Quotessence
Home / Quotes / Quote by Paul Auster

Quote by Paul Auster

“Por eso se dedica Stanley a cortar el césped. Algunos creen que se ha vuelto un poco loco, pero siempre que hablo con él veo al mismo tío que conocí hace treinta años, el mismo Stanley de siempre. Está triste porque ha perdido a su Peg, eso es todo. A unos les da por beber. A otros por buscar otra mujer. Stanley se dedica a cortar el césped. Eso no tiene nada de malo, ¿verdad?”

Quote by Paul Auster

Work

The Brooklyn Follies

The Brooklyn Follies is a novel that delves into the lives of various individuals living in Brooklyn, capturing the essence of the neighborhood's vibrant community and complex social dynamics. more

Author

Paul Auster
Paul Auster

Paul Auster is an American author known for his unique narrative style and philosophical reflections. His works often explore themes of identity, memory, and reality, and have won him a wide audience. more

You May Also Like

“The words of his various writing instructors and professional mentors over the years came back to him at times like these, and he found a new understanding in their advice: Writing is rewriting. The rough draft is just that. You can’t polish what you haven’t written. Things that made for a normal life—like a daily routine that followed the sun—took a back seat to times like these, and he exulted in that change because it served as proof that his writing was indeed the most important thing in his life. It wasn’t a conscious choice on his part, like deciding to repaint the bathroom or go buy the groceries, but an overarching reallocation of his existence that was as undeniable as breathing. Day turned into night, breakfast turned into dinner, and the laptop or the writing tablet beckoned even when he was asleep. He would often awake with a new idea—as if he’d merely been on a break and not unconscious—and he would see the empty seat before the desk not as his station in some pointless assembly line, but as the pilot’s seat in a ship that could go anywhere.”

“Sin duda (el adolescente) no lo sabe todo, pero es cierto que esa edad ociosa, sin oficio ni beneficio, es una época privilegiada para pensar en el todo. ¿Cuándo se manifiesta esa totalidad en el caso de la vida humana? No hemos de reputar feliz a nadie, dice Solón, mientras viva, sino que debemos esperar al final de su existencia. Al morir, el sujeto entrega su esencia, que es el ejemplo que ha ido cincelando durante todos los años anteriores en la materia del tiempo. Durante todo su habitar sobre la tierra el hombre incuba en su seno la promesa de un ejemplo que va creciendo y solo se detiene y asume su forma definitiva cuando aquel muere. Es difícil que un sujeto conozca de verdad a otro —un padre, un amigo— mientras ambos, el conocedor y el conocido, todavía vivan, ya que no solo la esencia de este es incompleta, sino que además apenas puede percibirse con claridad: el ritmo de las obligaciones ordinarias, la vulgaridad de las situaciones, el norte del egoísmo humano, la inseguridad de las apreciaciones en la experiencia diaria impiden una disposición apta para dicha percepción. Pero, tras la muerte, resplandece ese ejemplo, ya completo “y despojado de sus accidentes. Con frecuencia se ha notado que el término griego para «verdad» —aletheia— significa no-olvido (a-lethos), esto es, recuerdo. Conocer la verdad de un hombre, en sentido estricto, es recordar su ejemplo cuando ya ha dejado de existir, momento en el que adquiere un relieve y una nitidez extraordinarios. De ahí que nos conmovamos hasta la desesperación cuando “desaparece un ser querido: al morir, contemplamos por primera vez su ser verdadero, lo amamos definitivamente y desearíamos por encima de todo poder decírselo, pero entonces ya es demasiado tarde. Todo conocimiento es póstumo.”