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L Quotes

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“La vida estaba en el espejo, en el espejo de la pantalla de cristal líquido, pues ambos escribíamos también en el ordenador (palabra de Nisisen: Lo que esos viejóvenes o vejestorios que aún escriben a mano o con máquina de escribir no entienden de escribir a ordenador es que nosotros podemos editar una frase diez veces en un minuto y ellos no, chapuceros).”

“La vida extiende su sufrimiento para crecer dentro del alma; un triste reflejo de lo que he llegado a ser se vuelve un aburrido recordatorio de mi soledad. La realidad se desata en un concepto de formas y ángulos que se transfiguran ante mis ojos para contemplar algún tipo de verdad, un tipo de verdad que apesta a desesperación y desolación. En el negro ébano de un abismo eterno, mi vínculo con la humanidad es tan solo un viejo y demacrado cordel. Una extensión hacia la nada. Insuficiente para soportarme si apoyo todo el peso de mi existencia sobre ella, pero porque está ahí afuera, quiero sentir la liberación de un equilibrio compartido. Anhelo, pero resisto todo con mi propia incapacidad para mantener el impulso y, en cada pendiente, la fricción subyacente persigue la voluntad de detenerme. Una vez más, vuelvo a encontrarme inmóvil, indeciso. La indecisión podría considerarse una de las más disruptivas maldiciones; un intervalo de reflexión entre un aliento de muerte y la palpitante procesión en el que uno se pregunta si este complejo nexo de carne animal y espíritu humano, si este febril océano de nudos, si esta trama de éxtasis apocalíptico merece algo parecido a la piedad o, tal vez, a la admiración. De todas formas, antes de que se pueda pensar en una respuesta, el intervalo termina, y la hoja inquebrantable de la alienación unge una vez más las pulsaciones de silencio.”

“La vida, interrumpida dos años atrás por el terremoto, continuaba ahora sin trabas. Los carros de comidas en las calles, los negocios con sus parlantes sacados a filo de vereda y el ruido de siempre atestaban las calles. En los solares despejados de ruinas, algunas personas habían empezado a edificar nuevas construcciones igual de endebles y mal construidas que las que colapsaran. La pobreza olvidaba los consejos de los expertos. El municipio daba los permisos con la misma ligereza de antes, los pobres seguían soñando en la economía de la inmortalidad.”