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Quote by Antonio Muñoz Molina

“La democracia tiene que ser enseñada, porque no es natural, porque va en contra de inclinaciones muy arraigadas en los seres humanos. Lo natural no es la igualdad sino el dominio de los fuertes sobre los débiles. Lo natural es el clan familiar y la tribu, los lazos de sangre, el recelo hacia los forasteros, el apego a lo conocido, el rechazo de quien habla otra lengua o tiene otro color de pelo o de piel. Y la tendencia infantil y adolescente a poner las propias apetencias por encima de todo, sin reparar en las consecuencias que pueden tener para otros, es tan poderosa que hacen falta muchos años de constante educación para corregirla. Lo natural es exigir límites a los demás y no aceptarlos en uno mismo. Creerse uno el centro del mundo es tan natural como creer que la Tierra ocupa el centro del universo y que el Sol gira alrededor de ella. El prejuicio es mucho más natural que la vocación sincera de saber. Lo natural es la barbarie, no la civilización, el grito o el puñetazo y no el argumento persuasivo, la fruición inmediata y no el empeño a largo plazo. Lo natural es que haya señores y súbditos, no ciudadanos que delegan en otros, temporalmente y bajo estrictas condiciones, el ejercicio e la soberanía y la administración del bien común. Lo natural es la ignorancia: no hay aprendizaje que no requiera un esfuerzo y que no tarde en dar fruto. Y si la democracia no se enseña con paciencia y dedicación y no se aprende en la práctica cotidiana, sus grandes principios quedan en el vacío o sirven como pantalla a la corrupción y a la demagogia.”

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Todo lo que era sólido

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Antonio Muñoz Molina

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“—Supongamos lo siguiente: en una elección a la que se presentan un pastelero y un médico, ¿qué diría el pastelero del médico y de sí mismo? —No lo sé, ¿Qué diría? [...] —¿No crees que acusaría al médico de dañar a sus pacientes? ¿De practicarles dolorosas exploraciones, de aplicarles asquerosos ungüentos y de hacerles trasegar brebajes repugnantes? ¿No le acusaría también de prohibirles comer lo que les venga en gana? [...] ¿Y qué diría de sí mismo?¿No diría que le proporciona placeres?[...] ¿Y qué podría responder el médico a todo esto? —Que el daño que causa es por bien del paciente —[...]¿Y a quién votaría el pueblo? —Al pastelero. —[...]Y es por eso que la asamblea vota al pastelero y no a médicos. A veces lo doloroso es positivo, en el largo plazo, mientras que lo placentero...”

“Si no disponemos de más criterios para definir la democracia que la celebración formal de elecciones y la «victoria de la mayoría», y nos da igual que los opositores políticos sean luego discriminados en el acceso a los medios de comunicación, o tengan que lidiar con un sistema electoral que los desfavorece, estaremos pasando por alto que, en un contexto así, los electores no pueden elegir con la debida libertad y el adecuado conocimiento de las diferentes opciones. El país en cuestión será una democracia solo en un sentido nominal, como bien ha señalado Jan-Werner Müller.”

“La democracia es un lujo del norte. Al sur se le permite el espectáculo, que eso no se le niega a nadie. Y a nadie molesta mucho, al fin y al cabo, que la política sea democrática, siempre y cuando la economía no lo sea. Cuando cae el telón, una vez depositados los votos en las urnas, la realidad impone la ley del más fuerte, que es la ley del dinero. Así lo quiere el orden natural de las cosas. En el sur del mundo, enseña el sistema, la violencia y el hambre no pertenecen a la historia, sino a la naturaleza, y la justicia y la libertad han sido condenadas a odiarse entre sí.”

“Para alguém de um país ocidental com tendência democrática, o senhor Ikea desenvolvera um conceito comercial no mínimo insólito: a visita forçada ao seu estabelecimento. Assim, se quisesse aceder à zona de self-service situada no rés do chão, o cliente era obrigado a subir ao primeiro andar, percorrer um gigantesco e interminável corredor que serpenteava entre quartos, salas e cozinhas em exposição, cada espaço mais bonito do que o anterior, passar por um restaurante aliciante, comer umas almôndegas ou wraps de salmão e só depois descer à secção de vendas para finalmente efetuar as suas compras. Em suma, uma pessoa que quisesse comprar três parafusos e duas cavilhas saía quatro horas depois com uma cozinha equipada e uma boa indigestão. Os suecos, pessoas muito previdentes, tinham inclusive desenhado uma linha amarela no chão para indicar o caminho a seguir, não fosse dar-se o caso de um visitante ter a má ideia de se desviar do rumo certo.”

“―La democracia es una broma. ―Sí. Muy incisivo ―dijo Jackson, satisfecho―. Una buena tesis también. En teoría es posible que el cincuenta y uno por ciento de la población desplume todo lo que puede al otro cuarenta y nueve por ciento. Ese tipo de Venezuela, ¿cómo se llama? Howard Chávez, algo así. Así hace él las cosas. En serio, él sólo envía cheques a los marginados. Les das a los gorrones dinero ajeno y después te votan.”

“A sociedade estava em declínio — e eu não queria ter nada com aquilo. O pior era ver que, ainda assim, se podia encontrar quem depositasse esperança naquela merda, quem acreditasse que tempos melhores viriam — a esperança sempre foi o psicotrópico dos ingênuos. Essa gente que parecia não se dar conta de que quem mais gostava das coisas como estavam (e torcia para que tudo continuasse exatamente como estava) era aquele pessoal escroto nas partes de cima da pirâmide. (Sim, a porra da pirâmide social, essa mesma!) Afinal de contas, a maioria ali sabia muito bem tirar muito proveito dessa vasta fauna de ignorantes esfomeados que as escolas produziam. Gente que, mais tarde, em troca de tão pouco, vinham lustrar seus sapatos caros, dirigir seus carros, abrir-lhes as portas, limpar suas privadas chiques e fétidas, trocar as fraldas igualmente repugnantes de seus filhinhos perfumados e mimados que, desde cedo, aprendiam a cagar em cima dos que os serviam. ‘A democracia num país de ignorantes é o paraíso terrestre dos patifes oportunistas.’.”