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Beatriz Preciado Quotes

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Famous Beatriz Preciado Quotes

“El sexo, su verdad, su visibilidad, sus formas de exteriorización, la sexualidad, los modos normales y patológicos del placer, y la raza, su pureza o su degeneración, son tres potentes ficciones somáticas que obsesionan al mundo occidental a partir del siglo XIX hasta constituir el horizonte de toda acción teórica, científica y política contemporánea. Son ficciones somáticas no porque no tengan realidad material, sino porque su existencia depende de lo que Judith Butler ha denominado la repetición performativa de procesos de construcción política.”

“Hasta el siglo XVII, coincidiendo con un régimen soberano de sexualidad, la epistemología sexual está dominada por lo que el historiador Thomas Laqueur llama «un sistema de semejanzas» que permite leer la anatomía sexual femenina como una variación débil, interiorizada y degenerada del único sexo que tiene existencia ontológica: el sexo masculino. Los ovarios son entendidos como testículos interiorizados y la vagina como un pene invertido que sirve de receptáculo, según una metáfora de inseminación agrícola, al sexo masculino. El aborto y el infanticidio son prácticas corrientes no reguladas por entidades estatales, sino por los diferentes poderes económico-políticos a los que el cuerpo gestante se encuentra atado en cada caso (tribu, casa feudal, pater familias, etc.). Se trata, podríamos decir siguiendo a Laqueur, de un modelo mono-sexual (masculino) del que surgen dos expresiones sociales y políticas jerárquicamente diferenciadas: «el hombre», canon de lo humano, y «la mujer», receptáculo reproductivo.”

“Queremos apoderarnos del género, redefinir nuestros cuerpos y crear redes libres y abiertas donde poder desarrollarnos, donde cualquiera pueda construir sus mecanismos de seguridad contra las presiones de género. No somos víctimas, nuestras heridas de guerra nos sirven como escudo... Nos presentamos no como terroristas, sino como piratas, trapecistas, guerrilleros, RESISTENTES del género… Defendemos la duda, creemos en el «volver atrás» médico como un seguir hacia delante, pensamos que ningún proceso de construcción debe tacharse de IRREVERSIBLE. Queremos visibilizar la belleza de la androginia. Creemos en el derecho a quitarse las vendas para respirar y el de no quitárselas nunca, en el derecho a operarse con buenos cirujanos y no con CARNICEROS, en el libre acceso a los tratamientos hormonales sin necesidad de certificados psiquiátricos, en el derecho a auto-hormonarse. Reivindicamos el vivir sin pedir permiso... Ponemos en duda el protocolo médico español que desde hace años establece unas pautas absurdas y tránsfobas para cualquier ciudadano que desea tomar hormonas de su «sexo» contrario. No creemos en las disforias de género, ni en los trastornos de identidad, no creemos en la locura de la gente, sino en la locura del sistema. No nos clasificamos por sexos, nosotros somos todos diferentes independientemente de nuestros genitales, nuestras hormonas, nuestros labios, ojos, manos... No creemos en los papeles, en el sexo legal, no necesitamos papeles, ni menciones de sexo en el DNI, creemos en la libre circulación de hormonas (que, de hecho, ya existe..). No queremos más psiquiatras, ni libro de psiquiatras/ psicólogos, no queremos más «Test de la Vida Real»... No queremos que nos traten como enfermos mentales..., porque no lo somos... ¡y así es cómo nos llevan tratando desde hace mucho tiempo! Creemos en el activismo, en la constancia, en la visibilidad, en la libertad, en la resistencia... GUERRILLA TRAVOLAKA”

“Primera falacia desenmascarada: tomar testosterona no nos cambia de sexo; cambia (o puede cambiar, dependiendo de la dosis) el modo en el que el género es descodificado socialmente. Segunda falacia desenmascarada: la testosterona no tiene por qué ser utilizada para cambiar de género, sino simplemente como cualquier otra droga, para modificar el cuerpo y sus afectos.”

“La industria del sexo no es únicamente el mercado más rentable de Internet, sino que es el modelo de rentabñidad máxima del mercado cibernético en su conjunto (solo comparable a la especulación financiera): inversión mínima, venta directa del producto en tiempo real, de forma única, produciendo la satisfacción inmediata del consumidor en y a través de la visita al portal. Cualquier otro portal de Internet se modela y se organiza de acuerdo con esta lógica masturbatoria de consumo pornográfico. Si los analistas comerciales que dirigen Google o Ebay siguen con atención las fluctuaciones del mercado ciberporno, es porque saben que la industria de la pornografía provee un modelo económico de la evolución del mercado cibernético en su conjunto. Si tenemos en consideración que las industrias líderes del capitalismo postfordista, junto con la empresa global de la guerra, son la industria farmacéutica (bien como extensión farmacológica legal del aparato científico médico y cosmético, bien como tráfico de drogas consideradas ilegales) y la industria pornográfica, entonces habría que darle un nombre más crudo a esta «materia prima». Osemos la hipótesis: las verdaderas materias primas del proceso productivo actual son la excitación, la erección, la eyaculación, el placer y el sentimiento de autocomplacencia y de control omnipotente. El verdadero motor del capitalismo actual es el control farmacopornográfico de la subjetividad, cuyos productos son la seratonina, la testosterona, los antiácidos, la cortisona, los antibióticos, el estradiol, el alcohol y el tabaco, la morfina, la insulina, la cocaína, el citrato de sidenofil (Viagra) y todo aquel complejo material-virtual que puede atildar a la producción de estados mentales y psicosomáticos de excitación, relajación y descarga, de omnipotencia y de total control. Aquí, incluso el dinero se vuelve un significante abstracto psicotrópico. El cuerpo adicto y sexual, el sexo y todos sus derivados semiótico-técnicos son hoy el principal recurso del capitalismo postfordista.”

