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Tristeza Quotes

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Tristeza Quotes

“Creo que por eso dejé de normalizar tantas cosas en mi vida actual, desde pequeña escuchaba o me decían que era lo correcto o lo ideal, porque cada camino es diferente al otro, pero eso no lo entendía antes y esa situación tan insignificante para mi ahora, era como torrente en mi vida que bajaba un montón mi autoestima, mis ganas de estar presente en cualquier lugar.”

“— Para você — Gisa diz, estendendo a mão boa, de onde pende um retalho de seda preta. O tecido é frio e escorregadio. — De antes. Flores vermelhas e douradas enfeitam o pano, bordadas com uma habilidade de mestre. — Eu lembro — murmuro, correndo o dedo sobre a perfeição impossível. Ela bordou isto há muito tempo, uma noite antes de o agente quebrar sua mão. Está inacabado, assim como o antigo destino dela. Assim como Shade. Trêmula, amarro o tecido no punho. — Obrigada, Gisa. — Enfio a mão no bolso e digo: — Também tenho uma coisa para você, minha garota. Uma bijuteria barata. O brinco solitário combina com o mar de inverno ao nosso redor. Ela perde o fôlego ao segurá-lo. As lágrimas logo vêm, mas não posso vê-las”

“Pero, para colmo, nadie te podrá garantizar lo porvenir, porvenir que en cualquier caso es triste: si fracasás, porque el fracaso es siempre penoso y, en el artista, trágico; si triunfás, porque el triunfo es una especie de vulgaridad, una suma de malentendidos, un manoseo; convirtiéndote en esa asquerosidad que se llama un hombre público, y con derecho (¿con derecho?) un chico, como vos mismo eras al comienzo, te podrá escupir.Y también deberás aguantar esa injusticia, agachar el lomo y seguir produciendo tu obra, como quien levanta una estatua en un chiquero”

“E de sempre me mostrar feliz, é-me agora difícil esconder a tristeza. Parece que a força desaparece e desce em mim um súbito desinteresse em camuflar o meu abatimento. Há vezes em que até se me desperta a vontade de desnudar, deixar claro e visível que nem tudo, quase nada, corre bem. Talvez pela ausência de preocupação do sujeito que em mim estimula tanto sentimento- imagine-se uma avalanche, um tsunami, que ironicamente para o meu ser, desenvolvem sempre uma catástrofe. Talvez porque simplesmente já não sinta necessidade de disfarçar, embora evite perguntas que levariam muito tempo a responder. É um mar cheio de peixes com as mesmas dúvidas. Por aqui ficam nadando até ao dia em que são pescados. Como e porque seria eu a ter as decifrações para todos os enigmas que me vão atormentando?”

“«Divorciarme, eso es lo que debo hacer», mascullaba para mis adentros, pero debo haberlo dicho más de una vez en voz alta, porque Willie paró la oreja ante la palabra divorcio. Había pasado por dos anteriores y estaba decidido a evitar untercero; entonces me presionó para que consultáramos a un psicólogo. Yo me había burlado sin piedad del terapeuta de Tabra, un alcohólico despelucado que le aconsejaba las mismas perogrulladas que yo podía ofrecerle gratis. En mi opinión, la terapia era una manía de los estadounidenses, gente muy consentida y sin tolerancia para las dificultades normales de la existencia. Mi abuelo me inculcó en la infancia la noción estoica de que la vida es dura y ante los problemas no cabe sino apretar los dientes y seguir adelante. La felicidad es una cursilería; al mundo se viene a sufrir y aprender. Menos mal que el hedonismo de Venezuela suavizó unpoco aquellos preceptos medievales de mi abuelo y me dio permiso para pasarlo bien sin culpa. En Chile, en tiempos de mi juventud, nadie iba a terapia, excepto los locos de atar y los turistas argentinos, así es que me resistí bastante a la propuesta de Willie, pero él insistió tanto que por fin lo acompañé. Mejor dicho, él me llevó de un ala. El psicólogo resultó tener aspecto de monje, llevaba el cráneo afeitado, bebía téverde y permanecía la mayor parte de la sesión con los ojos cerrados. En el condado de Marin se ve a cualquier hora hombres en bicicleta, trotando enpantalones cortos o saboreando su capuchino en mesitas de las veredas. «¿Esta gente no trabaja?», le pregunté una vez a Willie. «Son todos terapeutas», me contestó. Tal vez por eso sentí un gran escepticismo frente al calvo, pero pronto éste se reveló como un sabio. Su oficina era un cuarto desnudo pintado de color arveja, decorado con una tela -mandala, creo que se llama- colgada en la pared. Nos sentamos con las piernas cruzadassobre unos cojines en el suelo, mientras el monje sorbía como un pajarito su té japonés. Empezamos a hablar y pronto se desencadenó una avalancha. Willie y yo nos arrebatábamos la palabra para contarle lo que había pasado contigo, la existencia de espanto que llevaba Jennifer, la fragilidad de Sabrina, mil otros problemas, y mi deseo de mandar todo al diablo y desaparecer. El hombre nos escuchó sin interrumpir y cuando faltaban pocos minutos para que terminara la sesión, levantó sus párpados capotudos y nos miró con una expresión de genuina lástima.«¡Qué tristeza hay en sus vidas!», murmuró. ¿Tristeza? Eso no se nos habíaocurrido a ninguno de los dos. Se nos desinfló la rabia en un instante y sentimos hasta los huesos una pena vasta como el Pacífico, que no habíamos querido admitir por pura y simple soberbia. Willie me tomó la mano, me atrajo a su cojín y nos abrazamos. Por primera vez admitimos que teníamos el corazón muy adolorido. Fue el comienzo de la reconciliación.-Voy a aconsejarles que no mencionen la palabra divorcio durante una semana. ¿Pueden hacerlo? -preguntó el terapeuta. -Sí -respondimos a una sola voz.”