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Quote by Eduardo Galeano

“El olvido, dice el poder, es el precio de la paz, mientras nos imponen una paz fundada en la aceptación de la injusticia como normalidad cotidiana. Nos han acostumbrado al desprecio de la vida y a la prohibición de recordar. Los medios de comunicación y los centros de educación no suelen contribuir mucho, que digamos, a la integración de la realidad y su memoria. Cada hecho está divorciado de los demás hechos, divorciado de su propio pasado y divorciado del pasado de los demás. La cultura de consumo, cultura del desvínculo, nos adiestra para creer que las cosas ocurren porque sí. Incapaz de reconocer sus orígenes, el tiempo presente proyecta el futuro como su propia repetición, mañana es otro nombre de hoy: la organización desigual del mundo, que humilla a la condición humana, pertenece al orden eterno, y la injusticia es una fatalidad que estamos obligados a aceptar o aceptar.”

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Eduardo Galeano
Eduardo Galeano

Eduardo Galeano was a Uruguayan journalist, writer, and intellectual, renowned for his insightful exploration of Latin American history, politics, and culture. His work as a journalist and his influential books have made him a significant figure in Latin American literature. more

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“Cuando la conciencia individual y la conciencia social se convierten en una, el más mínimo rastro del acto humano puede desencadenar un tsunami de cambio en el mundo. Cuando la separación ilusoria entre el yo y la sociedad es demolida por la voluntad del yo sin ambición, todo lo que queda es paz, piedad y progreso.”

“I travel your body, like the world, your belly is a plaza full of sun, your breasts two churches where blood performs its own, parallel rites, my glances cover you like ivy, you are a city the sea assaults, a stretch of ramparts split by the light in two halves the color of peaches, a domain of salt, rocks and birds, under the rule of oblivious noon, dressed in the color of my desires, you go your way naked as my thoughts, I travel your eyes, like the sea, tigers drink their dreams in those eyes, the hummingbird burns in those flames, I travel your forehead, like the moon, like the cloud that passes through your thoughts, I travel your belly, like your dreams, your skirt of corn ripples and sings, your skirt of crystal, your skirt of water, your lips, your hair, your glances rain all through the night, and all day long you open my chest with your fingers of water, you close my eyes with your mouth of water, you rain on my bones, a tree of liquid sending roots of water into my chest”

“Nada podía separarme de Dios, porque Él estaba en todo. Ningún peligro podía amenazarme, ningún temor podía estremecerme, excepto el de dejar de verle a Él. Por escondido que estuviera el futuro, estaba escondido en su voluntad y, por lo tanto, yo sería capaz de aceptarlo, trajera consigo lo que trajera. El pasado, con todos sus fallos, no estaba olvidado: seguía ahí para recordarme la fragilidad de la naturaleza humana y la necedad de poner la confianza en uno mismo. Pero ya no me pesaba. Ya no confiaba en mi propia guía, ya no dependía de mí mismo, así que no podía volver a fallar. Al renunciar completa y definitivamente a todo control sobre mi vida y mi destino futuro, me liberaba de cualquier responsabilidad. Me liberaba de la angustia y la preocupación, de toda tensión, y podía flotar serenamente, con perfecta paz de espíritu, en la marea de la providencia divina que me sostenía.”

“Propio es del mal espíritu morder, tristar y poner impedimentos, inquietando con falsas razones para que no pase adelante; y propio del bueno dar ánimo y fuerzas, consolaciones, lágrimas, inspiraciones y quietud, facilitando y quitando todos impedimentos, para que en el bien obrar proceda adelante.”

“Después de unas tres semanas comencé a sentir un dolor en el corazón, pero acompañado de un gran gozo y una feliz sensación de serenidad. Esto me dio más fuerza para intensificar la oración; dominaba mis pensamientos, sentía un gran gozo y parecía como si mi cuerpo estuviera libre de la ley de la gravedad. Me veía arrebatado y transformado, invadido por el entusiasmo. Sentía un amor ardiente por la persona de Jesús y por toda la creación. A veces las lágrimas se derramaban por mis mejillas, sin yo quererlo, eran un instrumento de agradecimiento a Dios, que había tenido realmente misericordia de mí, miserable pecador. A veces se iluminaba mi pobre entendimiento, y comprendía lo que en otros momentos me había parecido sumamente oscuro. Otras veces mi corazón se hacía eco de un sentido particular de presencia. Con sólo pronunciar el nombre de Jesús me sentía feliz. Entonces comprendí lo que significan las palabras del Evangelio: «El reino de Dios está en medio de vosotros» (Lc 17,21)”