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Quote by Beatriz Preciado

“Con catorce años, mi primera psicoanalista me explica que lo que yo quiero es echarle un pulso a Dios. No entiendo su insistencia en quedebo renunciar, para alcanzar la salud mental, a mí deseo de follar únicamente con el top de la fémina, con las alfa hembras, con las superputitas, un deseo que ella llama «megalómano». Si considera ese deseo como excesivo es porque no soy un bio-hombre; si no ese deseo llevaría simplemente el título de «auto-estima».”

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Beatriz Preciado

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“I remember an answer which when quite young I was prompted to make to a valued adviser who was wont to importune me with the dear old doctrines of the church. On my saying, What have I to do with the sacredness of traditions, if I live wholly from within? my friend suggested--'But these impulses may be from below, not from above.' I replied, 'They do not seem to me to be such; but if I am the devil's child, I will live them from the devil.”

“De ahí que la tremenda satisfación sexual que me brindó la sola unión con Dolores sea, sobre todo, un derivado de aquella conmoción previa. Me mira, y su mirada no es sexo sino vida; sonríe, y su sonrisa no es sexo sino hondura, tristeza, palpable socorro. Pero su mirada y su sonrisa, al recorrerme, estrujan mi corazón, lo aceleran, lo lanzan, y una vez que mi corazón es lanzado a querer, a urgir, a necesitar, somete al sexo, y éste pasa a proceder como mera filial orgánica y sus modos de amor dejan de ser los propios para convertirse en subsidiarios de los modos de amor del corazón.”

“Arte efímero es la música pues se dan en el tiempo: se va deshaciendo a medida que se va haciendo. La pintura y la escultura, en cambio, ahí quedan, ahí están, porque se dan en el espacio. Su problema es que si alguien no las mira, no existen. ¿Y el sexo? Se da en el espíritu y en la carne proyectandose desde aquí hasta el Más Allá, hasta donde dé.”

“Entonces él se inclina sobre mí y rodamos enlazados al hueco del lecho. Su cuerpo me cubre como una grande ola hirviente, me acaricia, me quema, me penetra, me envuelve, me arrastra desfallecida. A mi garganta sube algo así como un sollozo, y no sé por qué empiezo a quejarme, y no sé por qué me es dulce quejarme, y dulce a mi cuerpo el cansancio infligido por la preciosa carga que pesa entre mis muslos...”