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Quote by JI Packer, Conociendo a Dios

“La pregunta se relaciona con nuestros propios motivos e intenciones al encarar el estudio. Necesitamos preguntamos: ¿Cuál es mi meta Última, mi propósito, al dedicarme a pensar en estas cosas? ¿Qué es 10 que pienso hacer con mi conocimiento acerca de Dios, una vez que lo haya adquirido?" pág. 7”

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JI Packer, Conociendo a Dios

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“Durante aquellos años de privaciones y sufrimientos, había aprendido muchas cosas que podían ser de ayuda en las vidas de otros. Porque la vida de cualquier hombre tiene su parte de sufrimiento; todos hemos rozado alguna vez la desesperación y nos hemos preguntado por qué Dios permite que el mal se abata sobre nosotros o sobre los que amamos. En los campos y en las cárceles vi a mi alrededor mucho sufrimiento; yo mismo estuve a punto de sucumbir a la desesperación y, en las horas más oscuras, aprendí a acudir a Dios en busca de consuelo y a confiar solo en Él.”

“Durante esos largos de años de soledad y sufrimiento, Dios me condujo a una comprensión de la vida y de su amor que solo quienes la han experimentado son capaces de entender. Me despojó de muchos de los consuelos externos, físicos y religiosos, en los que se apoya el hombre y me dejó como única guía un núcleo esencial de verdades aparentemente simples.”

“Tendemos demasiado fácilmente a asociar nuestra satisfacción con un sentimiento de bienestar, a buscarla únicamente en nuestra comodidad. Perdemos de vista que, por debajo y detrás de todo eso, está Dios, que nos mantiene y sostiene. Dios permite que nuestro mundo se trastoque para recordarnos que no es nuestra morada permanente ni nuestro destino final y trabajemos por nuestro destino eterno y nuestra salvación.”

“Quizá Dios tenga que recordarnos con tremenda claridad que eso es exactamente lo que quería decirnos con esas palabras aparentemente tan simples del Sermón de la Montaña: «No estéis preocupados por vuestra vida: qué vais a comer; o por vuestro cuerpo: con qué os vais a vestir. Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se os añadirán».”

“Experimenté lo que ya había escuchado de algunos directores espirituales o leído en algunos libros, pero nunca había entendido plenamente: que la voluntad de Dios se puede discernir por los frutos espirituales que trae consigo; que la paz del alma y la alegría del corazón son dos de esas señales, siempre que surjan de un total compromiso, de una plena y exclusiva apertura a Dios, y no residan en los propios deseos. Que la validez de una llamada –bien sea la llamada a una vocación, bien a algún nuevo comienzo dentro de esa vocación– puede probarse por los movimientos del alma que la acompañan. Que los movimientos de la gracia de Dios deben ser siempre aceptados y entendidos a través de la vida de fe, porque, en definitiva, la verdad de toda acción misteriosa de la gracia se distingue a la luz de la fe, y no por la fuerza de la razón o el intelecto.”

“Aprender la plena verdad de nuestra dependencia de Dios y de nuestra relación con su voluntad: en eso consiste la virtud de la humildad. Porque la humildad es la verdad, la verdad plena, la verdad que abarca nuestras relaciones con Dios Creador y, a través de Él, con el mundo que ha creado y con nuestros semejantes. Y lo que llamamos humillaciones son las pruebas con las que se mide si hemos entendido plenamente esa verdad. El que se humilla es el yo: no habría «humillación» si aprendiéramos a poner el yo en su preciso lugar, a vernos con la perspectiva adecuada ante Dios y ante el resto de los hombres. Y, cuanto más abundante es esa dosis de yo en nuestras vidas, más severas son nuestras humillaciones con el fin de purificarnos.”