No robe, por favor» si quiere, siempre que se dé cuenta que nada hay detrás de esas palabras. Todo ello sólo son convencionalismos y sentimientos.”

“También estaba descontento por otra cosa: yo traté una vez más de convencerlo de que dejase de ir a las Cataratas. Eso fue porque el fuego me había revelado una pasión nueva, totalmente nueva, y claramente distinta del amor, de la pena y de esas otras que ya había descubierto: el miedo. ¡Es horrible! Ojalá nunca la hubiese descubierto. Me da malos momentos, arruina mi felicidad, me hace estremecer y temblar y sobresaltarme. Pero no pude persuadirlo, porque él no ha descubierto el miedo aún, y por eso no puede comprenderme.”

“—¿Somos siempre dueños de no contrariar? Soy mujer por propia elección, Álvaro, pero mujer al fin, expuesta a sentir todo género de impresiones; no soy de mármol. He escogido entre las zonas la materia elemental que compone mi cuerpo: es muy susceptible; si no lo fuese, carecería de sensibilidad, no me harías sentir nada y me volvería insípida para ti. Perdóname por haber corrido el riesgo de tomar todas las imperfecciones de mi sexo para reunir, si podía, todas sus gracias; pero la locura ya está hecha y, constituida como lo estoy ahora, mis sensaciones son de una vivacidad a la que nada se acerca: mi imaginación es un volcán. Tengo, en una palabra, pasiones de una violencia tal que debería asustarte, si no fueses el objeto de la más arrebatada de todas y si no conociésemos mejor los principios y efectos de esos impulsos naturales de lo que se los conoce en Salamanca. Allí les dan nombres odiosos; hablan, por lo menos, de reprimirlos. ¡Reprimir una llama celeste, resorte único mediante el cual el alma y el cuerpo pueden actuar recíprocamente uno sobre otro y forzarse a colaborar en el mantenimiento necesario de su unión! ¡Es una completa idiotez, mi querido Álvaro! Debemos controlar esos impulsos, pero de cuando en cuando debemos ceder ante ellos; si los contrariamos, si los sublevamos, escapan todos a la vez y la razón no sabe ya dónde sentarse para gobernar. Cuida de mí en estos momentos, Álvaro; no tengo más que seis meses, estoy entusiasmada con todo lo que siento; piensa que una de tus negativas, una palabra que me digas desconsideradamente, indignan al amor, rebelan al orgullo, despiertan el desprecio, la desconfianza, el temor.”