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E Quotes

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“En ella los impulsos se abatieron tan bruscamente como se habían precipitado. ¡A qué exaltarse inútilmente! Luis la quería con ternura y medida- si alguna vez llegara a odiarla, la odiaría con justicia y prudencia. Y eso era la vida. Se acercó a la ventana, apoyó la frente contra el vidrio glacial. Allí estaba el gomero recibiendo serenamente la lluvia que lo golpeaba, tranquilo y regular. El cuarto se inmoviliza en la penumbra, ordenado y silencioso. Todo parecía detenerse, eterno y muy noble. Eso era la vida. Y había cierta grandeza en aceptarla así, mediocre, como algo definitivo, irremediable. Mientras del fondo de las cosas parecía brotar y subir una melodía de palabras graves y lentas que ella se quedó escuchando: ¡Siempre! ¡Nunca!”

“En entrant dans la maison, j’ai couru dans les escaliers bruyamment et je me suis tout de suite mise à écrire un poème d’amour. J’étais inspirée comme dix! Le morceau de papier est encore caché entre mon matelas et mon sommier. Je l’ai parfumé avec ma vieille eau de toilette. Des fois, ça sent la gomme balloune en plein milieu de la nuit et ça me rappelle que le poème dort là..”

“En ese abrazo arrullamos “Amor”…. La vida en su máxima expresión. “Amor” Tan dentro nuestro que cuesta reconocerlo, tan indescifrable y a la vez tan accesible. El don y la magia que ignoramos y que todos tenemos. “Amor”, el ingrediente que le da sentido al mundo. La vida se mueve a través de él. Tal vez el amor sea mucho más de lo que creemos. …tal vez el amor lo sea… “todo”

“En ese contexto, a los jóvenes ultras como como yo hasta los comunistas nos parecían reformistas y por eso les decíamos 'rabanitos', rojos por fuera y blancos por dentro. Ellos, con una visión mucho más estratégica dictada desde Moscú, no estaban por el salto directo a la lucha armada, sino por la utilización del sistema democrático para destruirlo evolutivamente, sin prisa pero sin pausa.”

“En ese momento el ascensor llegó y se abrió, iba hacia otro piso más arriba pero aún así no dudo en subir y Rick la acompañó. Minerva contuvo su respiración, este hombre la fastidiaba de verdad, iban cuatro personas más y al notar que dos de ellos observaban a Minerva los miró fijamente y dio un paso hacia ella a modo de pegarse más a su cuerpo y bloquearles la vista a los lujuriosos. —¿Qué hace? —susurró Minerva ante su extrema cercanía que la incomodaba. —Nada —contestó muy tranquilamente sujetando su portafolios para disimular, su erección comenzaba crecer al tenerla muy cerca y sentía que no podía controlarla.”

“En ese momento me miró fijamente, se levantó tomándome entre sus brazos y me acostó de nuevo en la hierba quedando él encima de mí. El chal que cubría mis hombros me había traicionado y descubrió por completo el escote de mi vestido, instintivamente su mirada se desvió a mis pechos y no quise imaginar lo que pensó. Mi expresión notaba miedo, comencé a temblar sin saber si era por temor o por otra cosa, el panorama que él tenía enfrente era una tentación y no quería que pensara que lo había provocado de manera intencional. Mi respiración comenzó a ser más intensa y los latidos de mi corazón más fuertes y acelerados.”

“En ese universo saturado de libros, donde todo está escrito, sólo se puede releer, leer de otro modo. Por eso, una de las claves de ese lector inventado por Borges es la libertad en el uso de los textos, la disposición a leer según su interés y su necesidad. Cierta arbitrariedad, cierta inclinación deliberada a leer mal, a leer fuera de lugar, a relacionar series imposibles. La marca de esta autonomía absoluta del lector en Borges es el efecto de ficción que produce la lectura.”

“En eso, estalló la balacera a sus espaldas. Una gritería ensordecedora se levantó alrededor; la gente corría entre los autos, los carros se trepaban a las veredas. Antonio oyó voces histéricas: «¡Ríndanse, carajo!». «¡Están rodeados, pendejos!» Al ver que Juan Tomás, exhausto, se paraba, se paró también a su lado y comenzó a disparar. Lo hacía a ciegas, porque caliés y guardias se escudaban detrás de los Volkswagen, atravesados como parapetos en la pista, interrumpiendo el tráfico. Vio caer a Juan Tomás de rodillas, y lo vio llevarse la pistola a la boca, pero no alcanzó a dispararse porque varios impactos lo tumbaron. A él le habían caído muchas balas ya, pero no estaba muerto. «No estoy muerto, coño, no estoy.» Había disparado todos los tiros de su cargador y, en el suelo, trataba de deslizar la mano al bolsillo para tragarse la estricnina. La maldita mano pendeja no le obedeció. No hacía falta, Antonio. Veía las estrellas brillantes de la noche que empezaba, veía la risueña cara de Tavito y se sentía joven otra vez.”

