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Quote by Thích Nhất Hạnh

“Resistenza, alla radice, deve significare qualcosa di più di semplice resistenza alla guerra. Si tratta di resistenza a qualsiasi cosa somigli alla guerra [...]. Allora, forse, resistenza significa opposizione: non lasciarsi invadere, occupare, assassinare e distruggere dal sistema. Lo scopo della resistenza, in questo caso, è cercare di guarire sé stessi in modo da imparare a vedere con chiarezza [...]. Io credo che le comunità di resistenza dovrebbero essere luoghi dove ritornare più facilmente a sé stessi, luoghi che permettano a ognuno di guarire e recuperare la propria dignità.”

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Thích Nhất Hạnh

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“En aquella década, la palabra bourgeois pasó a ser un apodo denigrante; un grito de guerra que bajo las banderas de la derecha y de la izquierda puso en guardia a todos los que se sublevaban no sólo contra el sistema de producción capitalista, sino también contra las ideas humanistas que se habían materializado en las libertades burguesas. Un día tuve que darme cuenta de que en aquella revolución me correspondía un papel, a mí, al burgués despreciado: el de enemigo. La filosofía humanista, en cuya cultura y forma de vida había crecido, con cuyo legado moral e intelectual me identificaba y de la que nunca podría renegar, era el enemigo número uno a ojos de los portavoces de los sistemas totalitarios. Los ideales humanistas de la burguesía eran la diana contra la que los jóvenes de la nueva ideología debían disparar las metralletas que el partido les ponía en la mano.”

“Yo no le caí simpático. No me quería porque era paisajista, porque en mis cuadros no mostraba las necesidades del pueblo y porque era indiferente –según le parecía– a todo aquello en lo que ella creía tan firmemente()Lida despreciaba en mí a un extraño. Exteriormente no manifestaba en absoluto su desafecto, pero yo lo sentía y, sentado en el primer escalón de la terraza, experimentaba cierta irritación y decía que curar a los campesinos sin ser médico significaba engañarlos, y que no era difícil ser benefactor poseyendo dos mil deciatinas de tierra. "La casa con desván”

“Para mí, hombre despreocupado y que buscaba justificación a su ocio constante, estas mañanas dominicales de verano en nuestras fincas resultaban siempre singularmente atrayentes. Cuando el verde jardín, todavía húmedo por el rocío, brilla al sol y parece feliz; cuando cerca de la casa se siente el aroma del reseda y a adelfa, cuando los jóvenes acaban de regresar de la iglesia y están tomando el té en el jardín; cuando todos están alegres y llevan puestas ropas agradables y cuando uno sabe que todas estas hermosas, sanas y satisfechas personas durante todo el largo día no van a hacer nada, siente deseo entonces de que toda la vida fuese así.”

“Os declaráis bajo el mal tan postrados y tan yertos, que habláis lo mismo que muertos a los que todo da igual. Y ante seres tan pasivos, en mi corazón se entabla la cuestión de ver si habla con los muertos o los vivos. Tan resignado, tan manso vuestro triste cuerpo va, que a mí me parecéis ya cadáveres sin descanso. Basta de resignación, de pies y de manos presos. ¿No tenéis alma en los huesos ni sangre en el corazón? ¿Campará el pájaro malo, y tendréis siempre a su antojo sonrisas para su ojo y espaldas para su palo? Cuerpo de hombre que se deja pisar, morir o matar, al cuello debe llevar el balido de la oveja. Nadie se deje morir mansa y silenciosamente, para que la humilde frente no le vengan a escupir. ¿Por qué no lleváis dispuesta contra cada villanía una hoz de rebeldía y un martillo de protesta?”

“—Ya que hablas de curas. ¿Quieres saber la verdad? ¿Quieres que te cuente un cuento? Las verdades mejores se dicen por parábola. Un cura estaba asando una patata en las brasas y la patata le decía: ¿Por qué me pones aquí, al fuego? ¿No ves que estoy quemándome? Es necesario que te quemes, para que yo te coma. ¿Y por qué vas a comerme, sacerdote cruel? Voy a hacerte un favor —decía el cura—, voy a unirte a mi cuerpo, a darte una categoría superior y a ponerte de ese modo en contacto a través de mi espíritu con la esencia de lo absoluto, con el espíritu puro. El cura lo cree y se la come. Cuando alguno de vuestros jefes camina despierto y sabe lo que hace, se dedica a decir al hombre ordinario más o menos sonámbulo lo mismo: voy a unirte al orden universal. Déjate asar y comer. Te haré el favor de unirte al orden universal. La verdad es que se trata de un orden menos universal de lo que supone y en realidad lo único sobre lo que no cabe duda alguna es que se lo come. —Eres un individualista, y el mundo de mañana va a ser un mundo de grandes masas donde el hombre solitario morirá envenenado por sus propios jugos malsanos. —Y el hombre gregario, por los jugos de la grey. —Te conduces —repitió López, sordo a mis reflexiones— como un hombre solitario. Pero no se trata de controlarte sino de ofrecerte un lugar confortable en la gran familia de mañana. —No hay mañana. Hay un solo hoy, eterno.”

“Todavía hoy asocio todos nuestros esfuerzos por enterarnos de lo que pasaba en el mundo exterior al nombre de Dajti, la apartada cordillera que rodeaba nuestra capital y dominaba su paisaje como si la hubiese tomado como rehén. Dajti estaba físicamente alejada, aunque siempre la teníamos presente. Nunca fui hasta allí. Todavía no sé qué significaba "recibido desde Dajti"; es decir: quién recibía qué de quién y cómo. Supongo que lo que había allí era un satélite o un repetidor de televisión. Dajti estaba en todos los hogares, en todas las conversaciones y en la mente de todos. "Lo vi anoche a través de Dajti" significaba: "Estuve vivo. Violé la ley. Pude pensar". Durante cinco minutos. Durante una hora. Durante un día entero. Durante el tiempo que Dajti estuvo activo.”