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Quote by Jane Smiley

Work

13 Ways of Looking at the Novel

This book delves into the intricacies of the novel, examining its evolution, structure, and the diverse methods authors employ to craft compelling narratives. more

Author

Jane Smiley
Jane Smiley

Jane Smiley is an accomplished American novelist known for her profound character development and rich imagination. Her works span a variety of literary genres, including historical fiction, contemporary life, and children's literature. Her novels, such as 'A Thousand Acres' and 'Bluebird', have received widespread acclaim. more

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“Tú tienes que ser la chica que aparece con ideas prácticas y muy locas que merece la pena comentar y probar. Y juega a la ofensiva: por cada cuatro cosas que se te pida que hagas, ofrece un producto o una idea que no se te haya pedido. (...) Tienes que estar más obsesionado con los detalles que ninguna otra persona de tu equipo y con tener en la cabeza qué es lo que hay que hacer, cómo, cuándo y por qué. Da por hecho que todo se quedará sin hacer a menos que estés encima de todo y de todos, como, probablemente, será.”

“¿Acaso la gente felicitaba a los soldados luego de cada pequeña muesca inútil en su rifle? ¿Gozaban los trabajadores de tales agasajos, cada vez que su tarea era cumplimentada con la misma eficiencia, holgazanería o mediocridad que siempre? Entonces, ¿por qué él merecía dicho premio social por haber hecho su trabajo, siendo escritor? Es más, y esta era la pregunta que le molestó, la que de verdad hizo un daño: ¿Había hecho su trabajo, dando todo lo que tenía?”

“–Hay que liberar a la gente del pesado trabajo físico –sostuve–. Hay que aliviar el yugo, darles un respiro, para que no pasen toda su vida junto a los hornos, las artesas y en el campo, sino que tengan también tiempo de pensar en su alma, en Dios, y que puedan manifestar en forma más amplia sus condiciones espirituales. La vocación de todo hombre está en la actividad espiritual, en la constante búsqueda de la verdad y del sentido de la vida. Hagan, pues, que les sea innecesario el brutal trabajo de bestias; permítanles sentirse en libertad y verán entonces que estos libritos y botiquines son, en realidad, una burla. Una vez que el hombre sea consciente de su auténtica vocación, sólo podrán satisfacerle la religión, las ciencias, las artes y no estas menudencias. –¡Liberarlos del trabajo! –sonrió Lida–. ¿Acaso ello es posible? –Sí. Encárguense de una parte del trabajo de ellos. Si todos los habitantes de la ciudad y del campo, todos sin excepción, consintiéramos en dividir entre nosotros el trabajo que en general realiza la humanidad para la satisfacción de sus necesidades físicas, a cada uno no le correspondería quizá más de dos o tres horas por día.”