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Quote by Antônio Xerxenesky

“Há algo a dizer sobe o céu noturno de São Paulo: é dos mais escuros possíveis. O brilho artificial da cidade oculta todas as estrelas do céu, enquanto a iluminação precária dos postes, suas luzes amareladas e caídas, dão a impressão de que, ao andar pelas ruas, você está procurando seu caminho por um mundo de sombras.”

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Antônio Xerxenesky

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“Noite, vão para ti meus pensamentos, Quando olho e vejo, à luz cruel do dia, Tanto estéril lutar, tanta agonia, E inúteis tantos ásperos tormentos… Tu, ao menos, abafas os lamentos, Que se exalam da trágica enxovia… O eterno Mal, que ruge e desvaria, Em ti descansa e esquece alguns momentos… Oh! Antes tu também adormecesses Por uma vez, e eterna, inalterável, Caindo sobre o Mundo, te esquecesses, E ele, o Mundo, sem mais lutar nem ver, Dormisse no teu seio inviolável, Noite sem termo, noite do Não-ser.”

“O lócus que tradicionalmente habita o vampiro, essencialmente noturno, também perpassa o desconhecido: não tememos a escuridão apenas devido à falta de estímulos visuais que nos priva da percepção de possíveis ameaças, mas também porque ela dá vida e amplifica nossos próprios medos, concretizando no invisível aquilo que nos perturba no íntimo. Assim, se a noite é esse “espaço-tempo em que o terror se sente à vontade”, os terrores que nas sombras me alucinam poderão ser vastamente distintos dos teus, mesmo que juntos a desbravemos.”

“Aráoz cierra los ojos con fuerza, más por desesperación que porque tenga confianza en que dé resultado. Es un experto en no dormir, y por eso sabe al dedillo que poniéndose rígido y contrayendo los músculos lo único que va a lograr será espantar el poco sueño que le queda. El insomnio de esta noche es diferente al de la víspera. Éste pertenece a la categoría «madrugada en blanco»: uno de los peores. Aráoz conoce otro aún más funesto: el del tipo «no pegué un ojo en toda la noche». Ese, lógicamente, es el peor de todos, y lo padece con frecuencia. Pero el «madrugada en blanco», que es el de hoy, es de todos modos detestable y cruel. Lo ataca en noches que comienzan plácidas. Noches que prometen, falsamente, descanso. Esas noches en las que a Aráoz la vida se le antoja posible porque los párpados empiezan a cerrársele y los renglones a confundírsele mientras todavía sostiene un libro sobre el pecho, y basta con sacar un brazo perezoso de entre las sábanas y apagar el velador y abandonarse al sueño con la convicción de que uno despertará ocho o nueve horas después sintiendo que le han quitado unos cuantos años de la espalda. Cierto que desde hace mucho tiempo no tiene una noche de esas. Pero por lo menos algo que se le parezca. Seis. Siete horas de corrido.”