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Matrimonio Quotes

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Matrimonio Quotes

“Después de que Marko y yo nos casáramos, vivimos con sus padres. Con siete miembros de la familia compartiendo dos habitaciones. Marko y yo nos estabilizamos en nuestra nueva vida juntos. Él supervisaba la construcción de nuestra casa y yo continuaba trabajando en la agencia de viajes. Qué afortunada era por haberme casado con un hombre cuyos pensamientos y sentimientos eran tan parecidos a los míos. Nuestra compatibilidad era claramente un fruto del intento de vivir los mensajes de Nuestra Señora. La oración y el ayuno abrieron nuestros corazones para ser más comprensivos y nos permitió ver el valor de dar.”

“Ni se imagina el lector la cantidad de años que me pasé, durante mis estudios universitarios entre grado y máster, erradicando de mi mente el muy falso mito del 'príncipe azul'. Todavía continúa de sobra extendido en buena parte de la población, aunque desprenda una toxicidad que tanto perjuicio ocasiona en la mente de una chica. Es imposible hacer cambiar para bien a un 'malote' gracias al amor proporcionado por una mujer. Ante la ausencia de unos límites predefinidos que la hagan respetar, lo único que ella obtendrá a cambio serán abusos más constantes y voluminosos por parte del hombre. Y por desgracia, te das cuenta de que el romántico mito del 'príncipe azul' tiene aún más posibilidades de pervivir si el educador de un centro penitenciario se atreve a decirle a un preso, 'de boquilla', que sus ilícitos instintos sexuales desaparecerán solo con la mágica aparición de una esposa. Y con esa magia, me refiero a lo de simplemente ponerle a una mujer por delante, sin un hondo trabajo efectuado anteriormente sobre el sujeto; como tanto he enfatizado en mi idea de la utilización misógina de las mujeres, a las que se les echa encima el enorme peso de reformar a un sacerdote pederasta 'por amor'.”

“La vida de pareja, tras la satisfacción de los sentidos, se convierte muchas veces en un martirio, en una cascada de resentimientos y recriminaciones mutuas, en una cadena de celos y traiciones, de infidelidades imperdonables y perdones parciales, de mezquindades por plata, por herencias, porque se prefiere o se detesta a uno de los hijos, por sospechas y verdades, sacrificios, adulterios, una montaña de líos, exageraciones, abismos sentimentales que nosotros no conocemos o conocemos solamente en el confesionario.”

“El amor sólo es posible cuando dos personas se comunican entre sí desde el centro de sus existencias, por lo tanto, cuando cada una de ellas se experimenta a sí misma desde el centro de su existencia. Experimentado en esa forma, el amor es un desafío constante; no un lugar de reposo, sino un moverse, crecer, trabajar juntos; que haya armonía o conflicto, alegría o tristeza, es secundario con respecto al hecho fundamental de que dos seres se experimentan desde la esencia de su existencia, de que son el uno con el otro al ser uno consigo mismo y no al huir de sí mismos. Sólo hay una prueba de la presencia de amor: la hondura de la relación y la vitalidad y la fuerza de cada una de las personas implicadas; es por tales frutos por los que se reconoce al amor.”

“Dejar de «estar enamorados» no necesariamente implica dejar de amar. El amor en este otro sentido, el amor como distinto de «estar enamorado», no es meramente un sentimiento. Es una profunda unidad, mantenida por la voluntad y deliberadamente reforzada por el hábito; reforzada por (en los matrimonios cristianos) la gracia que ambos cónyuges piden, y reciben, de Dios. Pueden sentir este amor el uno por el otro incluso en los momentos en que no se gustan, del mismo modo que yo me amo a mí mismo incluso si no me gusto. Pueden retener este amor incluso cuando cada uno podría fácilmente, si se lo permitieran, estar «enamorado» de otra persona. «Estar enamorados» los llevó primero a prometerse fidelidad; este amor más tranquilo les permite guardar esa promesa. Es a base de este amor como funciona el motor del matrimonio: estar enamorados fue la ignición que lo puso en marcha.”

“El Enemigo describió a la pareja casada como “una sola carne”. Pablo no lo limitó a las parejas casadas. Para él, la mera copulación da lugar a “una sola carne”. Lo cierto es que siempre que un hombre yace con una mujer, les guste o no, se establece entre ellos una relación trascendente que debe ser eternamente disfrutada o eternamente soportada.”

“En toda buena elección, en cuanto es de nuestra parte, el ojo de nuestra intención debe ser simple, solamente mirando para lo que soy criado, es a saber, para alabanza de Dios nuestro Señor y salvación de mi ánima, y así, cualquier cosa que yo eligiere debe ser a que me ayude para al fin para que soy criado, no ordenando ni trayendo el fin al medio, mas el medio al fin. Porque primero hemos de poner por obyecto querer servir a Dios, que es el fin, y secundario tomar beneficio o casarme, si más me conviene, que es el medio para el fin; así ninguna cosa me debe mover a tomar los tales medios o a privarme dellos, sino sólo el servicio y alabanza de Dios nuestro Señor y salud eterna de mi ánima.”

