Quotessence
Home / Topics / Pasión Quotes

Pasión Quotes

Browse 55 quotes about Pasión.

Pasión Quotes

“Los perros, Dios los bendiga, son apasionados, como lo pueden atestiguar numerosas ardillas, pájaros, cajas, mantas y juguetes. Los perros no logran la mayor parte de lo que se proponen hacer. Sin embargo, tienen una ventaja en todo esto: una memoria de muy corto plazo que mantiene a raya la horrible sensación de futilidad e impotencia. Por otro lado la realidad de nosotros los humanos no tiene razones para ser sensible a las ilusiones bajo las cuales funcionamos. Con el tiempo, la realidad termina por interferir.”

“Nada de lo que le pudiera decir iba a detener el desbocado sufrimiento que el desamor produce en un corazón desahuciado por el destinatario de su pasión.”

“La vida tiene varias dimensiones pero estamos condenados a elegir e ignorar las demás. Estamos condenados a sentir que, por bien que estemos, nuestra elección fue incorrecta. Estamos condenados a vivir con alguien mientras deseamos día tras día a otros. Estamos condenados a mentir, a dar besos fríos, a seguir dando golpes en la oscuridad fingiendo una pasión que se fue hace años. ¿Por qué lo hacemos? El miedo a aceptar el fracaso podría ser una de las razones.”

“—Vale. Está bien. Pero como vuelva a besarme… —Se calló de pronto, tapándose la boca con las manos. Cuando el cerebro de Eve asimiló lo que su hermana acababa de decir saltó como un resorte. —¿Saúl te ha besado? —Em negó con la cabeza—. ¿Cuándo? —Volvió a negar—. ¿Anoche? —Negó de nuevo—. ¿Tú le correspondiste? Emily se levantó de la silla y fue hacia el fregadero, en un vano intento de alejarse de ese interrogatorio. —Te digo que no pasó nada —mintió. —¡Tú también le besaste! —afirmó su hermana. Ella se volvió y la miró. —Pero no se repetirá —señaló mientras se abrazaba a sí misma. —¿Por qué? —preguntó con curiosidad. —Porque no —contestó. —¿Por qué no? —insistió asomando en su rostro una leve sonrisa. —Porque no —sentenció seria pero la reacción de su hermana la descolocó. Eve gritó y comenzó a saltar de alegría por la habitación.”

“¡No has entendido que te amo, imbécil, que me he enamorado de ti con toda mi alma -me besaba con más fuerza-, que no puedo estar ni un segundo sin verte, sin escuchar tu voz, sin tocarte, sin sentir el olor de tu cuerpo y hacerte el amor -cubría de besos mi cara, mi cuello, mis manos-, que me eres imprescindible como el aire y que me voy a morir aquí mismo si me niegas que tú no sientes lo mismo!”

“Mi abuela tenía una teoría muy interesante, decía que si bien todos nacemos con una caja de cerillas en nuestro interior, no las podemos encender solos, necesitamos oxígeno y la ayuda de una vela. Sólo que en este caso, el oxígeno tiene que provenir, por ejemplo, del aliento de la persona amada; la vela puede ser cualquier tipo de alimento, música, caricia, palabra o sonido que haga disparar el detonador y así encender una de las cerillas. Por un momento nos sentiremos deslumbrados por una intensa emoción. Se producirá en nuestro interior un agradable calor que irá desapareciendo poco a poco conforme pase el tiempo, hasta que venga una nueva explosión que haga reavivarlo. Cada persona tiene que descubrir cuáles son sus detonadores para poder vivir, pues la combustión que se produce al encenderse una de ellas es lo que nutre de energía el alma. En otras palabras, esta combustión es su alimento. Si uno no descubre a tiempo cuáles son sus propios detonadores, la caja de cerillas se humedece y ya nunca podremos encender un solo fósforo. Si eso llega a pasar el alma huye de nuestro cuerpo, camina errante por las tinieblas más profundas tratando vanamente de encontrar alimento por sí misma, ignorante de que sólo el cuerpo que ha dejado inerme, lleno de frío, es el único que podría dárselo. Por eso hay que permanecer alejados de personas que tengan un aliento gélido. Su sola presencia podría apagar el fuego más intenso, con los resultados que ya conocemos. Mientras más distancia tomemos de estas personas, será más fácil protegernos de su soplo. Hay muchas maneras de poner a secar una caja de cerillas húmeda, pero puede estar segura de que tiene remedio. Claro que también hay que poner mucho cuidado en ir encendiendo las cerillas una a una. Porque si por una emoción muy fuerte se llegan a encender todas de un solo golpe, producen un resplandor tan fuerte que ilumina más allá de lo que podemos ver normalmente y entonces ante nuestros ojos aparece un túnel esplendoroso que nos muestra el camino que olvidamos al momento de nacer y que nos llama a reencontrar nuestro perdido origen divino. El alma desea reintegrarse al lugar de donde proviene, dejando al cuerpo inerte… Desde que mi abuela murió he tratado de demostrar científicamente esta teoría. Tal vez algún día lo logre”

“—Sigues mordiéndote los labios cuando estás nerviosa —señaló. Em, viéndose pillada in fraganti, dejó lo que hacía y se enfrentó a su captor. —No estoy nerviosa, yo… Pero no pudo terminar lo que iba a decir. La boca masculina se cernió sobre la de ella. Atrapó el labio inferior, dejó que su lengua sanara los pequeños arañazos que se había infringido y la deslizó con suavidad por la boca hasta que consiguió, con una dulce caricia, que Emily le permitiera adentrarse en su húmeda cavidad, arrancándole un gemido de bienvenida. El beso fue lento y suave, todo lo contrario de lo que podría esperar después de la discusión que habían mantenido. Las manos de él se asentaron en su cintura. Las manos de ella se enredaron en el cabello moreno. Un nuevo beso. Una nueva caricia. Un nuevo suspiro…”

“—Rojo… Fuego… Sus miradas chocaron de nuevo mientras sus resuellos se entrelazaron. Con lentitud, ella se deshizo de los guantes, atrapó la cremallera de su chaqueta de cuero consiguiendo que el ruido metálico, al bajar poco a poco, resonara entre las cuatro paredes de espejo. Sus ojos verdes descendieron hasta la férrea boca para a continuación posarse sobre la mirada eléctrica. Una de las manos del hombre se colocó en la nuca de ella y la otra, con suavidad, se asentó sobre la cadera dejando que sus experimentados dedos acariciaran la nívea piel, visible entre la camiseta y la cinturilla del vaquero. Las uñas moradas tiraron de la corbata negra, acercando más a su dueño, consiguiendo que sus cuerpos se amoldaran. Su osada cadera se arqueó levemente atrayendo el miembro ya erecto que se acomodó sin ningún problema a la curva sinuosa. Él tiró de la roja cabellera y levantó su rostro. —Fuego… —susurró mientras su boca se posaba hambrienta sobre la de su pareja.”