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Quote by Jaachynma N.E. Agu

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The Prince and the Pauper

This classic tale follows the intertwining destinies of a prince and a pauper who are raised as identical twins, leading to a series of unexpected events that challenge societal norms and reveal the complexities of human nature. more

Author

Jaachynma N.E. Agu

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“A menudo leemos las normas de género como algo dado, previo al funcionamiento del sistema socioeconómico, con lo que no entendemos el proceso performativo de imposición y recreación de la normalidad hegemónica. Así, no vemos las ocasiones en las que la norma se rompe, ni nos preguntamos cómo esto es castigado. Pero si no entendemos cómo se reconstruye la norma, no entendemos las resistencias y rupturas; si no entendemos las resistencias, difícilmente podremos impulsarlas.”

“¿Por qué es tan importante el género en nuestra sociedad? A nivel social, el género es una forma muy efectiva de clasificación de las personas que permite estructurar áreas tan importantes como la división del trabajo, la familia, los cuidados o la reproducción. Por ello hay potentes factores económicos y políticos que contribuyen a mantener esta estructura binaria y desigual. Es un elemento que da mucha estabilidad a las relaciones sociales, haciéndolas más previsibles.”

“Las personas somos mucho más complejas que lo que puedan reflejar categorías como «hombre», «mujer», «lesbiana», «intersex», «bisexual», «gay»... Lo que pasa es que a nosotr@s mism@s nos da miedo nuestra propia complejidad, y nos da seguridad poder aferramos a categorías sociales que nos den estabilidad, que ordenen nuestra experiencia, que nos permitan ser reconocid@s por los demás...”

“El género, tal y como está regulado actualmente, no solo perjudica a las mujeres o a los grupos excluidos, sino que nos perjudica a todos y cada un@ de nosotr@s. Porque la obligatoriedad de ceñirnos a los modelos masculino o femenino limita nuestra singularidad y complejidad como individuos únicos. Porque escinde nuestra forma de ser, limitando nuestras características a las asignadas a hombres o a mujeres. Porque limita nuestro deseo, que sin las presiones sociales se podría expandir reconociendo como deseables a personas al margen de si son mujeres u hombres. Porque naturalizar nuestra identidad y nuestro deseo no nos permite responsabilizarnos, cambiar nuestra forma de ser ni repensar las relaciones que mantenemos con los demás.”

“Además, en otras culturas y momentos históricos las diferencias de género se construyen de formas diversas. Algunas culturas indígenas reconocen la existencia de un tercer género que agrupa a personas que comparten características masculinas y femeninas o que directamente no son clasificables dentro de las categorías mujer/hombre. Los indios norteamericanos reconocían la figura de las personas «dos espíritus», que con su forma de vestir y en sus roles mezclaban caracteres femeninos y masculinos. Los «dos espíritus» solían tener un papel social reconocido como sanadores, transmisores de la tradición o personas con capacidad de predecir el futuro.”

“Nuestra sociedad es sexista porque en función de nuestras características sexuales se nos clasifica como hombres o mujeres, como si fueran dos categorías fijas, claramente delimitadas y centrales en la definición de la persona. Cuando el médico anuncia «es una niña» (o «es un niño») se pone en marcha el dispositivo cultural del género. Por lo tanto, antes de nacer, la persona ya está marcada por la cultura: la ropa y las expectativas que la vestirán, el significado de cada parte de su cuerpo, las presiones para controlar su comportamiento… serán en femenino o en masculino. El entorno social, y muy especialmente madres y padres, reproducen esta atribución inicial de género a través de los juguetes que nos compran, la ropa que nos ponen, la forma de tratarnos… Incluso su reacción ante los llantos de niños y niñas varía, reforzando así las supuestas diferencias innatas.”

“El problema no radica solamente en que mujeres y hombres seamos construidos como distintos sino que estemos ubicados en una estructura desigual en la cual lo masculino está mejor valorado socialmente. La desigualdad la podemos encontrar en todos los ámbitos de la vida. Aquí nos centraremos en el poder, el trabajo, el espacio físico y el sexo. ... en el poder: Los lugares de mayor responsabilidad de las instituciones sociales más poderosas (gobiernos, organizaciones patronales, sindicatos, bancos, partidos políticos...) están ocupados por hombres, salvo algunas excepciones y que tendemos leeeentamente hacia una mayor paridad. … en el trabajo: La llamada división sexual del trabajo supone que las tareas, los niveles de responsabilidad, el reconocimiento y la retribución están distribuidos de forma desigual entre hombres y mujeres. Los hombres adultos tienen una posición privilegiada en el mercado laboral: obtienen mejores puestos de trabajo, mejores horarios y mayores ingresos, mientras que las mujeres cobran menos por los mismos trabajos y están sobrerrepresentadas en los trabajos peor valorados. … en el espacio: Los hombres tienen tendencia a ocupar el espacio, a andar decididos, a actuar como si el espacio les perteneciera, mientras que las mujeres suelen ir por el mundo pendientes de los demás, de no molestar, de no tropezar, de no ocupar demasiado espacio, con miedo a ir solas por determinados lugares… … en el sexo: A la mujer se le atribuye una posición de objeto entregado al deseo masculino. La pasividad en la relación sexual, asociada a la feminidad, está connotada negativamente en nuestra cultura: expresiones como «dar por el culo» o «follarse a alguien» se utilizan para degradar o humillar a alguien.”