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Spanish Quotes

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Spanish Quotes

“—Qué calentito. ¿Dónde has estado? —Trabajando. —No sabía que trabajaras. —Bueno, cada día en un sitio distinto. —Vaya... No lo sabía. —Hoy estuve vendiendo tartas frente a la estación, vestido de Papá Noel. —Papá Noel... ¿Eh? ¡¿Papá Noel?! ¡¿TÚ?! ¡JA, JA, JA! Para mí, tú eres el único Papá Noel.”

“Leukos: blanco. De ella deriva la palabra «luz». Aima: sangre. De ella deriva la palabra «hematoma» (grumo de sangre). De la unión de esas dos palabras espantosas se obtiene otra todavía más terrible: leucemia. Así se denomina el tumor de la sangre. Un nombre que procede del griego (todos los nombres de las enfermedades provienen del griego...) y significa «sangre blanca». Ya sabía yo que el blanco era un petardo. ¿Cómo puede ser la sangre blanca? La sangre es roja y punto. Las lágrimas son saladas y punto.”

“—¿Qué tal? —le pregunto. —Más o menos, ¿y tú? —Mal, no me han dejado donar sangre para Beatrice. —¿Y eso? —Si eres menor de edad necesitas una autorización. —Me parece normal, puede ser peligroso... —¡Cuando hay amor todo es posible! ¡No hace falta ninguna autorización! —Claro... —responde Silvia, y permanece callada. —¿Qué pasa? Hoy me pareces rara... Repite mecánicamente mi penúltima frase, como si no me estuviera oyendo: —Cuando hay amor todo es posible...”

“¿Por qué Roma, Alejandría y Bizancio fueron quemados por sus conquistadores? [...] Esta es la respuesta. Incinerar los sueños. Quemar los sueños es el secreto para abatir definitivamente a nuetros enemigos, de modo que ya no tengan fuerzas para levantarse y continuar. Para que no sueñen con las cosas hermosas de su ciudad, con las vidas ajenas; para que no sueñen con los relatos de los demás, tan llenos de libertad y de amor. Para que no sueñen con nada. Si a la gente no le permites soñar, la esclavizas. Y yo, como saqueador de ciudades, solo necesito esclavos para reinar tranquilo y sin que me molesten.”

“—Después le regalé una estrella. —¿Qué hiciste qué? —Que le regalé una estrella, la más luminosa en aquella noche sin luna: Sirio, la única estrella que puede verse desde cualquier lugar habitado e la Tierra y capaz, en una noche sin luna, de proyectar las sombras de los cuerpos. Nos prometimos que la miraríamos todas las noches, allí donde estuviéramos, y que pensaríamos el uno del otro.”

“En mi interior hay alguien que solo está esperando eso, alguien que quiere salir, pero que permanece agazapado, se defiende y tiene miedo de mostrarse como es, pues si sale expondría al otro de pelo desgreñado y mirada de listo, y lo expondría con bastante agua y sal en forma de lágrimas. Así que sigo mirando al suelo, por miedo a que aquel salga como la pasta de dientes, más de la cuenta y de golpe y porrazo.”

“—Ella ahora está pálida. Ha perdido su pelo rojo, el pelo por el que me enamoré. Y yo ni siquiera me atreví a hablar, a ayudarla, a preguntarle cómo estaba. La vi así y huí. Huí como un cobarde. Estaba convencido de amarla, estaba convencido de que llegaría hasta el fin del mundo como ella, estaba dispuesto a hacer cualquier cosa, hasta doné mi sangre, y luego, cuando la veo delante, huyo. Huyo como un cobarde. No la amo. Quien huye no ama de verdad. Estaba muy pequeña, indefensa, pálida, y yo huí. Doy asco.”

“El negro, el blanco, el marrón, el rojo, el amarillo, el hetero, el homo, el trans, el pobre, el rico, el analfabeto, el analfabeto, el débil, el fuerte, todos son mis hermanos y hermanas. Mi vida es su vida Y hasta el último aliento en mi cuerpo, los estaré sirviendo a todos con todo el poder en mis venas. Y más allá de la muerte, mis ideas te servirán por la eternidad.”

