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The Omnivore's Dilemma: A Natural History of Four Meals

Book by Michael Pollan · 16 quotes · Food, Corn, Comida

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The Omnivore's Dilemma: A Natural History of Four Meals Quotes

“I asked the feedlot manager why they didn't just spray the liquefied manure on neighboring farms. The farmers don't want it, he explained. The nitrogen and phosphorus levels are so high that spraying the crops would kill them. He didn't say that feedlot wastes also contain heavy metals and hormone residues, persistent chemicals that end up in waterways downstream, where scientists have found fish and amphibians exhibiting abnormal sex characteristics.”

“Supermarkets in Denmark have experimented with adding a second bar code to packages of meat that when scanned at a kiosk in the store brings up on a monitor images of the farm where the meat was raised, as well as detailed information on the particular animal’s genetics, feed, medications, slaughter date, etc. Most of the meat in our supermarkets simply couldn’t withstand that degree of transparency; if the bar code on the typical package of pork chops summoned images of the CAFO it came from, and information on the pig’s diet and drug regimen, who could bring themselves to buy it? Our food system depends on consumers’ not knowing much about it beyond the price disclosed by the checkout scanner. Cheapness and ignorance are mutually reinforcing.”

“Al parecer el apetito humano es sorprendentemente elástico, algo que tiene mucho sentido desde el punto de vista evolutivo: nuestro antepasados cazadores-recolectores consideraban apropiado darse un festín cada vez que se presentaba la ocasión, lo que les permitía almacenar reservas de grasa en previsión de futuras hambrunas. Los investigadores de la obesidad llaman a este rasgo -el gen ahorrador-. Y si bien este gen resulta muy útil como medio de adaptación en un entorno impredecible marcado por la escasez de comida, es un desastre en un entorno donde abunda la comida rápida y en el que las ocasiones para darse un festín se presentan veinticuatro horas al día, siete días a la semana. Nuestros cuerpos están almacenando reservas de grasa en previsión de una hambruna que nunca llega.”

“Al parecer el apetito humano es sorprendentemente elástico, algo que tiene mucho sentido desde el punto de vista evolutivo: nuestros antepasados cazadores-recolectores consideraban apropiado darse un festín cada vez que se presentaba la ocasión, lo que les permitía almacenar reservas de grasa en previsión de futuras hambrunas. Los investigadores de la obesidad llaman a este rasgo -el gen ahorrador-. Y si bien este gen resulta muy útil como medio de adaptación en un entorno impredecible marcado por la escasez de comida, es un desastre en un entorno donde abunda la comida rápida y en el que las ocasiones para darse un festín se presentan veinticuatro horas al día, siete días a la semana. Nuestros cuerpos están almacenando reservas de grasa en previsión de una hambruna que nunca llega.”

“El salvajismo potencial acecha en el interior de una criatura capaz de comer cualquier cosa. Si la naturaleza no traza una línea alrededor del apetito humano, la cultura humana debe entrar en juego, como de hecho ha ocurrido, situando los hábitos alimenticios del omnívoro bajo el gobierno de los diversos tabúes (en primer lugar el tabú contra el canibalismo), costumbres, rituales, hábitos en la mesa y convenciones culinarias que se encuentran en cada cultura. Hay una conexión corta y directa entre el dilema del omnívoro y el asombroso número de normas éticas con las que las personas han tratado de regular el acto de comer desde que viven en grupos.”

“Nuestras papilas gustativas también ayudan a predisponernos hacia el sabor dulce, que en la naturaleza es signo de energía en forma de carbohidratos, y mantenernos alejados del amargo, que es el sabor de muchos de los alcaloides tóxicos producidos por las plantas. Nuestro innato sentido del asco evita que ingiramos cosas que podrían infectarnos, como la carne podrida. Muchos antropólogos creen que si llegamos a desarrollar un cerebro tan grande y complejo fue precisamente para ayudarnos a lidiar con el dilema del omnívoro.”

“La abundancia que exhiben los supermercados norteamericanos nos ha devuelto a un desconcertante paisaje de alimentos en el que de nuevo tenemos que preocuparnos por el hecho de que alguno de esos apetitosos bocados pueda matarnos (quizás no tan deprisa como una seta venenosa, pero con la misma seguridad). En realidad la extraordinaria abundancia e comida en Estados Unidos complica el problema de la elección. Al mismo tiempo muchas de las herramientas con las que la gente ha gestionado el dilema del omnívoro en la historia han perdido aquí su eficacia o simplemente han fracasado.”

“La falta de una cultura de comida estable nos hace muy vulnerables a las lisonjas de los ingenieros alimentarios y los estrategas del marketing, para quienes el dilema del omnívoro no es tanto un dilema como una oportunidad. La industria alimentaria está muy interesada en exacerbar nuestra ansiedad ante lo que debemos o no comer, para así poder aliviarla después con nuevos productos.”

“Al reemplazar la energía solar por combustibles fósiles, al confinar el ganado en espacios reducidos y proporcionarle unos alimentos para cuyo consumo la evolución no lo ha preparado, y al consumir nosotros mismos alimentos mucho más novedosos de lo que creemos, estamos exponiendo nuestra salud y la del mundo natural a una serie de riesgos sin precedentes.”