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Quote by C.S. Lewis

“Por mucho que se mejore el material en bruto de un hombre, aún tenemos algo más: la auténtica y libre elección de ese hombre, basada en el material que se le facilita, de anteponer su propio beneficio o relegarlo a un último lugar. Y esta libre elección es lo único que le concierne a la moral. El material psicológico malo no es un pecado sino una enfermedad. No necesita del arrepentimiento sino de la curación. Y por cierto, esto es muy importante. Los seres humanos se juzgan unos a otros por sus actos externos. Dios los juzga por sus elecciones morales.”

Quote by C.S. Lewis

Work

Mere Christianity

C.S. Lewis's Mere Christianity is a collection of radio broadcasts that delve into the fundamentals of Christian faith, addressing questions of morality, belief, and the nature of God. The book is known for its accessibility and its ability to engage both believers and non-believers in a thoughtful discussion of Christian principles. more

Author

C.S. Lewis

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“La mentira consiste en pretender que todo acto sexual al que te sientes tentado es ipso facto saludable y normal. Pues bien; esto, desde cualquier punto de vista, y sin ninguna relación con el cristianismo, tiene que ser una insensatez. Ceder a todos nuestros deseos evidentemente conduce a la impotencia, la enfermedad, los celos, la mentira, la ocultación y todo aquello que es lo opuesto a la felicidad, la franqueza y el buen humor. Para cualquier tipo de felicidad, incluso en este mundo, se necesitará una gran dosis de control, de modo que lo que pretende cualquier clase de deseo fuerte, ser sano y razonable, no cuenta para nada. Todo hombre cuerdo y civilizado debe tener un conjunto de principios según los cuales elija rechazar algunos de sus deseos y permitir otros. Un hombre hace esto basándose en los principios cristianos; otro, en principios de higiene; otro, en principios sociológicos.”

“La esperanza es una continua expectativa de un deseo o vida eterna. Los cristianos que más hicieron por este mundo fueron los que más pensaron en el otro mundo. Si nuestro objetivo es el cielo, la tierra se nos dará por añadidura; si nuestro objetivo es la tierra, no tendremos ninguna de las dos cosas. Parece una extraña regla, pero algo parecido puede verse funcionando en otros asuntos: La salud es una gran bendición, pero en el momento en que hacemos de ella uno de nuestros objetivos directos y principales, nos convertimos en unos hipocondríacos y empezamos a pensar que estamos enfermos. Es probable que disfrutemos de salud sólo si deseamos más otras cosas… comida, juegos, trabajo, diversión, aire libre. Del mismo modo, jamás salvaremos a la civilización mientras la civilización sea nuestro principal objetivo. Debemos aprender a desear otras cosas aún más.”

“La vejez es la enferma-edad: la enfermedad. La única enfermedad incurable que hay en el mundo y que mata a la gente antes de que ésta muera. Salvo mamá, que parecía cada vez más joven y más hermosa con sus cabellos rubios y sus ojos azules de cielo de atardecer. Hay bellezas sublimadas, como la de mamá, en las que el alma rejuvenece cada día y adquiere la perfección de una flor inextinguible. La belleza de mamá daba a su sonrisa el perfume de esa flor.”

“El amor de Jesús por nosotros tiene su máxima expresión en su hora, en su copa, en su sufrimiento: en el Misterio Pascual. Queremos experimentar lo placentero del amor. Pero el amor que causa estas sensaciones placenteras - el disfrute de la presencia del otro - no es idéntico a esas sensaciones placenteras. El amor puede subsistir en ausencia de placer. Por ejemplo, la esposa que cuida a su marido con Alzheimer. Esa mujer sufre por el bien del otro. Se dona desinteresádamente igual que Cristo. Conoce el peso de la alegría que significa el amor verdadero. Su hijo le dijo que su dedicación podría acabar con ella. ¿Prefieres que muera jugando al golf? Le respondió ella. ¿Dónde moriría más feliz esa madre: disfrutando del green o entregado al amor?”

“El sufrimiento redentor forma parte integral de nuestra historia original. Eso es lo que significa para nosotros mostrarnos a imagen y semejanza de Dios. Por el poder del Espíritu Santo, nuestro sufrimiento perfecciona nuestra caridad, mientras que nuestra caridad transforma nuestro sufrimiento en un sacrificio vivo que permite a Dios abrirse camino en nuestras vidas. No es la magnitud del sufrimiento de Cristo lo que nos ha salvado, sino la magnitud de su amor. En la Última Cena el amor transformó su sufrimiento en una ofrenda; y ese amor es la Eucaristía. La Eucaristía hizo del Calvario un sacrificio y no una mera ejecución. En la cruz Jesús invirtió la muerte, le dio la vuelta. Jesús la convirtió en ocasión de dar vida. La transformó en un don, en una oración, en un sacrificio. Enseñándonos a morir, nos enseñó a vivir. La hora de su deshonra y muerte no fue una derrota, sino una victoria de la vida y el amor sobre el pecado y la muerte. Y lo mismo se puede aplicar a nuestra propia deshonra, nuestra debilidad, nuestra aflicción, nuestros desalientos, nuestras negaciones y nuestra propia vida.”

“Los presos veían cómo esos mismos sacerdotes se negaban a amargarse; los veían gastarse ayudando a los demás; los veían dar cada día más de lo que se les exigía sin quejarse, sin pensar en ellos mismos, sin preocuparse de su propia comodidad ni de su seguridad. Los veían disponibles para los enfermos y los pecadores, incluso para quienes los maltrataban o los despreciaban. Si un sacerdote se preocupa por esa gente, decían, es que cree en algo que le hace al mismo tiempo humano y cercano a Dios.”