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Walter J. Ciszek Quotes

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Famous Walter J. Ciszek Quotes

“En el sufrimiento y el sacrificio había un matiz de profunda alegría interior, porque en ellos veías cumplida la voluntad de Dios en una vida que, de otro modo, sería frustrante; veías realizada la gran obra de la salvación. Si miras el sacrificio y el sufrimiento solamente con los ojos de la razón, tiendes a evitarlos todo lo posible, porque el dolor en sí mismo nunca es agradable. Pero, si eres capaz de aprender a ver el papel del dolor y el sufrimiento en relación con el plan redentor de Dios para el universo y para cada alma, tu actitud cambiará. No lo rehúyes cuando te alcanza, sino que lo soportas en la medida de la gracia que recibes.”

“No existe ninguna diferencia entre un hombre de fe y un hombre sin fe (o con poca fe) en la rutina de cada momento de nuestra vida, día tras día, una semana y un mes y un año tras otro. Externamente, nuestras vidas difieren muy poco de la de quienes nos rodean; lo que marca la diferencia, lo que tiene que marcar la diferencia, es la fe que inspira todas nuestras decisiones, nuestras elecciones y nuestras acciones. Sin la fe, nuestras vidas no son más que una rutina vacía, tediosa y hueca, y los días se suceden casi sin sentido y con la sensación de no haber hecho nada importante. Con la fe, sin embargo, hasta la acción más tediosa y rutinaria del día posee un valor y un sentido para nosotros y para el reino de Dios.”

“Esta verdad tan sencilla –la de que el único fin de la vida del hombre en la tierra es hacer la voluntad de Dios– contiene riquezas y recursos suficientes para toda una vida. Una vez que se aprende a vivir juzgándola lo más importante, a ver cada día y cada actividad diaria bajo esa luz, se convierte en algo más que en fuente de salvación eterna: se convierte en una fuente de gozo. La maravilla de la gracia de Dios que transforma las acciones humanas carentes de valor en medios eficaces para extender el reino de Cristo en la tierra causa un asombro y una humildad sin límites, y aporta una paz y una alegría desconocidas para quienes nunca lo han experimentado e inexplicable para los que no creen.”

“¿Qué puede inquietar al alma que acepta cada momento de cada día como un don salido de las manos de Dios, y que lucha por hacer su voluntad? «Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?». Nada, ni siquiera la muerte, puede separarnos de Él. No hay nada que nos afecte que no salga de sus manos; nada puede turbarnos, porque todo procede de ellas. ¿Es esto demasiado simple, o es más bien que nos da miedo creerlo, aceptarlo plenamente y en cada detalle de nuestra vida; que nos da miedo entregarnos a ello con un compromiso total?”

“Durante esos largos de años de soledad y sufrimiento, Dios me condujo a una comprensión de la vida y de su amor que solo quienes la han experimentado son capaces de entender. Me despojó de muchos de los consuelos externos, físicos y religiosos, en los que se apoya el hombre y me dejó como única guía un núcleo esencial de verdades aparentemente simples.”

“Tendemos demasiado fácilmente a asociar nuestra satisfacción con un sentimiento de bienestar, a buscarla únicamente en nuestra comodidad. Perdemos de vista que, por debajo y detrás de todo eso, está Dios, que nos mantiene y sostiene. Dios permite que nuestro mundo se trastoque para recordarnos que no es nuestra morada permanente ni nuestro destino final y trabajemos por nuestro destino eterno y nuestra salvación.”

“Experimenté lo que ya había escuchado de algunos directores espirituales o leído en algunos libros, pero nunca había entendido plenamente: que la voluntad de Dios se puede discernir por los frutos espirituales que trae consigo; que la paz del alma y la alegría del corazón son dos de esas señales, siempre que surjan de un total compromiso, de una plena y exclusiva apertura a Dios, y no residan en los propios deseos. Que la validez de una llamada –bien sea la llamada a una vocación, bien a algún nuevo comienzo dentro de esa vocación– puede probarse por los movimientos del alma que la acompañan. Que los movimientos de la gracia de Dios deben ser siempre aceptados y entendidos a través de la vida de fe, porque, en definitiva, la verdad de toda acción misteriosa de la gracia se distingue a la luz de la fe, y no por la fuerza de la razón o el intelecto.”

“Cada día, todos los días de nuestra vida, Dios nos pone delante personas y ocasiones con las que espera que actuemos. No espera más de nosotros, pero no aceptará menos; y faltamos a nuestra promesa y a nuestro compromiso si no descubrimos su divina voluntad en cada momento de cada día. Cualquier momento de la vida de los hombres es precioso a los ojos de Dios y ninguno se debe malgastar por culpa de las dudas o el desaliento.”

“Como sacerdote, tiene que ofrecer un testimonio especial del poder del reino para transformar todo lo humano, incluso lo torcido y lo distorsionado, lo monótono y lo que parece insignificante. De hecho, las cosas intrascendentes y las aparentemente imposibles son su verdadero desafío. Porque también eso debe ser transformado y redimido para que Cristo alcance su victoria. El reino de Dios no llegará a su cumplimiento en el mundo gracias a una extraordinaria batalla a espada contra el poder de las tinieblas, sino al trabajo y al sufrimiento diarios de cada uno de nosotros como Cristo trabajó y sufrió, hasta que todo acabe transformado. Y ese proceso de transformación continúa hasta el fin de los tiempos.”

“Resistirse a la humillación es algo completamente natural. Retrocedemos ante las experiencias humillantes porque atentan contra nuestra dignidad (que es otra manera de decir que hieren nuestro orgullo). Esa es la clave del problema. Entonces nos vendrá bien recordar quiénes somos nosotros realmente y quién es Dios. Si detrás de esa experiencia solo vemos el daño y lo desagradable del hecho, únicamente puede ser porque hemos perdido de vista, al menos momentáneamente, la voluntad de Dios y su providencia. Porque las humillaciones nacen de las circunstancias, de los acontecimientos y de la gente que Dios nos pone delante cada día; y todas esas cosas no son sino manifestaciones de su providencia. De ahí que debamos aprender a descubrir en todo ello, incluso en las humillaciones, ocasiones para una mayor conformidad con la voluntad de Dios.”