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Sándor Márai Books

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La mujer justa

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Füves könyv

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Related Quotes

“«Improvvisamente ho capito che non c'è nessuna persona giusta. Non esiste né in terra né in cielo né da nessun'altra parte, puoi starne certa. Esistono soltanto le persone, e in ognuna c'è un pizzico di quella giusta, ma in nessuna c'è tutto quello che ci aspettiamo e speriamo. Nessuna racchiude in sé tutto questo, e non esiste quella certa figura, l'unica, la meravigliosa, la sola che potrà darci la felicità. Esistono soltanto delle persone, e in ognuna ci sono scorie e raggi di luce, tutto…».”

“Byla neurčitelná a nezařaditelná, jako by ji úplne nepojímala žádná národnost a třída, jako by se příroda jednou pokusila vytvořit samostatnou nezávislou a svobodnou bytost, někoho, kdo nepatří do žádné vrstvy a k žádnému původu...její pýcha byla jíná než těch, kdo si zakládají na své hodnosti, původu, majetku...byla hrdá na tu ušlechtilou divokost, která již přebývala v srdci a v nervech jako nějaký jed a dědicství...Nebylo možné ji urazit, nebylo možné ji postavit před situaci, před níž by couvla, nesnášela omezování v jakémkoli smyslu slova. A znala ješte něco, co se v ženských charakterech objevuje vzácně: znala vnitřní odpovědnost vyplývající z lidské důstojnosti.”

“They had no need of one of those pacts of the kind that are in common among boys of their age, who swear friendship with comical solemn rituals and the sort of portentous intensity invoked by people when for the first time they experience, in unconscious and distorted form, the need to remove another human being from the world, body and soul, and make him uniquely theirs. For that is the hidden force within both friendship and love. Their friendship was deep and wordless, as are all the emotions that will last a lifetime. And like all great emotions, this one contained within itself both shame and a sense of guilt, for no one may isolate one of his fellows from the rest of humanity with impunity.”

“Utolsó leheletemmel is köszönöm a sorsnak, hogy ember voltam, és az értelem szikrája világított az én homályos lelkemben is. Láttam a földet, az eget, az évszakokat. Megismertem a szerelmet, a valóság töredékeit, a vágyakat és a csalódásokat. A földön éltem és lassan felderültem. Egy napon meghalok: s ez is milyen csodálatosan rendjén való és egyszerű! Történhetett velem más, jobb, nagyszerűbb? Nem történhetett. Megéltem a legtöbbet és a legnagyszerűbbet, az emberi sorsot. Más és jobb nem is történhetett velem.”

“Junto a la atracción de la ideología nazi, de los ideales pangermánicos y los gritos de guerra antisemitas cada vez más estridentes y llenos de odio, había otra tendencia durante aquellos años de la que se hacía eco la prensa húngara. En los periódicos y las revistas escritos y editados por agentes pagados por los nazis y sus simpatizantes húngaros, que tenían muchísimos lectores, empezaron a publicarse alegatos contra la forma de vida burguesa, la ideología burguesa y la cultura burguesa. En paralelo al odio racial y al culto de la ascendencia, la prensa se dedicó a la agitación social. El proceso se comprende mejor si se analiza con una «perspectiva histórica»: lo iniciaron los nazis cuando afirmaron que ni los judíos ni en general ninguna persona de «raza extranjera» tenían cabida en el país, y lo terminaron diez años más tarde los bolcheviques al afirmar que en Hungría nadie tenía derecho a vivir, trabajar, ocupar un cargo público o educativo en el sector cultural ni a ganarse el pan si era «enemigo de clase», es decir, si no descendía de obreros agrarios o industriales... Una progresión sin duda dotada de una lógica impecable y de una coherencia despiadada. Las revistas y periódicos nazis húngaros empezaron a lanzar ataques contra «la burguesía judía», y diez años más tarde las revistas y periódicos bolcheviques húngaros —con muy pocos cambios, casi al pie de la letra— volverían a imprimir esos mismos ataques limitándose a omitir —y en algunos casos ni siquiera eso— el calificativo de «judío» junto al de «burgués». La prensa nazi húngara, con artículos abiertamente antiburgueses redactados con fervor en los semanarios y revistas especializados, empezó a atacar a todos los que —judíos o no— pertenecían a la clase burguesa, vivían un estilo de vida burgués y se habían educado dentro de la cultura burguesa. Al principio se empleó un tono burlón, irónico y despectivo, para pasar luego a una mezcla confusa de argumentos «científicos» e «históricos» recogidos por los «expertos», todo ello con el fin de demostrar que la burguesía, como clase, modo de vida y mentalidad estaba caducada. Como su argumentación histórica y cultural era endeble, el discurso general no tardó en derivar en acusaciones personales. Pretendían demostrar que la clase burguesa ya no resultaba viable, dando el ejemplo del burgués Fulano que vivía de sus rentas, es decir, de «la usura», de la burguesa Mengana que pasaba sus mañanas en salones de belleza o de tiendas comprando cosas caras e inútiles, y continuaban con que la novela del escritor Zutano, o la obra de otro artista o intelectual de origen, cultura y mentalidad burguesa, no podía tener auténtico valor, porque el autor o creador procedía de la clase parasitaria de los burgueses.”

