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Decadencia Quotes

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Decadencia Quotes

“Supuestamente estábamos destinados a ser Europa: pero no la Grecia ahora periférica o la España de la crisis o los barrios marginados de los suburbios parisinos actuales. Porque esa Europa también fue fabricada a partir de un recorte muy pequeño; así, se suponía que la Argentina sería como los barrios centrales de París. Eso posiblemente era lo que deseaban también los otros barrios de París y las otras ciudades francesas. Una aspiración bastante vanidosa y vana, incluso para varios países europeos. Esa ilusión tan desmesurada se combinó con caminos políticos que llevaban a rumbos bastante discordantes con el objetivo. Con el paso del tiempo se fue instalando la idea de que los argentinos teníamos un destino magnífico que no habíamos podido alcanzar, por alguna razón misteriosa o por culpa de tal o cual grupo.”

“La humanidad ha superado la cadena alimentaria, y habiendo superado a todos los demás depredadores, ahora ha recurrido a una extraña forma de canibalismo: la humanidad se depreda a sí misma. Sacrificamos nuestra propia manada. Asesinamos a nuestros propios hijos. Esto es lo que llamamos "progreso".”

“Desde el comienzo de los tiempos recordados, el hombre de había servido de los fármacos en estado impuro, usando tales o cuales plantas. Ahora se produce el descubrimiento de fármacos puros, en una sucesión de alcaloides que comienza con la morfina (1806) para seguir con la codeína (1832), la atropina (1833), la cafeína (1841), la cocaína (1860), la heroína (1883), la mescalina (1896) y los barbitúricos (1903), por mencionar solo algunos de los más conocidos.”

“Las civilizaciones no mueren por invasiones externas, sino por fallas orgánicas. Cuando el corazón político deja de bombear justicia, cuando el hígado económico intoxica la sangre social, cuando el cerebro filosófico pierde su oxígeno altruista — entonces comienza la autofagia histórica. Lo que llamamos 'decadencia' no es más que el sistema inmunológico moral atacándose a sí mismo. En su apogeo, una civilización es un cuerpo en plenitud: sus arterias comerciales laten con vigor, sus músculos militares se tensan con precisión, sus nervios artísticos transmiten impulsos de belleza. El Renacimiento no fue un 'periodo histórico': fue la adolescencia dorada de Europa, cuando todo el organismo civilizatorio crecía en armonía violenta. Hoy palpamos los síntomas de la senectud: huesos institucionales que crujen, articulaciones sociales inflamadas de resentimiento, pupilas culturales dilatadas por sobredosis de pantallas. No es el fin —todavía—, pero sí la fiebre que anuncia la infección fuerte que viene. El Forastero diagnostica lo que otros niegan: hemos dejado de ser organismo para convertirnos en cadáver en descomposición lenta. Hay un momento en la vida de todo cuerpo —y de toda civilización— donde la energía disponible alcanza su cenit. Los griegos lo llamaron akmé; los romanos, pax romana; los renacentistas, uomo universale. Es el instante fugaz donde potencia y orden se besan, donde la fuerza no es brutalidad ni la ley es tiranía. Duró treinta años en Atenas, dos siglos en Roma, un suspiro en Venecia. Nunca aprendemos a perpetuarlo. La gran paradoja: las civilizaciones mueren por los mismos órganos que las hicieron grandes. El comercio que enriqueció se vuelve avaricia; el arte que elevó degenera en entretenimiento; la filosofía que iluminó se convierte en dogma. Como un cuerpo que envejece, la civilización termina ahogada por sus propios éxitos fosilizados. El destino de toda civilización es convertirse en el cadáver del que se alimentará la siguiente. Cuando una civilización olvida que es un cuerpo viviente, pronto aprenderá que también es alimento…”