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Sentimientos Quotes

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Sentimientos Quotes

“Con la ayuda de Dios, Antoni Fortuny tenía la certeza de que podía llegar a ser un hombre mejor de lo que lo había sido su propio padre. Pero tarde o temprano, los puños encontraban de nuevo la carne tierna de Sophie y, con el tiempo, Fortuny sintió que si no podía poseerla como esposo, lo haría como verdugo. De este modo, a escondidas, la familia Fortuny dejó pasar los años, silenciando sus corazones y sus almas, hasta el punto que, de tanto callar, olvidaron las palabras para expresar sus verdaderos sentimientos y se transformaron en extraños que convivían bajo un mismo tejado, uno de tantos en la ciudad infinita.”

“¿Sabes ese sentimiento de pertenecerle a alguien? Es la primera vez que lo siento, leí sobre él, escribí sobre él, pero ahora que lo siento, sé que no se compara a nada que uno podría imaginarse.”

“Aunque sepas como otros se sienten y qué es lo que ellos necesitan, déjales que te lo digan ellos. Hay un aprendizaje enorme en afrontar nuestros sentimientos y ser capaces de ponerles palabras.”

“Mi marido está, con razón, cabreado e intimidado por lo que él percibe como una pasión mía hacia Vincent Gallo, pero en realidad es lo que Vincent me hace sentir por mí lo que me tiene obnubilada y no lo que siento por él. Si Marido me hubiese estimulado en mis posibilidades creativas, aunque solo fuera un poquito, Vincent Gallo no me tendría así de obnubilada.”

“—Debiste darme la oportunidad de elegir. —Lo sé —afirmó. Posó las manos en sus mejillas y acercó su rostro al de ella. —Lo habríamos solucionado de alguna forma. —Tocó la punta de su nariz, donde apenas ya se le veían las pecas que tenía de joven. —Carlo, yo… Este siseó, acallándola, y volvió a mirarla a los ojos. —Siempre lo hacíamos. Los dos. Juntos —le indicó, y selló sus palabras atrapando sus labios con un beso que pretendía ser delicado pero que se tornó poco a poco en apasionado. Si no hubiera sido por el estallido de los fuegos artificiales en el cielo y por la euforia de los reunidos en el pueblo, que liberaron multitud de farolillos, ninguno de los dos sabría cómo habría terminado esa escena. Ese beso…”

“La muerte de su marido y los días de angustia y de incógnita sobre el paradero y bienestar de su hijo la habían resquebrajado como a un polvorón. Su proceso de reconstrucción sería muy largo, y él no lo terminaría de ver, aunque a Simonopio le daba gusto saber que ya había empezado: ella fingía fortaleza, como lo haría durante mucho tiempo, y fingiendo terminaría por creerlo, y creyéndolo, por hacerlo realidad”

“Aprendió que la magia escénica no era más que una forma de contar historias. Cada truco era un drama. El mago, o narrador, creaba en el primer acto unas expectativas que luego, en el tercer acto, se cumplían en la misma medida en que resultaban más enigmáticas. Mosche comprendió que el verdadero truco se realizaba solo en la mente de los espectadores. El arte no era lograr una transformación mediante la mecánica de las maniobras o del material accesorio; el arte consistía en la transformación de los sentimientos. Para ello era necesario decir lo adecuado. Por lo general era mejor utilizar las menos palabras posibles.”

“— Las cosas no valen por lo que cuestan en dinero. — ¿Entonces? — Primero, por su valor de estima y segundo por su valor de servicio. — ¿Cómo? —Tu abuelita conservaba unos pétalos secos dentro de su Biblia. No valían nada, pero eran su mayor tesoro. Cuando los perdió, lloró mucho. Hay cosas que adquieren gran valor porque representan tu pasado, tus sentimientos o porque has puesto en ellas algo de ti: Intenciones nobles, creatividad, desvelos. Una obra artística original puede no valer nada para otros, pero para el autor es invaluable; a veces prefiere regalarla que venderla, puesto que no puede ponerle precio a algo así.”

“—¿Por qué está mal robar? —Es cuestión de cómo se defina —dijo Julius. —¿Qué quiere usted decir? —Es una tautología. «Robar» es un concepto con un sentido peyorativo inevitable. Así, decir que robar está mal es sencillamente como decir que está mal lo que está mal. No es una afirmación significativa. Es una vaciedad. —Pero, en resumidas cuentas, ¿quiere usted decir que está mal? —No me ha comprendido usted —dijo Julius—. Observaciones como ésa no son en absoluto declaraciones y no pueden ser ciertas ni falsas. Son más bien como gritos o súplicas. Puede usted decir: «No robe, por favor» si quiere, siempre que se dé cuenta que nada hay detrás de esas palabras. Todo ello sólo son convencionalismos y sentimientos.”

“También estaba descontento por otra cosa: yo traté una vez más de convencerlo de que dejase de ir a las Cataratas. Eso fue porque el fuego me había revelado una pasión nueva, totalmente nueva, y claramente distinta del amor, de la pena y de esas otras que ya había descubierto: el miedo. ¡Es horrible! Ojalá nunca la hubiese descubierto. Me da malos momentos, arruina mi felicidad, me hace estremecer y temblar y sobresaltarme. Pero no pude persuadirlo, porque él no ha descubierto el miedo aún, y por eso no puede comprenderme.”

“—¿Somos siempre dueños de no contrariar? Soy mujer por propia elección, Álvaro, pero mujer al fin, expuesta a sentir todo género de impresiones; no soy de mármol. He escogido entre las zonas la materia elemental que compone mi cuerpo: es muy susceptible; si no lo fuese, carecería de sensibilidad, no me harías sentir nada y me volvería insípida para ti. Perdóname por haber corrido el riesgo de tomar todas las imperfecciones de mi sexo para reunir, si podía, todas sus gracias; pero la locura ya está hecha y, constituida como lo estoy ahora, mis sensaciones son de una vivacidad a la que nada se acerca: mi imaginación es un volcán. Tengo, en una palabra, pasiones de una violencia tal que debería asustarte, si no fueses el objeto de la más arrebatada de todas y si no conociésemos mejor los principios y efectos de esos impulsos naturales de lo que se los conoce en Salamanca. Allí les dan nombres odiosos; hablan, por lo menos, de reprimirlos. ¡Reprimir una llama celeste, resorte único mediante el cual el alma y el cuerpo pueden actuar recíprocamente uno sobre otro y forzarse a colaborar en el mantenimiento necesario de su unión! ¡Es una completa idiotez, mi querido Álvaro! Debemos controlar esos impulsos, pero de cuando en cuando debemos ceder ante ellos; si los contrariamos, si los sublevamos, escapan todos a la vez y la razón no sabe ya dónde sentarse para gobernar. Cuida de mí en estos momentos, Álvaro; no tengo más que seis meses, estoy entusiasmada con todo lo que siento; piensa que una de tus negativas, una palabra que me digas desconsideradamente, indignan al amor, rebelan al orgullo, despiertan el desprecio, la desconfianza, el temor.”