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Literatura Quotes

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Literatura Quotes

“Chacaltana tomó los papeles y trató de leer. Pero no había nada que entender en ellos. Sólo incoherencias. Barbarismos. No eran sólo los errores ortográficos, era todo. En el caos no hay error, y en esos papeles ni siquiera la sintaxis tenía sentido. Chacaltana había vivido toda su vida entre palabras ordenadas, entre poemas de Chocano y códigos legales, oraciones numeradas u ordenadas en verso. Ahora no sabía que hacer con un montón de palabras arrojadas al azar sobre la realidad. El mundo no podía seguir la lógica de esas palabras. O quizás todo lo contrario, quizás simplemente la realidad era así, y todo lo demás eran historias bonitas, como cuentas de colores, diseñadas para distraer y fingir que las cosas tienen algún significado.”

“À parte estes aborrecimentos, não me sentia muito infeliz. Todo o problema, repito-o, estava em matar o tempo. Por último, acabei por já não me maçar, a partir do instante em que aprendi a recordar. Punha-me às vezes a pensar no meu quarto e, em imaginação, partia de um canto e dava a volta ao quarto, enumerando mentalmente tudo o que encontrava pelo caminho. Ao princípio, isto durava pouco. Mas, cada vez que recomeçava, ia durando mais, pois lembrava-me de cada móvel e, para cada móvel, de cada objecto que lá havia e, para cada objecto, de todos os pormenores, e para os próprios pormenores, de uma incrustação, de uma racha, de um bordo quebrado, da cor que tinham, ou da qualidade de que eram feitos. Tentava ao mesmo tempo não perder o fio a este inventário e fazer uma enumeração completa. De tal forma que, ao fim de algumas semanas, passava horas só a catalogar tudo o que havia no meu quarto. Assim, quanto mais pensava, mais coisas esquecidas ia tirando da memória.”

“A mí me tocó ser adolescente en el tiempo en que se leía a Salgari. Hoy poca gente lo hace y es lástima. Pobre Emilio Salgari, atado al banco de galeote de un editor italiano, produciendo novelas y novelas sin término sobre todo lo que en su tiempo pertenecía a la geografía fabulosa. Del fondo de la memoria me vienen los nombres de su India y su Malasia. Sandokan, Yáñez, Tremal Naik, Kammamuri, los «thugs» asesinos. Una geografía de visiones. Y también el «Libro de la jungla» de Kipling. Lo que está en alguna parte del nocturno, en invisible abajo, es la jungla de Kipling. Donde el tigre Shere-Kan bosteza y la pantera negra Bagheera se agazapa. La de Naga la cobra y Rikki-Tiki-Tavi la mangosta, la de los lobos de Seoanee y la de Balú el oso y la del consejo de animales y los cantos de las tribus. Los que vamos dentro del monótono tabaco del avión ya no tenemos nada en común con Mowgli, el niño-lobo, y estamos desterrados de por vida de la geografía de Salgari y de la zoología de Kipling.”

“Não poderíamos comparar os "celibatários da arte" ou os "aparelhos" demasiadamente pesados para voar a estudantes e pesquisadores que querem ler tudo antes de começar uma reflexão pessoal ou uma tese e que evidentemente nunca começam porque há sempre a produção alheia a ser lida? Se a arte divide os amantes em duas categorias, aqueles que admiram porque "presos a uma bulimia que nunca os satisfaz" e "aqueles que produzem", a mesma separação poderia ser estabelecida entre os que querem só acumular o saber e os que têm a coragem, a perseverança e a paciência de ultrapassar essa etapa e escrever.”

“um bom livro deve ter mais do que uma pele, deve ser um prédio de vários andares. O rés-do-chão não serve à literatura. está muito bem para a construção civil, é cómodo para quem não gosta de subir as escadas, útil para quem não pode subir as escadas, mas para a literatura há que haver andares empilhados uns em cima dos outros. Escadarias e escadarias, letras abaixo, letras acima.”

“Como dice Blanchot, la esencia de la literatura nunca está ya aquí, siempre hay que encontrarla o inventarla de nuevo. Así vengo yo trabajando en estas notas, buscando e inventando, prescindiendo de que existen unas reglas de juego de la literatura. Vengo yo trabajando en estas notas de forma un tanto despreocupada o anárquica, de un modo que me recuerda a veces la respuesta que dio el gran torero Belmonte cuando, en una entrevista, le requirieron que hablara sobre su toreo. "¡Si no sé! -contestó-. Palabra que no sé. Yo no sé las reglas, ni creo en las reglas. Yo siento el toreo, y sin fijarme en las reglas lo ejecuto a mi modo." "Quien afirme a la literatura en sí misma, no afirma nada. Quien la busca, sólo busca lo que se escapa, quien la encuentra, sólo encuentra lo que está aquí o, cosa peor, más allá de la literatura. Por eso, finalmente, cada libro persigue la no-literatura como la esencia de lo que quiere y quisiera apasionadamente descubrir.”

