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Quote by Angela Lopez Borrero

“[…] una solo sabe el monosílabo y ese debe ser suficiente. Y es que, a veces, la mirada de un hombre ofende, aun cuando era su pretender el agrado de la otra, más la otra siente que no son esas manos las que deben buscarla y menos que sean esos dedos los que intentan la caricia… una nunca sabe.”

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Angela Lopez Borrero

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“«¿Cómo pueden (…) ellas, que son tan sensibles a los infortunios de los otros (…), cometer tan graves crímenes? —escribió un desconcertado reportero, impresionado por la cantidad de damas envenenadoras que llenaban las cárceles de la ciudad—. Son monstruos. No hemos de suponer que son como las demás; de hecho, parece más natural compararlas con los más perversos de los hombres.» Claro, resultaba tranquilizador —de aquella manera— imaginar que estas envenenadoras tenían más de hombres que de chicas, pero es que eso, sencillamente, no era verdad. Estos «monstruos» eran mujeres”

“Mis ausencias eran los huecos entre las líneas que no sabían unirse. Y mientras escribía encontraba tanto alivio como dolor en el acto de hacerlo. En una burlona contradicción, crecía cada vez más y me hacía cada vez más pequeña. Me curaba y me enfermaba. Me enfermaba. Notaba esa herida sangrar en alguna parte. Las gasas eran ese procesador de textos. La polividona yodada eran los libros abandonados en todas partes.”

“La cosa se puso peor cuando llegó la época de los tacones. ¡Qué masoquismo! Encaramarse en esos dos palitos es un acto cercano al malabarismo y aprender a manejarlos todo un suplicio. Otro invento que, estoy segura, se lo debemos a los hombres porque con el tiempo descubrí el poder que puede tener un par de piernas balanceándose en estos pequeños simulacros de zancos. Y me monté en ellos, como se montaron las demás mujeres mientras ellos caminan felices por la vida sin problemas de callos, ni de deformaciones creadas por la altura de los tacones. Y después tienen el descaro de quejarse de lo mucho que demoramos las mujeres para arreglarnos. Como si lograr que el pelo luzca maravilloso [...] como les gusta a ellos, maquillarse sin que se nos pase la mano, elegir el vestido adecuado para la ocasión y montarse en los dos palitos fuera igual que afeitarse, bañarse y ponerse lo mismo de siempre: una camisa y un pantalón. Pero ¡ay que uno salga con la cara lavada y sin ningún tipo de arreglo!”

“Martirio hablaba de él como si no reparara en su presencia, como si su opinión careciera de importancia. No se dirigía a Rodrigo, apenas lo miraba. Lo había privado de voz, lo cual no se le antojaba extraño, al fin y al cabo, no era más que un simple caballerizo, su lugar en el gran esquema del feudalismo había sido que destinado para quienes tienen como cometido bajar la mirada y permanecer a la espera sin estorbar.”