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More Than a Woman: A Brutally Honest and Hilarious Feminist Memoir on Parenting, Marriage, and Middle-Age

Book by Caitlin Moran · 8 quotes · Feminism, Hombres Irresponsables, Mujeres

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More Than a Woman: A Brutally Honest and Hilarious Feminist Memoir on Parenting, Marriage, and Middle-Age Quotes

“Supongo que, a fin de cuentas, todo depende de tu experiencia personal. Las mujeres estamos acostumbradas a que nos pasen cosas que pueden considerarse «enfermedades» (calambres, hemorragias, náuseas matutinas, hinchazón, dos tetas enormes que duelen que te cagas) pero que, en realidad, solo son consecuencias de estar vivas; de modo que, cuando nos ponemos enfermas de verdad, no nos asustamos. Nuestro cuerpo está sufriendo espasmos y expulsando cosas continuamente.”

“Es cierto que la situación no es tan grave como en la época victoriana, cuando las mujeres no eran más que «un vestido» con una cabeza en lo alto; pero es fácil darse cuenta del camino que nos queda por recorrer: basta con constatar que las mujeres todavía tenemos que esforzarnos para encontrar una palabra aceptable con que denominar la parte de nuestro cuerpo más fundamental y definitoria: los genitales. En 2012, a la congresista de Michigan Lisa Brown se le prohibió seguir interviniendo en el Congreso por haber pronunciado la palabra «vagina» en un debate sobre la anticoncepción. El congresista republicano Mike Callton argumentó que la palabra era tan «repugnante y asquerosa que él jamás se atrevería a pronunciarla ni delante de una mujer ni de un grupo de hombres y mujeres».”

“Aunque a los hombres que tienen miedo o sienten que se han quedado rezagados no se lo parezca, cada vez que una mujer tiene éxito, paradójicamente también les está poniendo las cosas más fáciles a los hombres. En última instancia, está teniendo éxito por todos nosotros. Por eso el feminismo nunca podrá «ir demasiado lejos». Las mujeres no pueden «ganar» demasiado. Porque cuando «ser mujer» y «hacer cosas de mujeres» se considere igual de empoderador que «ser hombre» y «hacer cosas de hombres», los hombres no se avergonzarán de adoptar las cosas que a nosotras nos hacen más felices. Por fin viviremos en un mundo donde no existirán las «cosas de chicas» ni las «cosas de chicos», todo estará, sencillamente, dentro de la gran caja de herramientas de los seres humanos.”

“Cuando un joven que se declaraba incel (un «célibe involuntario»), después de que una chica lo rechazara y de llevar «más de dos años» sin tener relaciones sexuales, mató a treinta y dos personas en Canadá (porque que no conseguía «hacer» que ninguna mujer se acostara con él, pobrecillo), les pregunté a las mujeres de Twitter qué hacían ellas cuando llevaban más de dos años sin tener relaciones sexuales. «Hacía calceta», «Leía poesía», «Aprendí capoeira y me apunté a clases de baile», «Me compré todos los libros de Alfred Wainwright y me aficioné a hacer senderismo por el Distrito de los Lagos», «Adopté un gato», «Escribí un libro», «Aprendí cerámica», «Aprendí a cocinar», «Me masturbaba». Hay cientos de miles de mujeres faltas de afecto y rechazadas sexualmente, y ni una sola ha protagonizado una matanza en un colegio, una discoteca ni un centro comercial. Ninguna mujer ha matado a un montón de gente porque se sintiera rechazada por la sociedad, pese a que me atrevería a afirmar que las mujeres sufren desengaños amorosos como mínimo con la misma frecuencia que los hombres.”

“Todas las familias son diferentes, pero me he fijado en que, en muchas ocasiones, detrás de cada exhausta mujer madura cargada de responsabilidades que se ocupa de sus padres cuando envejecen suele haber un par de hermanos varones que no tiran del carro. Supongo que no educamos a los hombres para que acudan al rescate cuando surge una crisis familiar.”

“No me canso de repetirlo: no es él, eres tú. «Pero… ¿ahora qué hago? Él me necesita». Ay, amiga: creo que una de las cosas más venenosas del mundo es que a una mujer la eduquen para que se sienta necesitada. Todas las mujeres se merecen que las quieran. Yo te quiero. Y quiero que dejes a ese hombre. Y sé que tardarás muchísimo tiempo en dejarlo. «Tengo que irme».. Ya lo sé. ¿Hablamos mañana? Sí, hablamos mañana. Pero déjame decirte una cosa: un día dejarás de sentirte confundida, o triste, o enfadada, o asustada, y te sentirás… sencillamente cansada. Demasiado cansada para seguir tirando del carro. Se habrán agotado tus reservas de amor, ya no habrá más ideas, más razonamientos: no quedará nada, y todo esto solo te provocará hartazgo. De repente será inviable. Estarás agotada. Te será imposible seguir haciéndolo ni un minuto más. Y ese día, por fin, lo abandonarás. Y cuando llegue ese día, querida amiga, mi habitación de invitados estará esperándote.”