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So Much for That

Book by Lionel Shriver · 14 quotes · Enfermedad, Amor, Artists

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So Much for That Quotes

“Pregnancy had seemed a reasonable excuse for letting her metal-smithing tools languish, but that accounted for only eighteen months of the last twenty-six years. Motherhood wasn't the real problem, though it took him a long time to figure out what was. She needed resistance, the very quality that metal most demonstrably offered up. Suddenly Glynis had no difficulty to overcome, no hard artisan's life with galleries filching half the too-small price of a mokume brooch that had taken three weeks to forge. No, her husband made a good living, and if she slept late and dawdled the afternoon away reading Lustre, American Craft Magazine and Lapidary Journal, the phone bill would still get paid. For that matter, she needed need itself. She could overcome her anguish about embarking on an object that, once completed, might not meet her exacting standards only if she had no choice. In this sense, his helping had hurt her. By providing the financial cushion that should have facilitated making all the metal whathaveyou she liked, he had ruined her life. Wrapped in a slackening bow, ease was a poisonous present.”

“El tema del amianto…, a ella le imprime cierto rumbo. Hace que el cáncer parezca algo más importante que una pequeña desgracia personal, que parezca algo más que pura y absurda mala suerte. La conecta con el mundo. Con la historia, con la política, con la justicia. Y entiendo por qué se aferra a eso. Porque creo que ésa es la parte más dura cuando uno enferma, vivir en un universo separado de todos los demás, como exiliado en un país extranjero.”

“—Pero lo más difícil del mundo es llegar a entender lo que «quieres». A mí me parece que eso que has planeado durante tanto tiempo era una enorme crisis existencial. Otra vez el pasado, pinchándole el cuello como una etiqueta con las instrucciones de lavado, y Shep nunca había sido capaz de entender del todo esa palabra. Existencial. —Puede que al final resulte que no quiero nada en especial. —¿Y entonces? ¿Qué harías? ¿Pasarte el día tumbado y dormitando? Mírame a mí. Sinceramente, no es una perspectiva emocionante. Al contrario, sonaba fantástico. Sólo faltaba una hora y veinte minutos para que sonara el despertador. —No puedes disfrutar de este tiempo libre porque es algo impuesto —dijo Shep—. Y porque te sientes fatal. Por eso es precioso el tiempo que tenemos mientras nos sentimos bien. No estoy simplemente desperdiciando mi vida haciendo chapuzas con placas de yeso en Queens. Estoy desperdiciando mi vida mientras tengo salud. Y tú más que nadie deberías apreciar lo injusto que es. Trabajamos como esclavos los pocos años que estamos en condiciones de disfrutar; lo que nos queda son los años de la vejez y la enfermedad. Nos enfermamos a cuenta de nuestro tiempo, y sólo tenemos tiempo libre cuando pesa sobre nosotros, cuando no nos sirve para nada. Cuando ya no es una oportunidad, sino una carga.”

“Era demasiada la atracción que sentía por ella, pero estaba acostumbrado a esa demasía, y si lo único que quedaba era el amor cálido, en el que primaban la estima y la admiración, sin el amor visceral, el indecoroso, sórdido y animal, él se sentiría inferior, el amor puro y altruista también parecería inferior, y la mera bondad lo haría menor, y menos interesante y adictivo. No quería dejar de sentirse atraído por ella. No era fácil de afrontar, pero hacía veintiséis años que no amaba sólo a una mujer. Había amado un cuerpo.”

“―La democracia es una broma. ―Sí. Muy incisivo ―dijo Jackson, satisfecho―. Una buena tesis también. En teoría es posible que el cincuenta y uno por ciento de la población desplume todo lo que puede al otro cuarenta y nueve por ciento. Ese tipo de Venezuela, ¿cómo se llama? Howard Chávez, algo así. Así hace él las cosas. En serio, él sólo envía cheques a los marginados. Les das a los gorrones dinero ajeno y después te votan.”

“No sabía qué era el carácter, ni qué grado de coacción era necesario para que se rompiera y se adaptara a una nueva forma que no se parecía en nada a la persona que la «Familia», los «Amigos íntimos» e incluso los «No tan íntimos» imaginaban haber conocido. Era posible incluso que el «carácter» y la «personalidad», su prima más superficial, fueran sutilezas, meros detalles, caprichos ornamentales de la buena salud, entretenimientos opcionales, como los bolos a los que los enfermos no se podían permitir jugar.”

“—Pero no te habría gustado tener una mujer gorda, ¿verdad? —Sí. ¿Y ahora? Me encantaría una mujer gorda. Ojalá te pusieses como una foca. Me gustaría que fueses enorme. De hecho, por lo que ahora sé, no entiendo por qué los médicos no aconsejan a todo el mundo que engorden unos diez kilos mientras se tiene la posibilidad de hacerlo. No quiero defender la obesidad, pero hay una razón para estar gordo. Es un recurso.”