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Educación Quotes

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Educación Quotes

“Resultó que los tres formaban el núcleo duro del denominado GC, un Grupo Conspirador que se había propuesto socavar el sistema escolar vigente. Pero no de veras, como se apresuraron a puntualizar, ya que nadie quería jugarse en serio el puesto de trabajo, sino tan sólo, según me dijeron, verbalmente. De manera que se trataba de un círculo de revolucionarios que no hacían nada, sino que sólo hablaban de lo que les gustaría hacer y del estado en que se hallaba nuestro corrompido y más que pervertido sistema escolar.”

“Convertida la educación en aprendizaje social, la escuela podrá anticipar a los niños lo que éstos devolverán a la sociedad cuando sean hombres. El alimento, el vestido, el juguete, el libro, la herramienta, deben ser dados gratuitamente, para educar al niño en una atmósfera de solidaridad y de confianza, para enseñarle que todos los padres trabajan para todos los hijos.”

“Prima con frecuencia la construcción de hipótesis que culpabilizan a la estructura familiar, a las formas o condiciones de vida que portan los sujetos educativos que sufren estas situaciones. Estas concepciones operan, en ocasiones, como prejuicios más que como conocimiento de la comunidad en la que intervienen, y de ellas pueden derivarse condicionamientos estigmatizantes hacia las capacidades y potencialidades de los alumnos. »En el ámbito académico existen estudios que han indagado sobre las representaciones que portan los docentes frente a las posibilidades de éxito o fracaso escolar de sus alumnos, concluyendo en que las expectativas de logro o fracaso que tienen los docentes respecto a sus alumnos incide en el desempeño de éstos. Algunos docentes construyen conceptos negativos sobre las habilidades de los estudiantes que presentan otros tiempos y ritmos para la adquisición de aprendizajes y en consecuencia limitan la atención que les brindan, mientras que una mayor atención les ayudaría a mejorar su situación académica (Díaz Sánchez: 1999; Schmelkes, S.: 1997). Las expectativas de los docentes suelen estar influenciadas por el origen social de sus alumnos y pueden condicionar no sólo lo que el docente haga con ellos sino en la opinión que el propio alumno se forma de sí mismo. Cuando un alumno se percibe como hábil, estará más estimulado y sus esfuerzos serán mayores. Las bajas expectativas son producto de una autopercepción negativa respecto de sus habilidades y saberes adquiridos. La falta de confianza en sí mismo afecta la autoestima y termina por condicionar las posibilidades de aprender. Para los docentes, el permanente análisis y develamiento de las posiciones sobre este problema junto a otros colegas y actores del sistema educativo se convierte en un paso necesario para reflexionar y consolidar estrategias pedagógicas que apunten a retener a los alumnos.”

“Rafael sentía que la educación tradicional era en realidad una manera de ir cegando a nuestros niños y a nuestros jóvenes, de irlos preparando para que el sistema los machacara más tarde a su antojo. Ninguna materia está diseñada para entusiasmar, para seducir, para fomentar la alegría del conocimiento. Todo lo contrario: cada maestro deposita en su clase sus propias frustraciones, su tristeza, el estruendoso fracaso de su vida. Y de ahí en adelante el sistema entero se encargará de irnos moldeando para que jamás despertemos de ese marasmo que es la vida de manso empleado eficiente: las propagandas, las telenovelas y los seriados televisivos, los noticieros de radio y televisión que siempre mienten y que observan los hechos desde ángulos sesgados que están bajo la supervisión de ciertos consorcios económicos, el concepto de belleza anoréxico y famélico que condena a millones de personas a sufrir con dietas y a someterse a pésimas alimentaciones, la comida chatarra que condena a los otros a engordarse hasta la enfermedad y la muerte, el consumismo aberrante, el racismo soterrado o explícito, todo está perfectamente armado para que cada uno de nosotros caiga en la trampa y empiece a comportarse como los otros, a pensar lo mismo, a sentir lo mismo, a soñar lo mismo. A esa gigantesca maquinaria, a ese descomunal tinglado donde todo está preparado para que nuestras vidas sucumban y se hundan, Rafael lo llamó La Cosa.”

