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Roles De Género Quotes

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Roles De Género Quotes

“A lo largo de nuestra trayectoria vital, y muy especialmente durante nuestra infancia, se establecen nuestras identificaciones y se moldea nuestro deseo. La identidad de género es el efecto de esta construcción social y se traduce en una sensación íntima de SER hombres o mujeres. Nos aferramos a estas categorías de género porque nos permiten ser reconocidos socialmente y construir una identidad. Un ejemplo de este proceso lo encontramos en las presiones sociales que recibimos desde pequeñ@s para adaptarnos al género que se nos atribuye socialmente. Los castigos sociales se activan cuando no cumplimos las expectativas.”

“Además, en otras culturas y momentos históricos las diferencias de género se construyen de formas diversas. Algunas culturas indígenas reconocen la existencia de un tercer género que agrupa a personas que comparten características masculinas y femeninas o que directamente no son clasificables dentro de las categorías mujer/hombre. Los indios norteamericanos reconocían la figura de las personas «dos espíritus», que con su forma de vestir y en sus roles mezclaban caracteres femeninos y masculinos. Los «dos espíritus» solían tener un papel social reconocido como sanadores, transmisores de la tradición o personas con capacidad de predecir el futuro.”

“Nuestra sociedad es sexista porque en función de nuestras características sexuales se nos clasifica como hombres o mujeres, como si fueran dos categorías fijas, claramente delimitadas y centrales en la definición de la persona. Cuando el médico anuncia «es una niña» (o «es un niño») se pone en marcha el dispositivo cultural del género. Por lo tanto, antes de nacer, la persona ya está marcada por la cultura: la ropa y las expectativas que la vestirán, el significado de cada parte de su cuerpo, las presiones para controlar su comportamiento… serán en femenino o en masculino. El entorno social, y muy especialmente madres y padres, reproducen esta atribución inicial de género a través de los juguetes que nos compran, la ropa que nos ponen, la forma de tratarnos… Incluso su reacción ante los llantos de niños y niñas varía, reforzando así las supuestas diferencias innatas.”

“El problema no radica solamente en que mujeres y hombres seamos construidos como distintos sino que estemos ubicados en una estructura desigual en la cual lo masculino está mejor valorado socialmente. La desigualdad la podemos encontrar en todos los ámbitos de la vida. Aquí nos centraremos en el poder, el trabajo, el espacio físico y el sexo. ... en el poder: Los lugares de mayor responsabilidad de las instituciones sociales más poderosas (gobiernos, organizaciones patronales, sindicatos, bancos, partidos políticos...) están ocupados por hombres, salvo algunas excepciones y que tendemos leeeentamente hacia una mayor paridad. … en el trabajo: La llamada división sexual del trabajo supone que las tareas, los niveles de responsabilidad, el reconocimiento y la retribución están distribuidos de forma desigual entre hombres y mujeres. Los hombres adultos tienen una posición privilegiada en el mercado laboral: obtienen mejores puestos de trabajo, mejores horarios y mayores ingresos, mientras que las mujeres cobran menos por los mismos trabajos y están sobrerrepresentadas en los trabajos peor valorados. … en el espacio: Los hombres tienen tendencia a ocupar el espacio, a andar decididos, a actuar como si el espacio les perteneciera, mientras que las mujeres suelen ir por el mundo pendientes de los demás, de no molestar, de no tropezar, de no ocupar demasiado espacio, con miedo a ir solas por determinados lugares… … en el sexo: A la mujer se le atribuye una posición de objeto entregado al deseo masculino. La pasividad en la relación sexual, asociada a la feminidad, está connotada negativamente en nuestra cultura: expresiones como «dar por el culo» o «follarse a alguien» se utilizan para degradar o humillar a alguien.”

“Las personas tenemos margen de actuación, contamos con la posibilidad de romper con lo que se espera de nosotras, pero estamos muy condicionadas por nuestras identificaciones, por nuestros aprendizajes, por la necesidad de ser aceptadas socialmente, por el miedo a los castigos… Ello conduce a que tod@s reproduzcamos las diferencias y desigualdades entre mujeres y hombres más de lo que estamos dispuestas a reconocer. Estas diferencias y desigualdades socialmente construidas contienen el germen de la incomunicación entre mujeres y hombres y de la llamada violencia de género. Las agresiones y asesinatos de mujeres por parte de sus parejas o exparejas se pueden considerar el resultado de llevar al extremo la dinámica habitual de las relaciones entre hombres y mujeres: creer que el hombre es quien tiene el poder, que es el amo de su pareja, que la mujer tiene que adaptarse a sus necesidades y deseos...”