“El primer punto. Es necesario que todas cosas de las cuales queremos hacer elección sean indiferentes o buenas en sí, y que militen dentro de la santa madre Iglesia jerárquica, y no malas ni repugnantes a ella. Segundo. Hay unas cosas que caen debajo de elección inmutable, así como son sacerdocio, matrimonio, etc.; hay otras que caen debajo de elección mutable, así como son tomar beneficios o dejarlos, tomar bienes temporales o lanzallos. Tercero. En la elección inmutable, que ya una vez se ha hecho elección, no hay más que eligir, porque no se puede desatar; así como es matrimonio, sacerdocio, etc. Sólo es de mirar que, si no ha hecho elección debida y ordenadamente sin afecciones desordenadas, arrepintiéndose, procure hacer buena vida en su elección.”

“Se cree a veces que los muertos nos están mirando. Y pensamos, con razón o sin ella, que, si nos miran, lo harán con mucha mayor claridad que antes. ¿Se dará cuenta ahora H. de cuánto espumarajo y oropel había en lo que tanto ella como yo llamábamos «mi amor»? Así sea. Mírame sin piedad, querida. Ni aunque pudiera hacerlo me escondería. No solíamos idealizarnos uno a otro. No teníamos secretos uno para el otro. Conocías de sobra mis rincones más putrefactos. Si ahora descubres algo aún peor, soy capaz de soportarlo. Y tú también. Rebate, explícate, búrlate de mí, perdóname. Porque este es uno de los milagros del amor; que consigue dar a la pareja –pero quizá más aún a la mujer– el poder de penetrar en sus propios engaños, y a pesar de todo no vivir desengañada.”

“El marido debe amar a la esposa como Cristo amó a su Iglesia y —sigamos leyendo— «dio la vida por ella» (Efesios 5, 25). Así pues, esta autoridad está más plenamente personificada no en el marido que todos quisiéramos ser, sino en Aquel cuyo matrimonio más se parece a una crucifixión, cuya esposa recibe más y da menos, es menos digna que él, es —por su misma naturaleza— menos amable. Porque la Iglesia no tiene más belleza que la que el Esposo le da; Él no la encuentra amable, pero la hace tal. Hay que mirar el crisma de esta terrible coronación no en las alegrías del matrimonio de cualquier hombre, sino en sus penas, en la enfermedad y sufrimientos de una buena esposa, o en las faltas de una mala esposa, en la perseverante (y nunca ostentosa) solicitud o inextinguible capacidad de perdón de ese hombre, perdón, no aceptación. Así como Cristo ve en la imperfecta, orgullosa, fanática o tibia Iglesia terrena a la Esposa que un día estará «sin mancha ni arruga», y se esfuerza para que llegue a serlo, así el esposo, cuya autoridad es como la de Cristo (y no se le ha concedido ninguna de otra clase), jamás debe desesperar. Por tanto, en esos matrimonios desgraciados, la «autoridad» del marido, si es que puede mantenerla, es más semejante a la de Cristo.”

“Las más inflexibles feministas no tienen que envidiar al sexo masculino la corona que les es ofrecida, ya sea en el misterio pagano o en el cristiano: porque una es de papel; la otra, de espinas. El verdadero peligro no está en que los maridos vayan a coger la corona de espinas con demasiada vehemencia, sino que ellos permitan u obliguen a sus mujeres a que se la roben.”

“Anche Isabel era sconvolta, ma non colpita quanto si sarebbe immaginata. Ciò che sentiva non era una grande responsabilità, una grande difficoltà di scelta; le appariva chiaro che nella questione non c’era stato da scegliere. Non poteva sposare Lord Warburton; questa idea non poteva andar d’accordo con nessuno degli illuminati pregiudizi a favore della libera esplorazione della vita che ella aveva finora professati o che era attualmente capace di professare. Doveva scrivergli questo, doveva convincerlo, ed era un compito relativamente facile. Ma ciò che la turbava, nel senso che la riempiva di meraviglia, era proprio il fatto che le costasse così poco rifiutare una magnifica «occasione». Quali che ne fossero i limiti, Lord Warburton le aveva offerto una grande possibilità; la situazione poteva avere i suoi lati negativi, poteva contenere elementi oppressivi, elementi meschini, poteva addirittura dimostrarsi nient’altro che un farmaco a base di stupefacenti, ma lei non faceva ingiuria al suo sesso ritenendo cosa certa che, su venti donne, diciannove vi si sarebbero adattate senza un lamento. Perché dunque non doveva imporsi irresistibilmente anche a lei? Chi era, che cosa era lei, per ritenersi superiore? Che modo di vedere la vita, che progetti per la sua sorte, che concetto della felicità aveva lei, tali che pretendevano di essere più vasti di queste vaste, di queste favolose prospettive? Se non avesse fatto una cosa come questa, allora avrebbe dovuto fare grandi cose, avrebbe dovuto fare qualcosa di più grande. La povera Isabel trovava modo di ricordare ogni tanto a se stessa che non doveva essere troppo orgogliosa, e non c’era niente di più sincero della sua preghiera di essere immune da tale pericolo: l’isolamento e la solitudine dell’orgoglio assumevano nella sua mente l’orrore di un luogo deserto. Se era stato l’orgoglio ad impedirle di accettare Lord Warburton, tale bêtise era singolarmente fuori luogo; ed era tanto cosciente che egli le piaceva, da giungere a dire a se stessa che si trattava proprio della delicatezza, e della fine intesa, di una comunione di spiriti. Le piaceva troppo per sposarlo, ecco la verità; qualcosa le diceva che c’era un punto debole nella brillante logica della proposta - così come la vedeva lui - anche se non riusciva a metterci sopra nemmeno la piccolissima punta del suo dito; e infliggere ad un uomo che offriva tanto una moglie con tali tendenze critiche, sarebbe stata un’azione particolarmente disonesta. Gli aveva promesso di pensare alla sua proposta, e mentre, dopo che egli l’aveva lasciata, se ne tornava, sperduta nella meditazione, alla panchina dove lui l’aveva trovata, poteva sembrare che stesse mantenendo la promessa. Ma non era così; ella si domandava se non era per caso una creatura fredda, dura, vanitosa, e, mentre infine si alzava e si dirigeva piuttosto svelta verso casa, sentiva, come aveva detto prima al suo amico, davvero terrore di se stessa.”

