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Calvino Quotes

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Calvino Quotes

“…Marco’s answers and objections took their place in a discourse already proceeding on its own, in the Great Khan’s head. That is to say, between the two of them it did not matter whether questions and solutions were uttered aloud or whether each of the two went on pondering in silence. In fact, they were silent, their eyes half-closed, reclining on cushions, swaying in hammocks, smoking long amber pipes. Marco Polo imagined answering (or Kublai Khan imagined his answer) that the more one was lost in unfamiliar quarters of distant cities, the more one understood the other cities he had crossed to arrive there…”

“If the ancients had been able to see it as I see it now, Mr. Palomar thinks, they would have thought they had projected their gaze into the heaven of Plato's ideas, or in the immaterial space of the postulates of Euclid; but instead, thanks to some misdirection or other, this sight has been granted to me, who fear it is too beautiful to be true, too gratifying to my imaginary universe to belong to the real world. But perhaps it is this same distrust of our senses that prevents us from feeling comfortable in the universe. Perhaps the first rule I must impose on myself is this: stick to what I see.”

“Era l' alba quando disse. -Sire, ormai ti ho parlato di tutte le città che conosco. - Ne resta una di cui non parli mai. Marco Polo chinò il capo. - Venezia, - disse il Kan. Marco sorrise. -E di che altro credevi che ti parlassi? L' imperatore non battè ciglio. - Eppure non ti ho mai sentito fare il suo nome. E Polo: - Ogni volta che descrivo una città dico qualcosa di Venezia. - Quando ti chiedo d' altre città, voglio sentirti dire di quelle. E di Venezia, quando ti chiedo di Venezia. - Per distinguere le qualità delle altre, devo partire da una prima città che resta implicita. Per me è Venezia. - Dovresti allora incominciare ogni racconto dei tuoi viaggi dalla partenza, descrivendo Venezia così com'è, tutta quanta, senza omettere nulla di ciò che ricordi di lei. L' acqua del lago era appena increspata; il riflesso di rame dell' antica reggia dei Sung si frantumava in riverberi scintillanti come foglie che galleggiano. - Le immagini della memoria, una volta fissate con le parole, si cancellano, - disse Polo - Forse Venezia ho paura di perderla tutta in una volta, se ne parlo. O forse parlando d' altre città, l'ho già perduta a poco a poco.”

“«Es verdad que nadie llega jamás a adquirir un claro conocimiento de sí mismo si no ha contemplado el rostro de Dios y no se ha percatado de cómo Dios lo ve. El orgullo, que está arraigado en nosotros, nos conduce a considerarnos justos y honestos, sabios y santos, hasta que hayamos sido convencidos por los irrefutables argumentos de nuestra injusticia, de nuestras faltas, de nuestra necedad y de nuestra impureza. Esta convicción no se da mientras nos contemplamos únicamente a nosotros mismos y no a Dios, de quién brota la única regla con la que debemos medirnos, y la que debe regirlo todo. El ojo acostumbrado a lo negro acaba considerando que lo castaño oscuro o lo poco luminoso goza de una magnífica blancura. En efecto, si consideramos todas las cosas con lucidez, nos parece que tenemos la más clara visión imaginable; pero, si elevamos los ojos para mirar el sol, nuestra gran lucidez respecto de las cosas de la tierra se ve inmediatamente deslumbrada y destruida por completo a causa de tal claridad. Es así también cuando evaluamos nuestros bienes espirituales. Incluso si no nos preocupamos del más allá, satisfechos de nuestra justicia, de nuestra sabiduría y de nuestra fuerza, nos apreciamos y nos adulamos hasta el punto de considerarnos semidioses. Pero, si empezamos a elevar nuestros pensamientos hacia Dios, debidamente conscientes de quién es él, y a considerar la perfección de su justicia, de su sabiduría y de su poder, que debería ser nuestro modelo, entonces todo lo que hasta el momento nos parecía, erróneamente, justo se nos presenta con los repugnantes colores de la suciedad. Lo que consideramos sabiduría se nos presentará como necedad y lo que poseía una buena apariencia de fuerza se delatará como nada más que debilidad. Esa es, según las Escrituras, la causa del temor y temblor que han abrumado a los santos cada vez que han sentido la presencia de Dios. Podemos ver como quienes se veían llenos de seguridad y marchan con la cabeza alta al estar lejos de Dios, dan por el contrario muestra de pánico y terror hasta el punto de quedar angustiados, totalmente paralizados, por el temor a la muerte, como anonadados, al manifestar Dios su gloria a ellos. Eso nos permite llegar a la conclusión de que los hombres nunca experimentan el sentimiento de su pobreza con tanta intensidad como cuando se ven comparados con la majestad de Dios.»”