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Perfección Quotes

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Perfección Quotes

“Cada vez que usted dude de su autoestima, recuerde la flor de loto. A pesar de que se sume a la vida de debajo del barro, no permite que la suciedad que lo rodea a afecte su crecimiento y su belleza.”

“Muy a menudo, lo que Dios nos otorga primero no es la virtud en sí sino este poder de levantarse y volver a intentarlo de nuevo. Nos cura de nuestras ilusiones con respecto a nosotros mismos y nos enseña a depender de Dios. Por un lado, aprendemos que no podemos confiar en nosotros mismos ni siquiera en nuestros mejores momentos y, por el otro, que no debemos desesperar ni en nuestros peores momentos, porque nuestros fracasos son perdonados. La única cosa fatal es sentirse satisfecho con cualquier cosa que no sea la perfección.”

“Dios no llama a los que son dignos sino a los que quiere. Todo depende, no del querer o del esfuerzo del hombre, sino de la Misericordia de Dios» (Rom 9,15-16) Durante mucho tiempo me he preguntado por qué Dios tiene preferencias, por qué no reciben todas las almas un grado igual de gracias. Me preguntaba por qué los pobres salvajes, por ejemplo, mueren en gran número sin haber siquiera oído pronunciar el nombre de Dios... Jesús se dignó instruirme acerca de este misterio. Puso ante mis ojos el Libro de la Naturaleza. Comprendí que si todas las flores pequeñitas quisieran ser rosadas, la naturaleza perdería su ornato. Lo mismo ocurre en el mundo de las almas, que es el Jardín de Jesús. La perfección consiste en hacer su voluntad, en ser lo que Él quiere que seamos... Comprendí también que el amor de nuestro Señor se revela tanto en el alma más simple que en nada resiste a su gracia como en el alma más sublime.”

“Comprendí que para llegar a ser santa había que sufrir mucho, buscar siempre lo más perfecto y olvidarse de sí; comprendí que había muchos grados en la perfección y que cada alma [10vº] era libre de responder a las insinuaciones de nuestro Señor, de hacer poco o mucho por Él, en una palabra de elegir entre los sacrificios que Él pide. Entonces como en los días de mi infancia exclamé: «¡Dios mío, “lo elijo todo”. No quiero ser una santa a medias, no me da miedo sufrir por ti, lo único que temo es conservar mi voluntad.”

“Al comienzo de mi vida espiritual, hacia los trece o catorce años, me preguntaba qué más podría adquirir en lo sucesivo, pues creía que me era imposible comprender mejor la perfección. Pronto reconocí que cuanto más se adelanta en este camino, tanto más lejos del término se cree uno, y por eso ahora me resigno a verme siempre imperfecta y en eso encuentro mi alegría.”

“Había abandonado el esfuerzo por alcanzar por sí misma la virtud perfecta. Había descubierto qué agotador puede ser ese esfuerzo, qué inhumano y erróneo resultaba vivir esclavizada por aquel esfuerzo. Ahora que conocía su abrumadora imperfección, ahora que era consciente de su fragilidad y de su contingencia, ya no llevaba sobre los hombros el pesado lastre del martillo y cincel. No es que se hubiese rendido a la imperfección ni que se hubiese acostumbrado a ella, pero ya no soportaba la carga en soledad, ya no arrastraba el yugo con sus fuerzas, ya no se sorprendía al descubrirse a sí misma en un mal paso.”