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Quote by Thérèse de Lisieux

“Yo soy esa hija, objeto del amor preveniente de un Padre que ha enviado a su Verbo para rescatar no a los justos sino a los pecadores. Quiere que yo lo ame porque me ha perdonado, no mucho sino TODO. No esperó que lo amase mucho como santa Magdalena, sino que ha querido que yo sepa cómo me había amado con un amor de inefable previsión, ¡a fin de que ahora lo ame hasta la locura!... He oído decir que no se ha hallado un alma pura que ame más que un alma arrepentida. ¡Cuánto querría desmentir esa expresión!...”

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Work

Story of a Soul: The Autobiography of St. Thérèse of Lisieux

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Author

Thérèse de Lisieux

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“La verdadera sabiduría consiste en «querer ser ignorado y tenido por nada» –en «gozar en el desprecio de sí»–. Yo quería que, como el de Jesús, «mi rostro estuviera verdaderamente escondido y que nadie en la tierra pudiera reconocerme». Tenía sed de sufrir y de ser olvidada.”

“Al comienzo de mi vida espiritual, hacia los trece o catorce años, me preguntaba qué más podría adquirir en lo sucesivo, pues creía que me era imposible comprender mejor la perfección. Pronto reconocí que cuanto más se adelanta en este camino, tanto más lejos del término se cree uno, y por eso ahora me resigno a verme siempre imperfecta y en eso encuentro mi alegría.”

“La caridad perfecta consiste en soportar los defectos de los otros, en no asombrarse por sus flaquezas, en edificarse con los más pequeños actos de virtud que se les vea practicar, pero, sobre todo, he comprendido que la caridad no debe permanecer encerrada en el fondo del corazón: «No se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a TODOS los que están en la casa».”

“El amor verdadero se alimenta de sacrificios. Cuanto más se niega el alma las satisfacciones naturales, tanto más desinteresado se vuelve su cariño. Al amar a Cristo, el corazón se ensancha y puede dar incomparablemente más cariño a los que le son queridos que si se hubiera concentrado en un amor egoísta e infructuoso.”

“Hay dos tipos de aflicción: una, que ha perdido la esperanza, que ya no confía en el amor y la verdad, y por ello abate y destruye al hombre por dentro; pero también existe la aflicción provocada por la conmoción ante la verdad y que lleva al hombre a la conversión, a oponerse al mal. Esta tristeza regenera, porque enseña a los hombres a esperar y amar de nuevo. Un ejemplo de la primera aflicción es Judas, quien —profundamente abatido por su caída— pierde la esperanza y lleno de desesperación se ahorca. Un ejemplo del segundo tipo de aflicción es Pedro que, conmovido ante la mirada del Señor, prorrumpe en un llanto salvador: las lágrimas labran la tierra de su alma. Comienza de nuevo y se transforma en un hombre nuevo.”

“La ausencia de toda la dimensión social en la predicación de Jesús —una carencia que, desde el punto de vista judío, Neusner critica de manera totalmente comprensible— entraña y al mismo tiempo esconde un proceso que afecta a la historia universal y que, como tal, no se ha producido en ningún otro ámbito cultural: los ordenamientos políticos y sociales concretos se liberan de la sacralidad inmediata, de la legislación basada en el derecho divino, y se confían a la libertad del hombre, que a través de Jesús está enraizado en la voluntad del Padre y, a partir de Él, aprende a discernir lo justo y lo bueno.”

“Lo verdaderamente importante en la oración no es esto o aquello, sino que Dios se nos quiere dar. Éste es el don de todos los dones, lo «único necesario» (cf. Lc 10, 42). La oración es un camino para purificar poco a poco nuestros deseos, corregirlos e ir sabiendo lo que necesitamos de verdad: a Dios y a su Espíritu.”