“..não tem maisl ugar o escritor mandarim, aquele que, como Sartre na França ou Ortega Y Gasset e Unamuno em seu tempo ou um Octavio Paz ainda entre nós, faz as vezes de guia e mestre em todas as questões importantes e supre um vazio que, por causa da escassa participação dos demais na vida pública, ou pela falta de democracia ou prestígio mítico da literatura, só o "grande escritor" parece capaz de preencher. Numa sociedade livre aquela função de tutor que exerce o escritor- às vezes de forma proveitosa - acaba sendo inútil nas sociedades submetidas: a complexidade e a multiplicidade dos problemas o levam a dizer disparates se quiser dar palpites em tudo. Suas opiniões e posicionamentos podem ser muito lúcidos, mas não necesariamente mais do que as de qualquer outro- um cientista, um profissional, um técnico- e, seja como for, devem ser julgadas por seus próprios méritos e não por serem provenientes de alguém que escreve com talento. Essa dessacralização da pessoa do escritor não me parece uma desgraça, pelo contrário, põe as coisas no seu lugar, pois a verdade é que escrever bons romances ou belos poemas não implica que quem assim está dotado para a criação literária goza de clarividência generalizada”

“În mod stereotip, în discursurile de absolvire, educația liberală se identifică cu acumularea înțelepciunii și a cunoașterii de sine, dar aceste scopuri par a fi fost pierdute din vedere de metodologia actuală a predării și a examinării. Dacă le judecăm după ceea ce fac, și nu neapărat după ceea ce pretind cu atâta lejeritate, universitățile produc o majoritate de profesioniști foarte bine orientați (avocați, medici, ingineri) și o minoritate de absolvenți de arte bine informați cultural, dar derutați moral, panicați în legătură cu modul în care își vor câștiga existența de acum încolo. Implicit, i-am încredințat sistemului nostru de învățământ academic o misiune duală și posibil contradictorie: aceea de a ne învăța cum să ne câștigăm traiul și de a ne învăța cum să trăim. Iar pe cea de-a doua am pierdut-o, în mod inconștient, din vedere. (...) noi am construit o lume intelectuală în care cle mai apreciate instituții rareori se obosesc să pună cele mai serioase întrebări ale sufletului, darămite să le mai și dea răspuns. Pentru a rezolva incongruențele, am putea începe să ne remaniem universitățile eliminând domenii precum istoria și literatura, categorii eminamente superficiale și care, chiar dacă acoperă un material valoros, nu urmăresc ele însele temele care ne bântuie cel mai tare sufletele.”

“Ahora tengo sueño, digo yo, como si fuera el eco del doctor Pasavento. Y tengo la impresión de que, con mi posición de escribiente, iluminado por la luz de una imaginaria luna menguante, recuerdo las humildes posiciones de aquellos personajes de Walser de los que Walter Benjamin decía que parecían provenir de la noche más oscura, personajes que venían del sueño de una noche veneciana y que lo que lloraban era prosa. “Pues el sollozo”, decía Benjamin, “es la melodía del parloteo de Walser”. Son personajes que no han renunciado a su componente infantil, seguramente porque nunca fueron niños. Les horroriza la idea de que, por cualquier circunstancia ajena a sus deseos, puedan llegar a tener éxito en la vida. ¿Y por qué les horroriza tanto? Desde luego no por sentimientos como el desprecio o el rencor, sino, como dice Benjamin, en sus líneas dedicadas a Walser, por motivos del todo epicúreos. Quieren vivir con ellos mismos. No necesitan a nadie. Son seres a los que su propia naturaleza aleja de la sociedad y que, en contra de lo que pueda pensarse, no necesitan ninguna ayuda, pues si quieren seguir siendo de verdad sólo pueden alimentarse de sí mismos. Proceden, o aparentan proceder, de las praderas de Appenzell y su vida empieza donde acaban los cuentos. “Y si no han muerto, entonces es que hoy viven todavía”, dice Walser de los personajes de esos cuentos. Y nos muestra a continuación cómo viven y a qué se dedican, nos explica qué es lo suyo. Hay días en que lo suyo es ser como coches fúnebres que van a todas partes menos al cementerio. Y otros en los que lo suyo son textos, ensayos errantes, microgramas, furtivas conversaciones con un botón, ilusorios papelillos, pequeña prosa, tentativas de escribir para ausentarse, cigarrillos efímeros y cosas por el estilo.”