“No te conformes solo con aprender de los libros. Sería muy triste que solo la letra escrita te educase. La educación con mayúscula ya está dentro de ti. Dentro. No fuera. Aunque tú ni te lo crees, ni lo sabes. Todavía. Pero pronto, muy pronto, si persistes, podrás enorgullecerte porque aprendiste a leer el hálito de viento. Porque cuando miraste al cielo supiste lo que las estrellas revelaban. Porque leíste en las hojas de los árboles, en los pétalos de las flores. En el semblante de los otros viajeros. La gente de tu alrededor te habla. Aunque tú no cruces palabra alguna con ellos. Aunque no les conozcas de nada.”

“El docente como ejemplo de conducta: Además de portar las tecnologías específicas, el docente [debía] ser un ejemplo —físico, biológico, moral, social, epistémico, etcétera— de conducta a seguir por sus alumnos. Adoptó entonces funciones de redención de sus alumnos, bajo la lógica del [...] "sacerdote laico". Se puso un peso muy importante en su accionar, por lo que el maestro debía ser un modelo aun fuera de la escuela, perdiendo así su vida privada, que quedó convertida en pública y expuesta a sanciones laborales. Junto con esto se presentan condiciones de trabajo deficientes —salariales, sobreexplotación, horas y jornadas laborales no pagas, etcétera— y [la idea de que el docente debe perseguir] retribuciones "superiores" no materiales. Esta "vocación forzada" condujo a la feminización de la profesión docente.”

“Los problemas de los jóvenes sólo pueden resolverse por la vía de la educación, jamás por la fuerza, la violencia o la corrupción. Ésa ha sido mi norma constante de acción y el objeto de mi entrega total, en tiempo y energías, durante el desempeño de la rectoría. El rector, Ing. Javier Barros Sierra, texto de su renuncia a la H. Junta de Gobierno de la UNAM, el 23 de septiembre de 1968.”

“Las múltiples desigualdades sociales son persistentes y en muchos casos tienden a reproducirse entre las generaciones, más allá de las buenas intenciones. En efecto, uno de los sociólogos contemporáneos más reconocidos del mundo escribe: "La educación universal, se sostiene, contribuiría a reducir las disparidades de riqueza y poder (..)". Y luego se pregunta hasta qué punto esto es cierto. La respuesta que ofrece es contundente: "Se han dedicado numerosos esfuerzos de investigación sociológica a responder esta cuestión. Sus resultados han sido claros: la educación tiende a expresar y reafirmar desigualdades ya existentes, en mucha mayor medida de lo que contribuye a cambiarlas" (Giddens A., Sociología, Alianza, Madrid 1997, pág. 466). Pero esto no es una gran novedad, ya que en los Estados Unidos, el célebre Informe Coleman de 1966 afirmaba que "Las desigualdades impuestas a los niños por su hogar, vecindario y compañeros se prolongan hasta convertirse en las desigualdades con las que se enfrentan a la vida adulta al finalizar la escuela". Mientras algunos estudian las relaciones objetivas entre características de los alumnos y sus familias, variables de la oferta escolar y rendimiento académico de los niños; otros investigadores analizan qué es lo que sucede en lo que se llama "la caja negra" de las instituciones escolares. Aquí las representaciones, tipificaciones y expectativas de los actores juegan un papel fundamental. Diversos estudios mostraron que existe una cierta tendencia a "esperar menos" de los niños que tienen ciertas características sociales, culturales, étnicas, de género, etc. Muchas veces las relaciones entre las personas están mediadas por las imágenes que nos hacemos de los otros, y estas tienen una influencia variable sobre la construcción de las subjetividades. "Todos nos parecemos a la imagen que los otros tienen de nosotros", decía Borges. Lo que esta tradición intelectual viene a recordarnos es que la desigualdad y la exclusión no son fenómenos automáticos, sino que se producen a través de prácticas de sujetos que son parcialmente conscientes de lo que hacen.”

“La lectura en negativo reifica las relaciones para convertirlas en cosas, nihiliza esas cosas transformándolas en cosas ausentes, "explica" el mundo por desplazamiento de las carencias, postula una causalidad de la carencia. Este tipo de lectura engendra "objetos" como el "fracaso es-colar", el "handicap sociocultural", pero también en otros campos la "exclusión" o los "sin domicilio fijo". La lectura en negativo es la mirada que los dominantes tienen sobre los dominados, es efecto de la dominación en el espacio de la denominación y en el campo de la teorí­a. ¿Qué es la lectura "en positivo"? Esta expresión, que hemos empleado en nuestro libro sobre los colleges, ha sido frecuentemente interpretada como lectura "optimista" de la realidad. No es para nada falso. Practicar una lectura en positivo es prestar también atención a lo que la gente hace, logra, tiene y no solamente a lo que pierde y a lo que le falta. Es, por ejemplo, preguntarse por lo que saben (a pesar de todo) los alumnos fracasados, lo que saben de la vida pero también lo que han adquirido de los saberes que la escuela intenta dispensarles. En este sentido, se trata de una lectura "optimista", si nos circunscribirnos a esta palabra. Pero lo esencial no es eso. La lectura en positivo constituye antes que nada una postura epistemológica y metodológica. Practicar una lectura en positivo no es solamente, ni fundamentalmente, percibir adquisiciones al lado de las carencias, es leer de otra forma lo que es leí­do como carencia por la lectura en negativo.”

“De nada sirven las reacciones apocalípticas que anatemizan el zapping. Las formas de comportamiento fragmentario, tanto ante el televisor como en la vida en general, son un signo de los tiempos. En otras palabras, son inevitables. En consecuencia, si el zapping es inevitable, y si al mismo tiempo destruye cualquier método conocido de aprendizaje, lo que habrá que imponerse es una revisión a fondo de los métodos conocidos de aprendizaje.”

“Mito: Masividad y calidad son dos términos irreconciliables El mayor acceso a la educación genera fuertes tensiones y desafíos en todos los países. Si un número relevante de niños y jóvenes que estaban fuera del sistema ingresan en él, como sucedió en años recientes en la Argentina, sobre todo a partir de la obligatoriedad del secundario, la composición social y cultural de las aulas se transforma. Para los docentes, crece el desafío de dar respuesta a una situación que no admite recetas simples. En las instituciones donde este cambio ha sido más significativo muchos docentes se sienten desbordados por la complejidad del escenario. [...] Pero una cosa es que no existan recetas y otra muy diferente es que las dificultades lleven a situaciones de frustración que terminen por consagrar un mito: no se pueden llevar adelante buenos procesos de enseñanza con alumnos que “no quieren aprender”. Este mito busca atacar las políticas de inclusión que “meten” en la escuela, y en el aula, a los “alumnos problema”. [...] Es habitual que la elite sienta nostalgia de la homogeneidad social y cultural, de los buenos tiempos en que a “toda” la sociedad le gustaba la música clásica y todo marchaba mejor que ahora, una época en la que dominan el rock y la cumbia. En realidad, esa “sociedad” de antes estaba integrada exclusivamente por quienes tenían cierta extracción de clase y gustos culturales afines. El resto de los ciudadanos estaban completamente excluidos. Añorar aquello es como sentir nostalgia por la época del primer Centenario: en 1910 no había voto universal y el analfabetismo era alto. En ese sentido, los sectores de la elite se quejan y padecen los procesos de inclusión que tienden a universalizar derechos, tendencia a la que prefieren denominar “masificación”. Y si bien la exclusión jurídica ha desaparecido, la discriminación social se advierte aún en sectores medios y altos que procuran evitar el contacto con la “masificación” o con la heterogeneidad social. Como son motivos no siempre fáciles de enunciar en voz alta, suelen mencionar otras mitomanías para justificar sus gestos y decisiones. En algunos casos, para conjurar los temores pueden permitirse asistir a colegios o universidades más exigentes (pero ¿cuántos llegan a Harvard?). Otras veces, concurren a instituciones de enseñanza privada que están muy por debajo de la educación pública. Quizás allí se ofrezca un servicio de calidad y una atención personalizada, pero esto no siempre se corresponde con la calidad académica. [...] Detrás del mito asoma una concepción elitista de la vida y de la calidad en términos de excelencia (que, por definición, no podría ser generalizada). Incluso, a veces se constata un gesto aristocrático extemporáneo, cuando esa visión elitista es enunciada por alguien que se imagina a sí mismo, en el pasado, como parte de los estratos más altos del sistema, cuando en realidad habría estado entre los excluidos. Hay que distinguir la forma de enunciar el mito de su significado. Por ejemplo, se dice que “hay que elegir entre masividad y calidad porque son incompatibles”, cuando en realidad se quiere (y no se puede) decir que debería haber “escuelas de calidad para los buenos alumnos” y “escuelas de cuarta para los alumnos de cuarta”.”