Quotessence
Home / Topics / Salem S Lot Quotes

Salem S Lot Quotes

Browse 10 quotes about Salem S Lot.

Salem S Lot Quotes

“Em Drácula, o vampiro, personificação da perversidade e do mal, era repelido pelo símbolo religioso em si, que se tornava uma arma que emanava poder; em ‘Salem, o símbolo somente tinha poder na medida em que a pessoa que o empunhasse houvesse nele depositado uma fé inabalável; já em Eu Sou a Lenda, por outro lado, não importava a fé de quem empunhava o símbolo, e sim, o entendimento do vampiro de seu lugar perante a ele. Entende-se, portanto — embora a narrativa não aprofunde o tema —, que cruzes ou hóstias não teriam qualquer tipo de efeito sobre vampiros que haviam sido ateus, por exemplo. A internalização do ódio parecia residir no âmago do processo.”

“É possível verificar que conforme a doença-vampirismo se espalha pela narrativa, ela progressivamente a contamina com um discurso viral, que acaba permeando toda a ação: as pessoas se sentem “doentes”, “um lixo”, mas “deve ser só gripe”; se Mike está doente, “alguns acham que ele pegou alguma doença do Danny Glick”; quando a mãe de Danny Glick começa a ter sonhos estranhos com o filho morto, seu marido nota como “ela estava pálida [...] os lábios haviam perdido a cor natural, e ela ganhara olheiras escuras”; se a Casa Marsten fede, o odor “lembrava lágrimas, vômito e trevas”; se a indústria dos trailers cresce, ela cresce “como uma epidemia”; se o medo de uma doença indizível se espalha, “fantasias paranoicas podem ser contagiosas”; se o vampiro logra atacar-me, “não encosta em mim, fui contaminado”.”

“Antes de abandonarse por completo, Mark se dio cuenta de que estaba pensando, y no por primera vez, lo extraño que eran los adultos. Tomaban laxantes, alcohol o píldoras para dormir, para ahuyentar sus terrores y conseguir conciliar el sueño, y sus temores eran tan mansos, tan domésticos: el trabajo, el dinero, lo que pensará la maestra si Jennie no va a la escuela mejor vestida, si me amará mi mujer, quiénes serán mis amigos. Pálidos miedos comparados con los que experimentan todos los niños en la oscuridad de sus lechos, sin poder confesárselos a nadie en la esperanza de ser comprendido, a no ser a otro niño. No hay terapia de grupo ni psiquiatría ni servicios sociales de la comunidad para el niño que debe hacer frente a eso que todas las noches está en el sótano o debajo de la cama, a eso que acecha, se mueve y amenaza detrás del punto donde la visión se acaba. Y noche tras noche hay que librar la misma batalla solitaria, y la única cura es que al final las facultades imaginativas terminan por anquilosarse, y a eso se le llama ser adulto.”

“Si algo hacía de él un ser aparte, era su reserva, un calmo autodominio que nadie le había inculcado; aparentemente, Mark había nacido así. Cuando su perrito Chopper fue atropellado por un coche, Mark insistió en ir con su madre al veterinario. Cuando éste le dijo: «Tendremos que dormir a tu perro, hijo mío. ¿Comprendes por qué?» Mark contestó: «No le van a hacer dormir. Lo van a matar con gas, ¿no es eso?» El veterinario asintió. Mark le dijo que estaba bien, que lo hiciera, pero primero besó a Chopper. Le había dolido, pero no había llorado, ni las lagrimas habían aflorado. Su madre sí había llorado, pero tres días después, Chopper era para ella parte de un nebuloso pasado, cosa que nunca sería para Mark. Ése era el valor de no llorar. Llorar era como desparramarlo todo por el suelo.”

“Nasty thing that happened up there. It's stayed in the town's consciousness, too. Of course, tales of nastiness and murder are always handed down with slavering delight from generation to generation, while students groan and complain when they're faced with a George Washington Carver or a Jonas Salk. But it's more than that, I think. Perhaps it's due to a geographical freak.”

“But there was more than dullness in the confessional; it was not that by itself that had sickened him or propelled him toward that always widening club, Associated Catholic Priests of the Bottle and Knights of the Cutty Sark. It was the steady, dead, onrushing engine of the church, bearing down all petty sins on its endless shuttle to heaven. It was the ritualistic acknowledgment of evil by a church now more concerned with social evils; atonement told in beads for elderly ladies whose parents had spoken European tongues. It was the actual presence of evil in the confessional, as real as the smell of old velvet. But it was a mindless, moronic evil from which there was no mercy or reprieve. The fist crashing into the baby's face, the tire cut open with a jackknife, the barroom brawl, the insertion of razor blades into Halloween apples, the constant, vapid qualifiers which the human mind, in all its labyrinthine twists and turns, is able to spew forth.”