“Hay metáforas más reales que las personas que pasan por la calle. Hay imágenes en los rincones de los libros que viven más nítidamente que muchos hombres y mujeres. Hay frases literarias que tienen una personalidad absolutamente humana. Hay fragmentos de párrafos míos que me hielan de pavor, de tal modo los siento claramente como seres humanos, tan bien perfilados contra las paredes de mi cuarto, por la noche, en la sombra. He escrito frases cuyo sonido -es imposible ocultar su sonido-, es absolutamente el de una cosa que ganó exterioridad absoluta y alma por completo.”

“Había leído lo bastante como para apreciar mi ingenio literario, pero no lo bastante como para identificar mis fuentes de conocimiento. Me encantan las mujeres así. Podía decirle cosas como: "La principal diferencia entre la felicidad y la alegría es que la felicidad es sólida, mientras que la alegría es líquida" y, escudándome en su ignorancia de Salinger, sentirme ingenioso, seductor y, porqué no decirlo, joven. Notaba que Ernie me miraba fijamente mientras yo me daba pisto, pero qué diablos, pensaba yo. Un hombre tiene derecho a flirtear.”

“O processo de identificação é infantil, mas não é inteiramente ingênuo, porque não pode ocupar toda a minha mente. Enquanto parte de minha mente está criando gente de ficção, falando e agindo como meus heróis e em geral tentando se colocar na pele de outra pessoa, outra parte está cuidadosamente avaliando o romance como um todo - supervisionando a composição, imaginando como o leitor vai ler, interpretando a narrativa e os atores e tentando prever o efeito de minhas frases. Todos esses cálculos sutis, envolvendo o aspecto planejado do romance e o lado sentimental-reflexivo do romancista, revelam uma auto consciênciaque está em direto contraste com a ingenuidade da infância. Quanto mais o romancista consegue ser, ao mesmo tempo, ingênuo e sentimental, melhor ele escreve.”

“Ao contemplar uma pintura de grandes proporções, sentimo-nos empolgados por estar na presença de tudo ao mesmo tempo e queremos entrar no quadro. Quando estamos no meio de um volumoso romance, sentimos o estonteante prazer de estar num mundo que não conseguimos ver em sua inteireza. Para ver tudo temos de constantemente transformar os momentos separados em quadros mentais. É esse processo de transformação que torna a leitura de um romance uma tarefa mais pessoal, mais colaborativa que a contemplação de um quadro.”

“Nosso esforço para ler e visualizar um romance está relacionado com nosso desejo de ser especiais e distinguir-nos dos outros. E esse sentimento tem a ver com nosso desejo de identificar- nos com as personagens do romance, cuja vida é diferente da nossa. Lendo Ulysses, sentimo-nos bem, em primeiro lugar, porque tentamos identificar-nos com as personagens, cuja vida, cujos sonhos, ambiente, temores, planos e tradições são tão diferentes dos nossos. Mas depois esse sentimento é ampliado por nossa consciência de que estamos lendo um romance "difícil" - e, no fundo, sentimo-nos empenhados numa atividade de certa distinção. Quando lemos a obra de um escritor desafiador como Joyce, parte de nosso cérebro está ocupada se congratulando conosco por lermos um escritor como Joyce. Quando tirou da bolsa seu volume de Proust, no dia da matrícula, Ayse pretendia não desperdiçar o tempo que passaria na fila; mas provavelmente também queria mostrar como era diferente, fazendo um gesto social que lhe permitiria encontrar outros estudantes iguais a ela. Poderíamos descrevê-Ia como uma leitora sentimental-reflexiva, consciente do significado de seu gesto. E é provável que Zeynep fosse o tipo de leitora ingênua que, comparada com Ayse, tinha menos consciência do ar de distinção que um romance pode conferir a seus leitores. Ao menos podemos imaginar, sem correr o risco de estar enganados, que assim Ayse a via. A ingenuidade e a sentimentalidade do leitor – como uma consciência do artifício do romance - estão relacionadas com um interesse pelo contexto e pela maneira como se lê um romance e com o lugar do escritor nesse contexto.”