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The Way of a Pilgrim

Book by Anonymous · 6 quotes · Cristianismo, Espiritualidad, Dios

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The Way of a Pilgrim Quotes

“Siéntate en soledad y permanece en absoluto silencio. Inclina la cabeza, cierra los ojos, respira suave y profundamente, imagínate que estás mirando en el interior de tu corazón, dirige hacia él todos tus pensamientos. Al ritmo de la respiración pronuncia las siguientes palabras: “Señor, Jesucristo, ¡ten piedad de mí!”, dilo moviendo los labios con dulzura y desde lo más profundo de tu ser. Esfuérzate en alejar de ti todos los demás pensamientos, ten paciencia y repítelo siempre que puedas.”

“La naturaleza de los objetos se aprecia según la disposición interior del alma», es decir, que cada uno se forma una idea de los demás según lo que es él mismo. Y más adelante añade: «Quien ha conquistado esta ciudadela no puede estar atado a la percepción de las cosas. No tiene en cuenta para nada las dulzuras de la vida, no hace diferencia entre lo sagrado y lo profano, sino que, como Dios que hace llover y que salga el sol de igual manera sobre justos e injustos.”

“El espíritu humano no se contenta únicamente con lo que es sólo cuestión de los sentidos puesto que el innato amor propio nunca se mitiga. Esa es la causa por la cual los deseos se desarrollan siempre más y más, los esfuerzos por alcanzar la felicidad se intensifican, llenan la imaginación e incitan a los sentimientos hacia este mismo fin. El espontáneo surgir de este deseo interior es el natural impulso a la oración, pues la excesiva exaltación del amor propio no logra nunca satisfacer al ser humano. Cuanto menos consigue el hombre natural alcanzar la felicidad y cuanto más la desea, tanto más encuentra en la oración un desahogo. Se vuelve para orar a la desconocida Causa de todo ser, elevándole su petición. De este modo, ese innato amor propio, el principal elemento de la vida, es la causa más profunda que incita al hombre natural a la oración. En su infinita sabiduría, el Creador de todas las cosas ha infundido en la naturaleza humana la capacidad del amor propio, precisamente como estímulo, según la expresión de los Padres, que impulse hacia arriba el ser caído del hombre y lo ponga en contacto con las cosas celestiales.”

“Comencé intentando individuar la posición del corazón, según la enseñanza de Simeón el Nuevo Teólogo. Cerré los ojos, concentrando todas las fuerzas de imaginación en el corazón. Este ejercicio me duraba media hora, y lo repetía varias veces. Al principio sólo sentía una impresión de oscuridad; pero no tardó en aparecer mi corazón y sentir sus movimientos profundos. Luego traté de sincronizarlos con la oración a Jesús, como lo enseñan los santos Padres Gregorio el Sinaíta, Calixto e Ignacio. Aspirando el aire, dirigía la mirada hacia el corazón y decía: Señor Jesucristo. Y luego, expirando continuaba: ten misericordia de mí. Lo fui repitiendo, primero durante una hora, después durante dos, y posteriormente, gracias al ejercicio continuo, casi todo el día. Cuando se me hacía difícil, o sentía pereza o fatiga, abría de nuevo la Filocalía, y leía en seguida los puntos que trataban de la oración interior, y de nuevo sentía ganas de practicarla.”

“La oración interior del corazón fue mi compañera y consuelo a lo largo de la peregrinación. Nada la impedía, ni las ocupaciones, ni las circunstancias exteriores. La misma oración parecía ayudarme a resolver los problemas que se me presentaban. Cuando leía o escuchaba, la oración seguía manando del interior de mi corazón. Parecía como si se desdoblase mi personalidad o hubiese dos almas en mí, una que escuchaba y otra que oraba.”

“Todos pueden llegar a ella. Basta con sumergirse silenciosamente en el propio corazón, invocando con la mayor frecuencia posible el nombre de Jesús. Inmediatamente se descubre una luz interior y todo se hace más comprensible. Lo que nos pasa a los mortales, es que estamos muy lejos de nosotros mismos y no nos interesa entrar en nuestro interior. Huimos de nosotros mismos. Nos perdemos en cuatro bagatelas con tal de no encontrarnos en profundidad con nosotros mismos. Buscamos escapatorias, con lo que nuestros deseos se quedan en palabras. Con frecuencia nos decimos: me gustaría hacer oración, mirar en mi interior..., pero no tengo tiempo, las ocupaciones y los negocios me impiden dedicarme a ello. Tendríamos que preguntarnos de verdad, qué es lo más importante, si la vida del alma que tiene límites de eternidad, o el cuerpo, que tiene una vida pasajera.”