“Dentro de este sistema de reconocimiento, la divergencia corporal frente a la norma (talla y forma de los órganos sexuales, vello facial, forma y talla de los senos) es considerada como monstruosidad, violación de las leyes de la naturaleza, o perversión, violación de las leyes morales. Junto con la elevación de la diferencia sexual a categoría no solo natural, sino trascendental (como si estuviera más allá de todo contexto histórico o cultural), aparecen también las diferencias oposicionales entre homosexualidad y heterosexualidad, entre sadismo, masoquismo y pedofilia, entre normalidad y perversión. Aquello que hasta ahora eran simples prácticas sexuales se transforman en identidades y en condiciones políticas que deben ser estudiadas, repertoriadas, perseguidas, castigadas, curadas. Se inventan así el niño masturbador y el monstruo sexual. Cada cuerpo, nos dice Foucault, se vuelve un «individuo que es necesario corregir». La mujer barbuda, bajo esta nueva mirada epistemosexual, se convierte en objeto de observación científica o de espectáculo circense. Este doble movimiento, vigilancia medicojurídica y espectacularización mediática, exacerbado a través de técnicas informáticas y digitales de visión y difusión de información, será una de las características del régimen farmacopornográfico que comienza su expansión a mediados del siglo XX.”

“Con catorce años, mi primera psicoanalista me explica que lo que yo quiero es echarle un pulso a Dios. No entiendo su insistencia en quedebo renunciar, para alcanzar la salud mental, a mí deseo de follar únicamente con el top de la fémina, con las alfa hembras, con las superputitas, un deseo que ella llama «megalómano». Si considera ese deseo como excesivo es porque no soy un bio-hombre; si no ese deseo llevaría simplemente el título de «auto-estima».”

“Tú eres el único que podría leer este libro, Delante de esa cámara más que visible, «siento por primer vez la tentación de hacerme un autorretrato para ti». Dibujar una imagen de mí mismo como si fuera tú. Drag you. Travestirme en ti. Hacerte volver a la vida a través de la imagen. Ahora ya estáis todos muertos: Amelia, Hervé, Michel, Karen, Jackie, Teo y Tú. ¿Pertenezco yo más a vuestro mundo que al mundo de los vivos? ¿Acaso mi política no es la vuestra, mi casa no es la vuestra, mi cuerpo no es el vuestro? Reencarnaos en mí, tomad mi cuerpo como los extraterrestres tomaban a los americanos para convertirlos en vainas vivientes. Reencárnate en mí, posee mi lengua, mis brazos, mis sexos, mis dildos, mi sangre, mis moléculas, posee a mi chica, mi perra, habítame, vive en mí. Ven. Ven. Please don't leave. Vuelve a la vida. Hold on to my sex. Low, down, dirty. Stay with me. Este libro no tiene razón de ser fuera del margen de incertidumbre que existe entre yo y mis sexos, todos imaginarios, entre tres lenguas que no me pertenecen, entre tú-vivo y tú-muerto, entre mi deseo de portar tu estirpe y la imposibilidad de resucitar tu esperma, entre tus libros eternos y silenciosos y el flujo de palabras que se agolpa para salir a través de mis dedos, entre la testosterona y mi cuerpo, entre V. y mi amor por V.”

“Sin embargo, parece posible dibujar una cronología de las transformaciones de la producción industrial del último siglo desde el punto de vista del que se convertirá progresivamente en el negocio del nuevo milenio: la gestión política y técnica del cuerpo, del sexo y de la sexualidad. Dicho de otro modo, resulta hoy filosóficamente pertinente llevar a cabo un análisis sexopolítico de la economía mundial. Si desde un punto de vista económico, la transición a un tercer tipo de capitalismo, después de los regímenes esclavista e industrial, se sitúa habitualmente en torno a los años setenta, la puesta en marcha de un nuevo tipo de «gubernamentalidad del ser vivo» emerge de las ruinas urbanas, corporales, psíquicas y ecológicas de la Segunda Guerra Mundial —y en el caso de España, de la Guerra Civil. ¿Pero cómo el sexo y la sexualidad, se preguntarán, llegan a convertirse en el centro de la actividad política y económica? Síganme: Durante el período de la guerra fría, Estados Unidos invierte más dólares en investigación científica sobre el sexo y la sexualidad que ningún otro país a lo largo de la historia. La mutación del capitalismo a la que vamos a asistir se caracterizará no solo por la transformación del sexo en objeto de gestión política de la vida (como ya había intuido Foucault en su descripción «biopolítica» de los nuevos sistemas de control social), sino porque esta gestión se llevará a cabo a través de las nuevas dinámicas del tecnocapitalismo avanzado. Pensemos simplemente que el período que va desde el final de Primera Guerra Mundial a la guerra fría constituye un momento sin precedente de visibilidad de las mujeres en el espacio público, así como de emergencia de formas visibles y politizadas de la homosexualidad en lugares tan insospechados como, por ejemplo, el ejército americano. El macartismo americano de los años cincuenta suma a la persecución patriótica del comunismo la lucha contra la homosexualidad como forma de antinacionalismo, al mismo tiempo que exalta los valores familiaristas de la masculinidad laboriosa y la maternidad doméstica. Se abren durante este tiempo decenas de centros de investigación sobre la sexualidad en Occidente como parte de un programa de salud pública. Al mismo tiempo, los doctores George Henry y Robert L. Dickinson llevan a cabo la primera demografía de la «desviación sexual», un estudio epistemológico conocido con el nombre de «Sex Variant», al que más tarde seguirán el Informe Kinsey sobre la sexualidad y los protocolos de Stoller sobre la feminidad y la masculinidad.”