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Quote by Philip K. Dick

“Porém, ainda ficava muito do autêntico Brose, pois o cérebro não era artificial; não existia tal coisa; manufaturar um cérebro artificial ― fazer tal coisa quando ainda existia a firme Arti-Gan Corporation, de Phoenix, bem antes da guerra ― seria entrar no que Adams gostava de chamar em pensamento «um autêntico caso de simulação»… que era o termo que utilizava para aquilo que considerava como sendo a mais elevada e mais nova entidade aparecida no panorama da Natureza, com as suas já tão multiformes decorrências: o universo dos autênticos embustes. E esse universo, pensava ele ainda, em que se pensava poder entrar pela porta de ENTRADA, atravessar e depois sair pela porta de SAÍDA, em, digamos grosseiramente, dois minutos… esse universo, tal como os cenários nos estúdios moscovitas de Eisenbludt, era interminável, sala atrás de sala; a porta de SAÍDA de uma era apenas a porta de entrada da seguinte.”

Quote by Philip K. Dick

Work

The Penultimate Truth

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Author

Philip K. Dick
Philip K. Dick

Philip K. Dick was an American science fiction novelist known for his unique philosophical thinking and profound futuristic imagination. His works often explore the boundaries between individuals and society, reality and illusion, and have had a profound impact on science fiction literature. more

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“Creo que lo irresponsable es pintarse los labios de rojo o ponerse tacones sin saber qué efectos puede producir en los machos de alrededor, pues aunque la mayoría pueden ser civilizados y pueden reprimir el impulso, siempre cabe la posibilidad de que te cruces con un macho impulsivo demasiado conectado con su naturaleza (Antonio Rubio).”

“Estamos frente a un nuevo tipo de capitalismo caliente, psicotrópico y punk. Estas trasformaciones recientes apuntan hacia la articulación de un conjunto de nuevos dispositivos microprostéticos de control de la subjetividad con nuevas plataformas técnicas biomoleculares y mediáticas. La nueva «economía-mundo» no funciona sin el despliegue simultáneo e interconectado de la producción de cientos de toneladas de esteroides sintéticos, sin la difusión global de imágenes pornográficas, sin la elaboración de nuevas variedades psicotrópicas sintéticas legales e ilegales (Lexomil, Special K, Viagra, speed, cristal, Prozac, éxtasis, popper, heroína, Omeoprazol, etc.), sin la extensión a la totalidad del planeta de una forma de arquitectura urbana difusa en la que megaciudades miseria se codean con nudos de alta concentración de capital, sin el tratamiento informático de signos y de transmisión numérica de comunicación. Estos son solo algunos de los índices de aparición de un régimen postindustrial, global y mediático que llamaré a partir de ahora, tomando como referencia los procesos de gobierno biomolecular (fármaco-) y semiótico-técnico (-porno) de la subjetividad sexual, de los que la pildora y Playboy son paradigmáticos, «farmacopornográfico». Si bien sus líneas de fuerzas hunden sus raíces en la sociedad científica y colonial del siglo XIX, sus vectores económicos no se harán visibles hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, ocultos en principio bajo la apariencia de la economía fordista y quedando expuestos únicamente tras el progresivo desmoronamiento de esta en los años setenta. Durante el siglo XX, período en el que se lleva a cabo la materialización farmacopornográfica, la psicología, la sexología, la endocrinología han establecido su autoridad material transformando los conceptos de psiquismo, de libido, de conciencia, de feminidad y masculinidad, de heterosexualidad y homosexualidad en realidades tangibles, en sustancias químicas, en moléculas comercializables, en cuerpos, en biotipos humanos, en bienes de intercambio gestionables por las multinacionales farmacéuticas. Si la ciencia ha alcanzado el lugar hegemónico que ocupa como discurso y como práctica en nuestra cultura, es precisamente gracias a lo que Ian Hacking, Steve Woolgar y Bruno Latour llaman su «autoridad material», es decir, su capacidad para inventar y producir artefactos vivos. Por eso la ciencia es la nueva religión de la modernidad. Porque tiene la capacidad de crear, y no simplemente de describir, la realidad. El éxito de la tecnociencia contemporánea es transformar nuestra depresión en Prozac, nuestra masculinidad en testosterona, nuestra erección en Viagra, nuestra fertilidad/ esterilidad en püdora, nuestro sida en triterapia. Sin que sea posible saber quién viene antes, si la depresión o el Prozac, si el Viagra o la erección, si la testosterona o la masculinidad, si la píldora o la maternidad, si la triterapia o el sida. Esta producción en auto-feedback es la propia del poder farmacopornográfico.”