“Por fortuna no me enamoré del Zorro locamente, como le ocurre a la mayoría de las mujeres al conocerlo; siempre he mantenido la cabeza fría con respecto a él. Me di cuenta a tiempo de que nuestro héroe sólo es capaz de amar a aquellas que no le corresponden, y decidí ser una de ellas. Ha pretendido casarse conmigo cada vez que le falla una de sus novias o se queda viudo —eso ha ocurrido un par de veces—, y me he negado. Tal vez por eso sueña conmigo cuando come pesado. Si yo lo aceptara como marido, muy pronto se sentiría atrapado y yo tendría que morirme para dejarle libre, como hicieron sus dos esposas. Prefiero esperar nuestra vejez con paciencia de beduino. Sé que estaremos juntos cuando él sea un anciano de piernas enclenques y mala cabeza, cuando otros zorros más jóvenes le hayan reemplazado, y en el caso improbable de que alguna dama le abriera su balcón y él no fuera capaz de treparlo. ¡Entonces me vengaré de las penurias que el Zorro me ha hecho pasar!”

“Diego había usado el florete a diario desde que era un niño, pero no había tenido que pelear en serio. Su único duelo a muerte fue con pistolas y había sido mucho más limpio. Comprobó que no hay nada honorable en un combate real, donde las reglas no cuentan para nada. La única regla es vencer, cueste lo que cueste. Los filos de las armas no chocaban en una elegante coreografía, como en las clases de esgrima, sino que apuntaban directamente al enemigo para atravesarlo. La caballerosidad no existía, los golpes eran feroces y no se daba cuartel a nadie. La sensación que transmitía el acero al entrar en la carne de un hombre era indescriptible. Se apoderó de él una mezcla de despiadada exaltación, de repugnancia y triunfo, perdió la noción de la realidad y se transformó en una bestia.”

“[…]Diego, quien sigue ocupado de hacer justicia, en parte por buen corazón, pero más que nada porque le encanta vestirse de Zorro y correr aventuras de capa y espada. No menciono pistolas porque pronto abandonó su uso; considera que las armas de fuego, además de ser imprecisas, no son dignas de un valiente. Para batirse sólo necesita a Justina, la espada a la que ama como a una novia. Ya no tiene edad para esas chiquilladas, pero por lo visto mi amigo nunca sentará cabeza.”

“Si que­da­ba al­gu­na es­pe­ran­za, debía estar en los pro­les, por­que solo en esas masas des­pre­cia­das, que cons­ti­tuían el ochen­ta y cinco por cien­to de la po­bla­ción de Ocea­nía, podía ge­ne­rar­se la fuer­za ne­ce­sa­ria para des­truir al Par­ti­do. Este no podía de­rro­car­se desde den­tro. Sus enemi­gos, si es que los había, no te­nían forma de unir­se o si­quie­ra de re­co­no­cer­se mu­tua­men­te. In­clu­so en caso de que exis­tie­ra la le­gen­da­ria Her­man­dad —lo cual no era del todo im­po­si­ble— re­sul­ta­ba in­con­ce­bi­ble que sus miem­bros pu­die­ran re­unir­se en gru­pos de más de dos o tres. La re­be­lión se li­mi­ta­ba a un cruce de mi­ra­das, una in­fle­xión de la voz o, como mucho, una pa­la­bra su­su­rra­da oca­sio­nal­men­te. En cam­bio los pro­les, si pu­die­ran ser cons­cien­tes de su fuer­za, no ten­drían ne­ce­si­dad de cons­pi­rar. Bas­ta­ría con que se en­ca­bri­ta­ran como un ca­ba­llo que se sa­cu­de las mos­cas. Si qui­sie­ran, po­drían volar el Par­ti­do en pe­da­zos a la ma­ña­na si­guien­te. Tarde o tem­prano tenía que ocu­rrír­se­les. Y sin em­bar­go…”

“La Lo­te­ría, con su re­par­to se­ma­nal de enor­mes pre­mios, era el único acon­te­ci­mien­to pú­bli­co al que los pro­les pres­ta­ban ver­da­de­ra aten­ción. Era pro­ba­ble que hu­bie­se mi­llo­nes de pro­les para quie­nes la Lo­te­ría fuese la razón prin­ci­pal, si no la única, para se­guir con vida. Era su de­lei­te, su lo­cu­ra, su anal­gé­si­co, su es­ti­mu­lan­te in­te­lec­tual. En lo que se re­fe­ría a la Lo­te­ría, hasta quie­nes ape­nas sa­bían leer y es­cri­bir eran ca­pa­ces de lle­var a cabo in­trin­ca­dos cálcu­los y sor­pren­den­tes lo­gros me­mo­rís­ti­cos. Había toda una tribu de in­di­vi­duos que se ga­na­ban la vida ven­dien­do sis­te­mas, pre­dic­cio­nes y amu­le­tos de la suer­te. Wins­ton no tenía nada que ver con la Lo­te­ría, que se ges­tio­na­ba desde el Mi­nis­te­rio de la Abun­dan­cia, pero sabía (como cual­quier otro miem­bro del Par­ti­do) que los pre­mios eran casi todos ima­gi­na­rios. Solo se pa­ga­ban pe­que­ñas sumas y los ga­na­do­res de los pre­mios gor­dos en reali­dad no exis­tían. En au­sen­cia de ver­da­de­ra co­mu­ni­ca­ción entre una parte de Ocea­nía y otra, no re­sul­ta­ba di­fí­cil ama­ñar­lo.”

