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Spanish Quote Quotes

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Spanish Quote Quotes

“¡Oh, bravo! Oh, sí, oh, muy bien. Bien, bien, bien... Qué curioso... Realmente qué curioso... —Perdón —dijo Harry—. Pero, ¿qué es tan curioso? —Recuerdo cada varita que he vendido, Harry Potter. Cada una de las varitas. Y resulta que la cola de fénix de donde salió la pluma que está en tu varita dio otra pluma, sólo una más. Y realmente es muy curioso que estuvieras destinado a esa varita, cuando fue su hermana la que te hizo esa cicatriz.”

“El amor no nos enceguece; más bien, borra las ilusiones para que podamos ver con claridad.”

“De las radios de los cafés salían las palabras del presidente, que prometía una lucha encarnizada contra los enemigos de la República. Satlán poseía una voz hermosa y masculina que cautivaba a los árabes. La radio era su caja mágica. Con más de ochenta por ciento de analfabetos, la oposición carecía de la mejor oportunidad. Quien domina la radio tiene al pueblo de su parte.”

“¡Dios mío!, no quiero ser de esas personas que se sientan y hablan de lo que van a hacer. Simplemente voy a hacerlo. Imaginar el futuro es una especie de nostalgia. ¿Qué? pregunté. Te pasas toda la vida encerrado en el laberinto pensando en cómo escapar de ahí y lo fabuloso que será; imaginar ese futuro te mantiene con vida, pero nunca escapas. Solo utilizas el futuro para huir del presente.”

“Amanece en México. Millones de ciudadanos se preparan para otra ardua jornada laboral. Un controlados aéreo de la torre del Aeropuerto Internacional Benito Juárez de la Ciudad de México entrega su turno después de una noche más de eficaz trabajo cumplido. Un agricultor del valle de Culiacán, granero de México, prepara su sistema de riego con tecnología de punta. Una ingeniera atómica controla impolutamente los desechos de uranio altamente enriquecidos de la central nuclear de Laguna Verde. Un empresario de Monterrey termina una conference call con sus socios del Lejano Oriente. En un hotel del Caribe, la recepcionista despierta puntualmente a los turistas de las habitaciones que así se lo han pedido. Los hospitales trabajan. Las escuelas inician labores. La basura se recoge. El agua corre por las cañerías. La luz se enciende. Los teatros dan la tercera llamada. En el campo, millones de manos ya están sobre el surco y los empleados de la periferia de las grandes ciudades se desplazan hacia sus centros de trabajo. Una monumental energía humana echa a andar un día más la undécima potencia económica del planeta.”

“Me mantuve diciéndole a ella “siempre” hoy, “siempre, siempre, siempre”, y ella sólo seguía discutiendo conmigo y no diciéndolo en respuesta. Era como si ya me hubiese ido, ¿sabes? ¡“Siempre” era una promesa! ¿Cómo puedes sólo romper una promesa? A veces la gente no entiende las promesas que están haciendo cuando las están haciendo dije. Isaac me lanzó una mirada. Bien, por supuesto. Pero mantienes la promesa de todas formas. Eso es lo que es el amor. Amor es mantener una promesa de todo modos. ¿No crees en el amor verdadero?”

“Una científica compañera mía me contaba un reciente viaje que realizó a la meseta de Nueva Guinea, donde visitó una tribu todavía en la edad de piedra que apenas había tenido contactos con la civilización. Ignoraban lo que son los relojes de pulsera, las bebidas refrescantes y los alimentos congelados. Pero conocían el Apolo 11. Sabían que los humanos han pisado la Luna.”

“Total: creo que tengo que hacerme más evidente, así los demás me verán mejor. Estoy cansado de ser anónimo. Beatrice no necesita nada de eso, tiene el pelo rojo y los ojos verdes. Con eso le sobra y basta para contar cuánto sabe amar y lo pura que es: roja como la estrella más luminosa, inmaculada como la arena más hawaiana que pueda haber.”

“Paro porque mi voz se quiebra, porque en un instante la imagen de Beatrice que ya no puede más barre todas aquellas palabras, de Beatrice que en silencio cierra los ojos porque ya no puede más. Y no los vuelve a abrir. Y entonces todo el mundo que me rodea se oscurece. La luz se apaga. La bombilla se funde. Si los ojos de Beatrice no miran a las cosas, las cosas están apagadas. Siempre le he tenido miedo a la oscuridad, y lo sigo teniendo, pero no se lo digo a nadie, porque me da vergüenza. Silvia me mira sin decir nada. Acerca el índice a mi ojo y recoge la lágrima que estaba tratando de contener. —Silvia, sigo teniéndole miedo a la oscuridad.”

