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Quote by Catherine Nixey

Work

The Darkening Age: The Christian Destruction of the Classical World

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Author

Catherine Nixey

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“Dicho de otro modo, cualquier predisposición a la creencia religiosa puede verse poderosamente influida por la cultura indígena, viva uno donde viva. Especialmente si los niños están expuestos desde muy pequeños a una serie concreta de doctrinas, música, arte y ritual, es algo tan natural para ellos como respirar, motivo por el cual las religiones hacen tantos esfuerzos para atraer a los más jóvenes.”

“Lo que me había pasado con el ciego. Su ejemplo había hecho aumentar en mí la devoción y el amor al Señor. La oración interior del corazón me hacía sentir tan feliz, que no podía pensar en una felicidad mayor sobre la tierra. Y no se trataba únicamente de una realidad interior; el mismo mundo exterior tenía para mí algo diverso; todo lo miraba con una luz especial. ¡Todo me llevaba a alabar más al Señor, y a darle gracias! Los hombres, las plantas, los animales... todo me parecía tener una presencia del Señor, que yo antes no descubría. Ahora todo se me hacía más familiar. A veces, parecía como si el cuerpo perdiese su peso natural y yo me sintiese liviano y ágil, sin notar la pesadez del cuerpo. Otras veces entraba de tal manera en mi interior, que admiraba la disposición del cuerpo, de todos sus miembros, de su hermosura... Y daba por ello gracias a Dios. A veces sentía una gran alegría, como si me hubieran nombrado zar... A veces, deseaba experimentar pronto la muerte, para poder testimoniarle mi agradecimiento en el mundo de los espíritus puros.”

“La oración siempre agrada a Dios y es útil para nuestra salvación, sean cuales fueren los sentimientos que tengas durante la misma. Lo dicen los santos Padres. Ninguna oración, ya sea rica o pobre según nuestro juicio, se perderá ante Dios. El consuelo, fervor y dulzura manifiestan que Dios te premia y consuela por el esfuerzo realizado; la pesadez, tristeza y aridez significan que, está purificando y fortaleciendo tu alma, salvándola con esta prueba saludable, disponiéndola a saborear con humildad la futura felicidad.”

“Los Apóstoles, que llevaban ya más de un año como discípulos de Jesús, y recibieron de Él su oración, el Padrenuestro, que nos han legado, y sin embargo, al final de su existencia terrena, Jesucristo les reveló el misterio que aún ignoraban, para que su oración fuese realmente eficaz. Les dijo: «Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre. Yo os aseguro: lo que pidáis en mi nombre al Padre, os lo dará» (Jn 16,23-24)”

“El método más eficaz para combatir la pereza y la negligencia frente a la oración consiste en la paciencia y la espera para obtener con la ayuda de Dios, la perfección y la dulzura, la estática percepción del amor divino. Con la oración se pueden obtener sin dificultad sensaciones interiores dulces y deseables; una alegría que desborda el mismo corazón, un placentero calor y una luz que resplandece interiormente, un entusiasmo indescriptible, y además alegría, paz interior, serenidad, felicidad plena y amor por la vida. «El gozo es la alegría proveniente de la esperanza que florece en el corazón; y la salud del corazón consiste en la prefiguración de esta esperanza». Y prosigue: «De hecho, todo deseo humano presupone, desde su inicio hasta su conclusión, un cierto método y la esperanza de su cumplimiento... Lo cual estimula la mente para iniciar la acción y continuarla. Esta finalidad refuerza la mente para superar los obstáculos y la conforta para llevar a término cuanto ha proyectado».”

“El espíritu humano no se contenta únicamente con lo que es sólo cuestión de los sentidos puesto que el innato amor propio nunca se mitiga. Esa es la causa por la cual los deseos se desarrollan siempre más y más, los esfuerzos por alcanzar la felicidad se intensifican, llenan la imaginación e incitan a los sentimientos hacia este mismo fin. El espontáneo surgir de este deseo interior es el natural impulso a la oración, pues la excesiva exaltación del amor propio no logra nunca satisfacer al ser humano. Cuanto menos consigue el hombre natural alcanzar la felicidad y cuanto más la desea, tanto más encuentra en la oración un desahogo. Se vuelve para orar a la desconocida Causa de todo ser, elevándole su petición. De este modo, ese innato amor propio, el principal elemento de la vida, es la causa más profunda que incita al hombre natural a la oración. En su infinita sabiduría, el Creador de todas las cosas ha infundido en la naturaleza humana la capacidad del amor propio, precisamente como estímulo, según la expresión de los Padres, que impulse hacia arriba el ser caído del hombre y lo ponga en contacto con las cosas celestiales.”

“And he said to me, "Truly, nay; for you Christians care not how untruly you serve God. You should set an example to the common people to do well, and you set them an example of doing evil. For the commons, upon festival days, when they should go to church to serve God, go to taverns, and are there in gluttony all day and night, and eat and drink as beasts that have no reason, and know not when they have enough. And also, the Christians encourage one another, in all ways that they may, to fight, and to deceive one another. And they are so proud that they know not how to be clothed; now long, now short, now straight, now large, now with sword, now with dagger, and in all manner of guises. They should be simple, meek, and true, and full of alms-deeds, as Jesus was, in whom they believe ; but they are all the contrary, and ever inclined to evil, and to do evil. And they are so covetous, that for a little silver they sell their daughters, their sisters, and their own wives, to put them to lechery. And one seduces the wife of another, and none of them holdeth faith to another ; but they break their law, that Jesus Christ gave them to keep for their salvation. And thus, for their sins, have they lost all this land which we hold.”

“El que sabe quien es puede humillarse. Jesús sabia quien era. Jesús vio los pies sucios de Pedro, pero entendió que esa suciedad no definía quien era él. Separó sus pies de su corazón, sus errores de su identidad. Nos convertimos en expertos críticos de pies ajenos. ¿Por qué hacemos esto? Porque es más fácil emitir un juicio contra otro que disponerse a ser su lavador de pies.”

“El domingo, después del oficio, había bastantes enfermos; pedían socorros y se les daba sólo palabras: -Has pecado y Dios te aflige. Da gracias, menos tendrás que sufrir en la otra vida. Resígnate, sufre, muere. La Iglesia tiene plegarias para sus difuntos.- Débiles, desmadejados, sin esperanza, ni ganas de vivir, seguían bien este consejo y dejaban escapar la vida.”