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The Fourth Cup: Unveiling the Mystery of the Last Supper and the Cross

Book by Scott Hahn · 5 quotes · Cristianismo, Sufrimiento, Jesucristo

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The Fourth Cup: Unveiling the Mystery of the Last Supper and the Cross Quotes

“San Agustín explica que el sufrimiento es la herencia desde que Adán mezcló nuestra copa de dolor y fatigas. A nadie se le dispensa de ese cáliz, el llanto del recién nacido da fe de ello. Nuestra naturaleza se resiste a él. Jesús responde ante el dolor aceptándolo y sometiéndose a él. Jesús no está libre de temores pero están ordenados. En Getsemaní teme lo que va a suceder pero es mayor su temor a desobedecer la voluntad del Padre. Jesús enseña que hay cosas por encima de la vida física. Hay un cielo que no es algo lejano en el espacio ni en el tiempo. Empieza con nosotros en el Bautismo y crece cada vez que bebemos la Copa Eucarística.”

“Si queremos experimentar el amor, la alegría, la paz del cielo desde ahora, debemos hacerlo en Cristo. Eso no significa que se nos evitará el dolor. San Pablo identifica sus sufrimientos con una crucifixión que acepta de buen grado. Si ni Jesús ni Pablo quedaron eximidos de sufrimientos, nadie debería esperar quedar eximido.”

“Antes de salir de nosotros mismos debemos adueñarnos de nuestras vidas. Antes de entregarnos debemos tener algún control sobre nosotros mismos. Necesitamos al menos cierto grado de autodominio. El verdadero amor - el amor que se dona, el amor que da vida - exige sacrificio, y el sacrificio conlleva sufrimiento. Es lo que hace el que ama. El amor es la respuesta al misterio del dolor. El dolor es la respuesta al misterio del amor. Sólo en Jesús - y particularmente en el Misterio Pascual - reveló Dios la respuesta a los perennes misterios de nuestra existencia.”

“El sufrimiento redentor forma parte integral de nuestra historia original. Eso es lo que significa para nosotros mostrarnos a imagen y semejanza de Dios. Por el poder del Espíritu Santo, nuestro sufrimiento perfecciona nuestra caridad, mientras que nuestra caridad transforma nuestro sufrimiento en un sacrificio vivo que permite a Dios abrirse camino en nuestras vidas. No es la magnitud del sufrimiento de Cristo lo que nos ha salvado, sino la magnitud de su amor. En la Última Cena el amor transformó su sufrimiento en una ofrenda; y ese amor es la Eucaristía. La Eucaristía hizo del Calvario un sacrificio y no una mera ejecución. En la cruz Jesús invirtió la muerte, le dio la vuelta. Jesús la convirtió en ocasión de dar vida. La transformó en un don, en una oración, en un sacrificio. Enseñándonos a morir, nos enseñó a vivir. La hora de su deshonra y muerte no fue una derrota, sino una victoria de la vida y el amor sobre el pecado y la muerte. Y lo mismo se puede aplicar a nuestra propia deshonra, nuestra debilidad, nuestra aflicción, nuestros desalientos, nuestras negaciones y nuestra propia vida.”

“A pesar de los grandes milagros de Dios para Israel, su pueblo le abandona a las primeras punzadas de hambre acudiendo a ídolos. Filón de Alejandría dijo que Israel no había entendido la Pascua. Dios instituyó el Séder para que llevasen vida virtuosa, en la que sus temores y deseos estuvieran ordenados y todo subordinado a la voluntad divina. El pan pascual debería haberles enseñado a rechazar la levadura del orgullo. Las hierbas amargas a ser indiferentes ante la comodidad y el placer. Era de esperar que el Séder les enseñase a disciplinar sus cuerpos y su voluntad.”