“Y ahora todos los trozos de mi alma se están hundiendo en la corriente y cada uno se marcha por su lado y nadie podrá ya recogerlos: nadie. Me hundo en cada uno de aquellos trozos de papel. Me hundo un millón de veces. Ahora ya no existe mi alma, se la ha llevado la corriente. Quiero estar solo. En silencio. Con el móvil apagado. Quiero que el mundo entero sufra porque desconoce mi paradero. Quiero que el mundo entero se sienta solo y abandonado como yo ahora. Sin Beatrice, que se está muriendo, sin pelo. Sin Beatrice, que no aguanta más. Y yo no he podido ni siquiera reconocer la otra mitad de mi sueño. He huido de la chica a la que quería proteger toda mi vida. Soy un cobarde. No existo.”

“Mm —dijo una vocecita en su oreja—. Difícil Muy difícil. Lleno de valor, lo veo. Tampoco la mente es mala. Hay talento, oh vaya, sí, y una buena disposición para probarse a sí mismo, esto es muy interesante... Entonces, ¿dónde te pondré? «En Slytherin no, en Slytherin no». —En Slytherin no, ¿eh? —dijo la vocecita—. ¿Estás seguro? Podrías ser muy grande, sabes, lo tienes todo en tu cabeza y Slytherin te ayudaría en el camino hacia la grandeza. No hay dudas, ¿verdad? Bueno, si estás seguro, mejor que seas ¡GRYFFINDOR!”

“—No me digas «No, Ender». He tardado mucho tiempo en darme cuenta de ello, pero créeme, me odiaba, me odio. Y todo se reduce a esto: en el momento en el que entiendo a mi enemigo, en el momento en el que le entiendo lo suficientemente bien como para derrotarle, entonces, en ese preciso instante, también le quiero. Creo que es imposible entender realmente a alguien, saber lo que quiere, saber lo que cree, y no amarle como se ama a sí mismo. Y entonces, en ese preciso momento, cuando le quiero... —Le vences. —No, no lo entiendes. Le destruyo. Hasta que le resulta imposible volver a hacerme daño. Lo trituro más y más hasta que no existe.”

“—Qué calentito. ¿Dónde has estado? —Trabajando. —No sabía que trabajaras. —Bueno, cada día en un sitio distinto. —Vaya... No lo sabía. —Hoy estuve vendiendo tartas frente a la estación, vestido de Papá Noel. —Papá Noel... ¿Eh? ¡¿Papá Noel?! ¡¿TÚ?! ¡JA, JA, JA! Para mí, tú eres el único Papá Noel.”

“Leukos: blanco. De ella deriva la palabra «luz». Aima: sangre. De ella deriva la palabra «hematoma» (grumo de sangre). De la unión de esas dos palabras espantosas se obtiene otra todavía más terrible: leucemia. Así se denomina el tumor de la sangre. Un nombre que procede del griego (todos los nombres de las enfermedades provienen del griego...) y significa «sangre blanca». Ya sabía yo que el blanco era un petardo. ¿Cómo puede ser la sangre blanca? La sangre es roja y punto. Las lágrimas son saladas y punto.”

“—¿Qué tal? —le pregunto. —Más o menos, ¿y tú? —Mal, no me han dejado donar sangre para Beatrice. —¿Y eso? —Si eres menor de edad necesitas una autorización. —Me parece normal, puede ser peligroso... —¡Cuando hay amor todo es posible! ¡No hace falta ninguna autorización! —Claro... —responde Silvia, y permanece callada. —¿Qué pasa? Hoy me pareces rara... Repite mecánicamente mi penúltima frase, como si no me estuviera oyendo: —Cuando hay amor todo es posible...”

“¿Por qué Roma, Alejandría y Bizancio fueron quemados por sus conquistadores? [...] Esta es la respuesta. Incinerar los sueños. Quemar los sueños es el secreto para abatir definitivamente a nuetros enemigos, de modo que ya no tengan fuerzas para levantarse y continuar. Para que no sueñen con las cosas hermosas de su ciudad, con las vidas ajenas; para que no sueñen con los relatos de los demás, tan llenos de libertad y de amor. Para que no sueñen con nada. Si a la gente no le permites soñar, la esclavizas. Y yo, como saqueador de ciudades, solo necesito esclavos para reinar tranquilo y sin que me molesten.”

