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León Tolstói Quotes

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Famous León Tolstói Quotes

“Y de la misma manera, las innumerables personas que tomaban parte en aquella guerra actuaban según sus cualidades particulares, sus costumbres, de acuerdo con las condiciones y objetivos perseguidos. Todos ellos tenían sus temores, sus vanidades y sus alegrías, se indignaban y discutían, creyendo saber lo que hacían y convencidos de actuar por sí mismos aunque eran un instrumento inconsciente de la historia y llevaban a cabo una empresa oculta para ellos, pero incomprensible para nosotros, tal es la suerte inmutable de todos los hombres de acción que en realidad son menos libres cuanto más alto se hallan en la jerarquía humana. Los hombres de 1812 desaparecieron hace mucho tiempo. Sus intereses personales se borraron sin dejar rastro. Ante nosotros tan solo queda el resultado histórico de toda aquella época. Admitamos, sin embargo, que los hombres de Europa mandados por Napoleón debían penetrar en Rusia y perecer en sus tierras, y toda la actividad contradictoria, insensata y cruel de los autores de aquella guerra se nos hace comprensible.”

“La guerra no es un intercambio de cumplidos, sino la cosa más odiosa del mundo. Hay que comprenderla bien y no jugar a la guerra. Debe aceptarse severamente esa terrible necesidad. Todo se reduce a eso. Rechazando los engaños y las mentiras, las guerras entonces se llevará con todas sus consecuencias y no será un juego. De otra manera, se convierte en el pasatiempo favorito de gentes ociosas y frívolas. El estamento militar es el más digno, ¿y qué es la guerra? ¿Qué es necesario para triunfar en el arte militar? ¿Qué pretende el estamento militar? El fin de la guerra es el asesinato, los instrumentos de la guerra son el espionaje, la traición y su instigación, la ruina de los habitantes, el saqueo, el robo llevado a cabo para mantener a los ejércitos, el engaño y la mentira que reciben el nombre de astucia militar. La vida del estamento militar descansa en la disciplina, es decir, en la falta de libertad, en el ocio, la ignorancia, la crueldad, el libertinaje, las borracheras. Y a pesar de ello, es el estamento superior respetado por todos. Los reyes, salvo el de China, llevan uniforme militar, y quien mate más gente recibe mayores recompensas. Mañana, por ejemplo, se reúnen y acuerdan matarse unos a otros. Se matan, dejan malheridos a decenas de miles, y luego celebran numerosos tedeums para agradecer el haber matado a tanta gente, cuyo número llegan a aumentar, y proclaman la victoria suponiendo que cuantos más muertos, mayor el mérito. ¿Cómo puede Dios mirar y escuchar todo esto desde allá arriba?”

“Los historiadores suponían que si nos limitáramos a considerar las voluntades de los personajes históricos como órdenes relacionadas con los acontecimientos, llegaríamos a creer que los hechos dependen de las órdenes, pero al analizar los hechos mismos y los vínculos que relacionan a los personajes históricos con la masa, vemos que ellos y las órdenes que dan dependen de los acontecimientos. La prueba indiscutible de tal afirmación es que cualquiera que sea el número de órdenes dadas, el acontecimiento no se produce sin que medien otras causas. Pero en cuanto al hecho histórico, sea el que sea, tiene lugar, de todas las voluntades expresadas constantemente por diversas personas, habrá algunas que, por su significado y tiempo, pueden adquirir con respecto a su acontecimiento la categoría de orden.”

“Kutuzov, ese calmoso Kutuzov, cuyo lema era "paciencia y tiempo", ese Kutuzov, enemigo de las acciones decisivas, da la batalla de Borodinó, y rodea sus preparativos de una solemnidad extraordinaria. Kutuzov, que había pronosticado antes de la batalla de Austerlitz que sería una batalla perdida, en Borodinó, en contra de todo cuanto opinan los generales que daban por perdida la batalla, a pesar del ejemplo inaudito en la historia de que, tras una batalla ganada, el ejército vencedor debía retirarse, él solo contra todos afirmó hasta la muerte que la batalla de Borodinó fue una victoria. Solo él insistió durante la retirada del enemigo en no dar batallas ya inútiles, no empezar una guerra nueva y no cruzar las fronteras de Rusia. Hoy es fácil comprender toda la importancia de aquel acontecimiento, siempre que no se atribuya a la actuación de las masas el objetivo que solo defendía una decena de hombres, porque ahora lo vemos íntegro, con todas sus consecuencias. Pero entonces, ¿cómo pudo adivinar aquel hombre viejo, solo contra todos, con tamaña exactitud, la importancia y el sentido popular del acontecimiento sin traicionarse ni una vez a lo largo de toda su actuación? El origen de esa extraordinaria perspicacia estaba en el sentimiento popular que llevaba en sí, con toda su pureza y todo su vigor. Solamente porque el pueblo reconocía en él tal sentimiento, pudo darse el caso de que, contra la voluntad del zar, se eligiera a un viejo caído en desgracia como figura máxima de la guerra nacional. Y fue únicamente ese sentimiento el que lo colocó en la altura suprema desde la cual, como general en jefe, hizo cuanto pudo no para matar y aniquilar a los hombres, sino para salvarlos y compadecerlos. Su figura sencilla, modesta (y por ello realmente majestuosa) no podía encajar en el falso héroe europeo, presunto conductor de hombres, inventado por la historia. Para el lacayo no puede haber hombres grandes porque el lacayo tiene su propio concepto de la grandeza.”

“Siendo prisionero y viviendo en la barraca, Pierre comprendió, no de modo racional sino con todo su ser, con toda su vida, que el hombre fue creado para ser feliz, que la felicidad está en él mismo, en la satisfacción de las necesidades naturales del ser humano, y que todas las desgracias no provienen de la falta, sino del exceso. Supo que en el mundo no hay nada realmente espantoso, que no existen situaciones en las cuales el hombre sea absolutamente feliz y libre, pero que tampoco las hay en las que se sienta del todo desgraciado o falto de libertad. Comprendió que hay un límite a los sufrimientos y un límite a la libertad, y que esos límites están muy próximos. Que el hombre que sufre porque en su lecho de rosas se ha doblado un pétalo, sufre lo mismo que él cuando duerme sobre la tierra desnuda y húmeda, sintiendo frío en un costado y calor en el otro. Aprendió que cuando se ponía los ceñidos zapatos de baile sufría lo mismo que ahora, descalzo (hacía tiempo que su cazado se había roto) y con los pies llenos de ampollas. Y aprendió, por último, que cuando creyó que se casaba por su propia voluntad con su esposa, no era más libre que ahora, cuando lo encerraban por las noches en una cuadra.”