“En cierto sentido, la visión del mundo que tenía el Partido se imponía con éxito a gente incapaz de entenderla. Se les podía convencer de que aceptaran las más flagrantes violaciones de la realidad, porque nunca llegaban a entender del todo la enormidad de lo que se les pedía, y no estaban lo bastante interesados en los acontecimientos públicos para reparar en lo que ocurría. Su falta de comprensión les permitía conservar la cordura. Se limitaban a tragárselo todo y nunca se les indigestaba porque lo que tragaban no dejaba ningún residuo, igual que un grano de trigo puede pasar por el cuerpo de un pájaro sin ser digerido.”

“Espere" in Spanish, is the one word covering two meanings: "waiting" and "hoping". If life, however, offers no expectation or prospect, waiting represents time "wasted”. Waiting needs a future. If not, time is condemned to be "killed". In the event that we are lost in a gap of boredom and despair, we are driven back in a vacuum of senselessness and deadlocked in a point of nothingness. We are, so therefore, bound to watch the agony of "time". ("Waiting for a place behind the geraniums " )”

““Esa chica esta bien caliente.” Hector laughed as Rider shook his head. Ainsley stiffened across from me. She was pretty fluent in Spanish and even though Hector was Puerto Rican, I had a feeling she was getting the general gist of whatever he was saying and she was not happy about it. “Me gustaria a llevarla a mi casa y comermela.” Ainsley cocked her head to the side as she brushed her long, blond hair over her shoulder. “Gracias! Pero no hay ni una parte de mi que tu te vas a comer.” Hector’s eyes widened. Rider threw his head back and burst into laughter. “Oh, shit. Priceless.” “What?” Ainsley blinked big eyes at the stunned Hector. “You think some white chick can’t possibly understand another language so you’re going to sit in front of me and talk about me like I’m not here?” Her smile was brittle and fake. “Bitch, please.” “Man...” Hector sat back, slowly shaking his head as he stared at her. “You’re...brutal.” “Damn straight,” she replied, her eyes like chips of blue ice. Whatever yumminess she’d seen in Hector was completely out the window now. “And you’re a mal criado.” Hector’s eyes narrowed. “I really like your friend, Mouse.” Still chuckling, Rider winked at me. “She basically called him a classless ass, and I agree.”

“Mi Nombre es Humano (El Soneto) Preguntaste, ¿cuál es mi nación? Digo, es humanidad. Preguntaste, ¿cuál es mi idioma? Digo, es bondad. Preguntaste, ¿cuál es mi cultura? Digo, es humanidad. Preguntaste, ¿cuál es mi tradicion? Digo, es humildad. Preguntaste, ¿cuál es mi género? Digo, es coraje. Preguntaste, ¿cuál es mi religion? Digo, es desinterés. Preguntaste todo, excepto mi objetivo. Te digo, es unir el universo.”

“¿Será esto orgullo, o qué será? Yo te quiero y te querré siempre; pero deseo ser libre. Por eso ambiciono un medio de vivir; cosa difícil, ¿verdad? Saturna me pone en solfa, y dice que no hay más que tres carreras para las mujeres: el matrimonio, el teatro y… Ninguna de las tres me hace gracia. Buscaremos otra. Pero yo pregunto: ¿es locura poseer un arte, cultivarlo y vivir de él? ¿Tan poco entiendo del mundo que tengo por posible lo imposible?”

“Oskar cumplía treinta y siete años, y acababa de abrir una botella de coñac. Sobre su escritorio había un telegrama de una planta de montaje de armamentos situada cerca de Brno. Decía que las granadas antitanques de Oskar estaban tan mal hechas que no soportaban uno solo de los controles de calidad. Estaban mal calibradas, y estallaban durante los ensayos porque no habían sido templadas a la temperatura adecuada. Oskar parecía extasiado con el telegrama. Lo empujó hacia Stern y Pemper para que lo leyeran. Pemper recuerda que dijo una de sus extravagancias: —Es el mejor regalo de cumpleaños que podía haber recibido. Ahora sé que mis productos no pueden matar a ningún pobre infortunado.”