“Estos ejemplos de ostracismo entretenían a las masas que leían la prensa.53 Cuando se da al pueblo el derecho a acusar a cualquiera sin ninguna prueba, con simples alegatos, con un simple ostracón, utilizando generalidades tipo «antidemócrata» o «enemigo de la nación», y cuando en la práctica la acusación supone para la persona, cuyo nombre queda grabado en un trozo de cerámica —o impreso por la rotativa sobre papel de periódico—, la cárcel, la marginación o el destierro social o económico sin dictamen judicial, entonces el pueblo disfruta haciendo uso de ese derecho, porque al individuo anónimo y carente de poder el juego impersonal, y por lo tanto sin responsabilidad, le produce una gran satisfacción, una especie de euforia... Es un juego al que se puede seguir jugando durante mucho tiempo; en mi país lo empezaron diez años antes periódicos, revistas y asociaciones diversas que parecían ser de «derechas» y que, al no atreverse a decir abiertamente que el «burgués» era culpable de poseer algo que se le podía quitar por la fuerza —los nazis «respetaban la propiedad privada», lo que no respetaban era a quien poseía la propiedad—, se dieron por satisfechos con proscribir «la cosmovisión» burguesa y confiaron a sus sucesores, los bolcheviques, la tarea de sacar las consecuencias prácticas de tal acusación. Naturalmente, la «burguesía judía» constituía una excepción: los que escribían esas acusaciones no sólo atacaban sus ideas, sino que exigían de inmediato sus bienes y su cabeza. Este juego tan costoso, que ninguna sociedad soporta durante mucho tiempo, empezó en las páginas de la prensa húngara de derechas el nefasto día en que Hitler entró en Viena y terminó cuando el poder estatal comunista destruyó abiertamente, sin hipocresía ni escrúpulos, a la sociedad burguesa. Es un juego que, por supuesto, no tiene marcha atrás... Con los métodos del ostracismo, un pueblo que se deshace de los indeseados acaba eliminando también a sus mejores hijos. Y entonces, como sucedió en la antigua Grecia y en otras épocas, llega la hora de los tiranos.”

“En aquella década, la palabra bourgeois pasó a ser un apodo denigrante; un grito de guerra que bajo las banderas de la derecha y de la izquierda puso en guardia a todos los que se sublevaban no sólo contra el sistema de producción capitalista, sino también contra las ideas humanistas que se habían materializado en las libertades burguesas. Un día tuve que darme cuenta de que en aquella revolución me correspondía un papel, a mí, al burgués despreciado: el de enemigo. La filosofía humanista, en cuya cultura y forma de vida había crecido, con cuyo legado moral e intelectual me identificaba y de la que nunca podría renegar, era el enemigo número uno a ojos de los portavoces de los sistemas totalitarios. Los ideales humanistas de la burguesía eran la diana contra la que los jóvenes de la nueva ideología debían disparar las metralletas que el partido les ponía en la mano.”

“Que significa fidelidade, que é que podemos esperar da pessoa que amamos? (…) A fidelidade não será um egoísmo terrível, egoísmo e vaidade, como a maior parte das coisas e pretensões humanas na vida? Quando exigimos fidelidade, queremos que a outra pessoa seja feliz? E se a outra pessoa não é feliz na prisão subtil da fidelidade, amamos essa pessoa de quem exigimos fidelidade? E se não amamos o outro de modo a fazê-lo feliz, temos o direito de exigir algo, fidelidade ou sacrifício?”

“She said she never wanted to have secrets from me nor from herself, which is why she wanted to write down everything that otherwise would be hard to talk about. As I said, later I understood that someone who flees into honesty like that fears something, fears that her life will fill with something that can no longer be shared, a genuine secret, indescribable, unutterable.”

“No, the secret is that there's no reward and we have to endure our characters and our natures as best we can, because no amount of experience or insight is going to rectify our deficiencies, our self-regard, or our cupidity. We have to learn that our desires do not find any real echo in the world. We have to accept that the people we love do not love us, or not in the way we hope. We have to accept betrayal and disloyalty, and, hardest of all, that someone is finer than we are in character or intelligence.”

“You would like to read, but somehow the rain gets into the book, too; not literally, and yet it really does, the letters are meaningless, and all you hear is the rain. You would like to play the piano, but the rain comes to sit alongside and play an accompaniment. And then the dry weather returns, which is to say there is steam and bright light. People age quickly.”

“Vienna, to me it was the tuning fork for the entire world. Saying the word Vienna was like striking a tuning fork and then listening to find what tone it called forth in the person I was talking to. It was how I tested people. If there was no response, this was not the kind of person I liked. Vienna wasn't just a city, it was a tone that either one carries forever in one's soul or one does not. It was the most beautiful thing in my life. I was poor, but I was not alone, because I had a friend.”

“And I've been waiting for you, because I couldn't do anything else. And we've both known that we would meet again, and then it would be all over with life and everything that gave our existence meaning and tension. A secret of the kind that lurks between the two of us has extraordinary power. It burns through the fabric of life like a scorching beam, and yet at the same time it also gives it tensile strength. It forces us to live.”