“Las diferencias en talento, inteligencia, conocimiento, son despreciables en comparación con la identidad de la esencia humana común a todos los hombres. Para experimentar dicha identidad es necesario penetrar desde la periferia hacia el núcleo. Si percibo en otra persona nada más que lo superficial, percibo principalmente las diferencias, lo que nos separa. Si penetro hasta el núcleo, percibo nuestra identidad, el hecho de nuestra hermandad. Esta relación de centro a centro —en lugar de la de periferia a periferia— es una «relación central».”

“...las maniobras amorosas del mundo heterosexual son dignas del mismo asombro y desconfianza que percibe en la voz de su hermana cuando está dice: —¿Pero cómo puedes irte a la cama con una persona que apenas conoces? A él le gustaría contraatacar diciendo: «Pues yo nunca podría jurarle fidelidad eterna a una sola persona», pero eso no es verdad. Lo que es verdad es que le aterra la clase de persona en que podría convertirse una vez hubiera pronunciado semejante juramento.”

“Desgraciadamente, quienes han perdido el auténtico sentido de la humildad –esa permanente conciencia de la relación entre cada individuo y Dios– han perdido también la capacidad de llevar sus cargas de este modo. No ven más que la carga, las dificultades y las humillaciones en sí; y se hunden. Empiezan a autocompadecerse, a cuestionarse cosas de su vida matrimonial o de su vocación que antes estimaban en mucho. El sacrificio, el esfuerzo y la entrega parecen no tener sentido; la caridad, la paciencia y el amor se convierten en meras palabras vacías. Empiezan a cuestionarse incluso el acierto o la validez de su decisión primera, a buscar la libertad o algún modo de escapar.”

“El verdadero matrimonio empieza antes del día de la boda. Y los esfuerzos del matrimonio continúan mucho después de que termine la ceremonia. Un breve momento y el trazo de una pluma es todo cuanto se necesita para crear el vínculo legal del matrimonio, pero hace falta una vida entera de amor, compromiso, perdón y transigencia para que un matrimonio sea duradero y eterno.”

“El matrimonio es un sacramento. Ningún matrimonio está libre de discusiones, pero lo importante es abstenerse de palabras que ofendan. Como cualquier pareja casada, Marko y yo teníamos de vez en cuando pequeñas y estúpidas peleas, pero estábamos determinados a evitar las palabras hirientes en nuestra relación. Respetábamos las diferencias de cada uno y poníamos a Dios en primer lugar. Nuestra fe nos ayudaba a pasar por alto los desafíos humanos que a menudo suceden entre las personas. Dios es amor. Y el amor debe hacerte feliz.”

“En muchos jóvenes se ha creado la idea de que si el matrimonio no resulta, entonces, es mejor terminarlo. Sin embargo, no se dan cuenta que iniciar una relación matrimonial con semejante expectativa es participar de un modo u otro en una profecía auto cumplida. Un pensamiento así hace que la pareja no se comprometa verdaderamente. Nadie alcanza el éxito huyendo.”

“Para ponerse de acuerdo hay que escuchar con atención al otro y entender que la pareja para construir una relación madura debe aprender a entender que no siempre se podrán hacer las cosas de la forma en que desea. Es más, en alguna ocasión, tendrá que pactar puesto que no vive solo y su pareja tiene los mismos derechos de ser escuchado y atendido plenamente.”

“Una pareja que realmente desea hacer las cosas bien, se dará tiempo para perdonarse y arreglar las situaciones que de un modo u otro les afectan. No es que sean ingenuos al creer que no habrá problemas, pero, buscarán de manera honesta poner fin a incidentes que los separen como pareja. Intentarán de todos los modos posibles ponerse de acuerdo y perdonarse y buscar la reconciliación que les dará paz y creará el contexto para la armonía.”