“En esos momentos desearía creer que existe algún tipo de vida después de la muerte, y que en otro universo, tal vez en un pequeño planeta rojo donde no tenemos piernas sino colas, donde chapoteamos por la atmósfera como focas y el aire, compuesto de trillones de moléculas de proteínas y azúcar, es nuestro alimento, y todo lo que hay que hacer para seguir vivo y sano es abrir la boca e inhalar, tal vez estáis los dos juntos. O tal vez él está aún más cerca y es ese gato gris que se sienta en el alféizar de la ventana de nuestros vecinos y ronronea cuando alargo la mano para tocarlo; tal vez es el cachorro que tira de la correa de otro de mis vecinos, o el niño de dos años que vi correr por la plaza hace un par de meses gritando regocijado mientras sus padres resoplaban detrás de él, o esa flor que se ha abierto de pronto en el rododendro que había dado por muerto; tal vez es esa nube, esa ola, esa lluvia, esa niebla. De modo que intento ser amable con todo lo que veo y en todo lo que veo lo veo a él.”

“En esta época no existía el individuo, no se distinguía el «yo» del «tú». El «yo apareció muy al comienzo a causa del miedo a la muerte; lo ajeno al «yo» se transformó en lo que se denomina el «tú». El hombre era entonces incapaz aún de temerse a sí mismo, su conocimiento de sí mismo no provenía más que del otro. Sólo el hecho de apresar o de ser apresado, de estar sometido o de someter, le confirmaba en su existencia. La tercera persona que no tiene relación directa con el «yo» y el «tú» es «él». Y «él» no aparece sino de forma paulatina. Más tarde, he descubierto que ocurre otro tanto con «él»: fue la existencia de seres diferentes la que hizo retroceder la conciencia del «yo» y del «tú». El hombre ha ido olvidado paulatinamente su «yo» en la lucha por la vida con el prójimo y, sumergido forzosamente en el mundo infinito, ya no es más que un granito de arena.”

“En estado natural, por decirlo de algún modo, a los seres humanos no les gusta pensar como lógicos, ni siquiera como empiristas. Hace falta entrenamiento para pensar así. Pero aun en ausencia de ese entrenamiento, seguimos pensando, aunque lo hacemos de manera más subjetiva, como seres -poco razonables-, idiosincráticos, emocionales que habitan unos cuerpos de tamaño determinado, con unas propiedades particulares y constreñidas.”

“En este instante se ha vuelto perfecto mi mundo, la medianoche es también mediodía, – el dolor es también placer, la maldición es también bendición, la noche también es sol, – idos o aprendereis: un sabio también es un necio. ¿Habéis dicho sí alguna vez a un solo placer? Oh amigos míos, entonces dijisteis sí también a todo dolor. Todas las cosas están encadenadas, trabadas, enamoradas, – ¿Habéis querido en alguna ocasión dos veces una sola vez, habéis dicho en alguna ocasión «¡tú me agradas, felicidad! ¡Sus! ¡Instante!»? ¡Entonces quisisteis que todo vuelva! – todo de nuevo, todo eterno, todo encadenado, trabado, enamorado, oh, entonces amasteis el mundo, – vosotros eternos, amadlo eternamente y para siempre: y también al dolor decidle: ¡pasa pero vuelve! Pues todo placer quiere – ¡eternidad! (La canción del noctámbulo §10 - Así habló Zaratustra)”

“En este libro encontrarás experiencias de personas que han superado relaciones con narcisistas. Estos testimonios muestran cómo aplicaron los ejercicios y consejos de cada capítulo en su vida real. Cada historia incluye lecciones prácticas que te inspirarán y te guiarán en tu propio proceso de sanación.”

“En este mundo no existe ni la bondad absoluta ni la maldad absoluta (...) El bien y el mal no son algo estático e inamovible, sino algo que siempre está cambiando de lugar y situación. La bondad puede convertirse al instante en maldad y viceversa. (...) Lo importante es preservar el equilibrio entre ese bien y ese mal en constante movimiento. Inclinándose demasiado por uno de los dos, resulta difícil mantener la moral de la vida real. