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Sociedad Quotes

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Sociedad Quotes

“Patrimonio común de la sociedad, las ciencias no deben constituir un privilegio de castas herméticas ni es lícito que algunos hombres monopolicen, sus resultados en perjuicio de los demás. El único límite de su difusión debe ser la capacidad para comprenderlas; el destino único de sus aplicaciones, aumentar la común felicidad de los hombres y permitirles una vida más digna.”

“Las palabras, pronunciadas o tipiadas ya no luchan por consignar el viaje de descubrimiento espiritual. Tal como lo expresó admirablemente Chris Moss (en el Guardian Weekend),[11] por medio de “el chat por Internet, los teléfonos móviles, los mensajes de texto”, “la introspección es reemplazada por una interacción frenética y frívola que expone nuestros secretos más profundos al lado de nuestra lista de compras.”

“Los progresos de las ciencias y de las técnicas, el desarrollo del espíritu crítico, la expansión del espíritu individualista y competitivo impuesto por un mundo donde la rentabilidad y el beneficio reemplazan a los antiguos valores, dejan solo al individuo. La salvación, si existe, no puede estar sino en él, así como la muerte es su muerte, que deberá afrontar sin la ayuda de Dios.”

“Una individualidad excesiva como la que se promueve en muchas sociedades contemporáneas sólo puede tener un resultado natural: el colapso de la civilización. Esto se debe a que la estabilidad de las relaciones sociales actuales depende de un factor que está a punto de extinguirse: la mutua necesidad.”

“« Para poder hacer algo en el mundo, hay que olvidarse de uno mismo (...) Los hombres no están en la tierra sólo para ser felices u honrados. Estamos en este mundo para hacer cosas por la sociedad, para ser nobles y para dejar atrás la simpleza en la que vivimos. » (Carta 33, Londres, 8 de mayo de 1875)”

“Así están las cosas, habrá que hacerles frente: si no acepto definirme como transexual, como «disfórico de género», entonces deberé admitir que estoy enganchado a la testosterona. Cuando un cuerpo abandona las prácticas que la sociedad en la que vive le autoriza como masculino o femenino, se desliza progresivamente hacia la patología. Esas son las opciones biopolíticas que se me ofrecen: o me declaro transexual, o me declaro drogadicta y psicótica. En el estado actual de cosas parece más prudente declararse transexual y dejar que la medicina crea que puede proponerme una cura satisfactoria a mí «trastorno de identidad de género». En ese caso deberé aceptar que he nacido en un cuerpo con el que no me identifico, declarar aborrecer mi bio-cuerpo, mi sexo, mi forma de acceder al orgasmo. Va a ser necesario reescribir mi historia, modificar cualquier elemento que pertenezca a una narración femenina. Tendría que desplegar una buena serie de mentiras bien calculadas: no me gustan las Barbies, nunca he jugado con muñecas, aborrezco mis pechos y mi vagina, siento horror frente a la penetración vaginal, mi único modo posible de tener un orgasmo es con un dildo. De lo que se trata en definitiva es de declararme enfermo mental, confirmando así los criterios fijados por la DMS-IV, el Manual de Diagnóstico de Enfermedades Mentales de la Organización Mundial de la Salud, en el que la transexualidad aparece como enfermedad mental junto con el exhibicionismo, el fetichismo, el frotteurismo, el masoquismo, el sadismo, el travestismo y el voyerismo. Si no acepto esta clasificación médica, entonces entro clara y definitivamente en el territorio irrecuperable de la psicosis. O más bien habría que decir que debo elegir entre dos psicosis: en una (transexualidad) la testosterona aparece como fármaco; en la otra (adicción), la testosterona resulta ser la sustancia cuya dependencia debe ser curada por otros medios. He caído en una trampa política) el problema es que esa trampa tiene la forma de mi subjetividad, es mi propio cuerpo. Pero ¿cómo hemos podido dejarle al Estado la gestión del deseo, de la fantasía sexual, del sentido de habitar o no el cuerpo propio? ¿O habrá que decir el cuerpo del Estado? Si me autoadministro ciertas dosis de testosterona, corriendo el riesgo de desarrollar vello facial, de ver mi voz volverse cada vez más ronca, o de aumentar la talla de mi clítoris sin pensar en vivir 'social y políticamente identificándome como hombre, necesariamente estoy loca.”

“El dolor psíquico experimentado por las poblaciones subordinadas debe ser tratado como ideología, no como un conocimiento anterior a la caída de Adán y Eva o como una teoría social comprensiva condensada... Pensar otra cosa implica afirmar que el dolor es meramente banal, una historia que ya siempre se ha contado.”