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Quote by Neus Figueras

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Neus Figueras

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“El látigo enseñó al muchacho la oración y esta se convirtió en instrumento de consuelo. ¿Acaso las penas y sufrimientos que encontramos en el camino no son el látigo que utiliza Dios para procurarnos la felicidad? ¿Por qué, entonces, habíamos de temerlo tanto? Él nos ama con amor infinito y los látigos nos enseñan a orar, conduciéndonos a verdaderas alegrías.”

“Semana 2, preámbulo para considerar estados: comenzaremos, juntamente contemplando la vida de Cristo, a investigar y a demandar en qué vida o estado de nosotros se quiere servir su divina majestad. Y así, para alguna introducción dello, en el primer ejercicio siguiente veremos la intención de Cristo nuestro Señor y, por el contrario, la del enemigo de natura humana; y cómo nos debemos disponer para venir en perfección en cualquier estado o vida que Dios nuestro Señor nos diere para eligir.”

“Cada día, todos los días de nuestra vida, Dios nos pone delante personas y ocasiones con las que espera que actuemos. No espera más de nosotros, pero no aceptará menos; y faltamos a nuestra promesa y a nuestro compromiso si no descubrimos su divina voluntad en cada momento de cada día. Cualquier momento de la vida de los hombres es precioso a los ojos de Dios y ninguno se debe malgastar por culpa de las dudas o el desaliento.”

“Como sacerdote, tiene que ofrecer un testimonio especial del poder del reino para transformar todo lo humano, incluso lo torcido y lo distorsionado, lo monótono y lo que parece insignificante. De hecho, las cosas intrascendentes y las aparentemente imposibles son su verdadero desafío. Porque también eso debe ser transformado y redimido para que Cristo alcance su victoria. El reino de Dios no llegará a su cumplimiento en el mundo gracias a una extraordinaria batalla a espada contra el poder de las tinieblas, sino al trabajo y al sufrimiento diarios de cada uno de nosotros como Cristo trabajó y sufrió, hasta que todo acabe transformado. Y ese proceso de transformación continúa hasta el fin de los tiempos.”

“Resistirse a la humillación es algo completamente natural. Retrocedemos ante las experiencias humillantes porque atentan contra nuestra dignidad (que es otra manera de decir que hieren nuestro orgullo). Esa es la clave del problema. Entonces nos vendrá bien recordar quiénes somos nosotros realmente y quién es Dios. Si detrás de esa experiencia solo vemos el daño y lo desagradable del hecho, únicamente puede ser porque hemos perdido de vista, al menos momentáneamente, la voluntad de Dios y su providencia. Porque las humillaciones nacen de las circunstancias, de los acontecimientos y de la gente que Dios nos pone delante cada día; y todas esas cosas no son sino manifestaciones de su providencia. De ahí que debamos aprender a descubrir en todo ello, incluso en las humillaciones, ocasiones para una mayor conformidad con la voluntad de Dios.”

“En las Escrituras, un nombre propio habla de la identidad y el destino. Dios le ha asignado significado y propósito a tu nombre. Te representa a ti. A Él le encanta tu nombre. Le encanta pronunciarlo. Él sabía tu nombre antes de que nacieras, incluso antes de que tus padres lo pronunciaran. Tu nombre tiene sentido, y tu vida le da sentido a tu nombre. Deja que Dios te diga tu nombre. Reflexiona sobre el significado de tu nombre. Considera con qué propósito te formó Dios al punto que te “plasmó en el seno de tu madre” (Salmo 139, 13)”

“Tener la impronta de la naturaleza divina dentro de sí, tener la imagen de Dios, quiere decir ser fecundo, tener deseo de generar vida, de procurar vida, de cuidar la vida, de cultivarla. La fecundidad me parece el más nítido de los principios de discernimiento. Una de las cosas más inútiles es hacer discernimiento para llegar a entender quién soy, pues la verdadera pregunta es: ¿para quién soy? Estar contento de mí mismo —para mí mismo y nada más— será mi horror. Si al final no me abro a nadie, ni siquiera yo soy alguien.”