“—Después le regalé una estrella. —¿Qué hiciste qué? —Que le regalé una estrella, la más luminosa en aquella noche sin luna: Sirio, la única estrella que puede verse desde cualquier lugar habitado e la Tierra y capaz, en una noche sin luna, de proyectar las sombras de los cuerpos. Nos prometimos que la miraríamos todas las noches, allí donde estuviéramos, y que pensaríamos el uno del otro.”

“En mi interior hay alguien que solo está esperando eso, alguien que quiere salir, pero que permanece agazapado, se defiende y tiene miedo de mostrarse como es, pues si sale expondría al otro de pelo desgreñado y mirada de listo, y lo expondría con bastante agua y sal en forma de lágrimas. Así que sigo mirando al suelo, por miedo a que aquel salga como la pasta de dientes, más de la cuenta y de golpe y porrazo.”

“—Ella ahora está pálida. Ha perdido su pelo rojo, el pelo por el que me enamoré. Y yo ni siquiera me atreví a hablar, a ayudarla, a preguntarle cómo estaba. La vi así y huí. Huí como un cobarde. Estaba convencido de amarla, estaba convencido de que llegaría hasta el fin del mundo como ella, estaba dispuesto a hacer cualquier cosa, hasta doné mi sangre, y luego, cuando la veo delante, huyo. Huyo como un cobarde. No la amo. Quien huye no ama de verdad. Estaba muy pequeña, indefensa, pálida, y yo huí. Doy asco.”

“—Soy la mejor —murmuró Elena a la mañana siguiente, cuando salió del taxi frente al magnífico edificio de la Torre del Arcángel—. Soy la mejor. —Oiga, señorita, ¿piensa pagarme o se va a quedar ahí hablando entre dientes todo el día? —¿Qué? ¡Ah! —Sacó un billete de veinte dólares, se inclinó hacia delante y lo aplastó contra la mano del taxista—. Quédese el cambio. El ceño fruncido del tipo se transformó en una sonrisa. —¡Gracias! ¿Qué, hoy tiene una buena caza por delante? Elena no le preguntó cómo había sabido que era una cazadora. —No, pero tengo altas probabilidades de enfrentarme a una muerte horrible en las próximas horas. Tengo que hacer algo bueno para intentar acabar en el paraíso.”

“—Era una emergencia. El tipo intentaba convertirme en su compañera de cama. Lo rechacé. Y empezó a perseguirme. Sara levantó una mano. —¿Cómo «rechazaste» su oferta exactamente? —Le rebané la garganta. Sara se limitó a mirarla. Y lo mismo hizo Ransom. Aunque luego, el imbécil empezó a reírse como un histérico. Rió con tanta fuerza que se cayó de la moto y aterrizó sobre el suelo de cemento del garaje. Y ni siquiera aquello lo detuvo. —Cierra la boca si no quieres que te haga lo mismo a ti. - Ransom intentó dejar de reírse. Sin éxito. —Maldita sea, Ellie... ¡Eres increíble! —Lo que eres —murmuró Sara— es un imán para los problemas. —Yo... —empezó a decir Elena para tratar de defenderse. Sara alzó la mano de nuevo y luego empezó a contar con los dedos. —Por tu culpa, tengo mensajes en el teléfono del gobernador y del puñetero presidente de los Estados Unidos de América. Por tu culpa la mitad de Nueva York cree que hay un vampiro salvaje suelto. Por tu culpa... ¡tengo tres canas más! Elena sonrió al oír aquello último. —Yo también te quiero.”

“El negro, el blanco, el marrón, el rojo, el amarillo, el hetero, el homo, el trans, el pobre, el rico, el analfabeto, el analfabeto, el débil, el fuerte, todos son mis hermanos y hermanas. Mi vida es su vida Y hasta el último aliento en mi cuerpo, los estaré sirviendo a todos con todo el poder en mis venas. Y más allá de la muerte, mis ideas te servirán por la eternidad.”

“Los ojos de Lijuan se clavaron en Elena. —Michaela no entiende qué es lo que ves en tu cazadora, Rafael. —Se situó más cerca.—. Pero yo sí. Elena permaneció donde estaba. En su opinión, Lijuan estaba como una puta cabra. —Si le soy sincera, ni siquiera yo misma lo tengo claro —dijo con voz firme, "Elena… " "Calla. Déjame hablar con la dama chiflada." Una de las alas de Rafael se sacudió un poco, y Elena se preguntó si habría logrado sorprender tanto a su arcángel como para arrancarle una sonrisa. —Vida… —susurró Lijuan.”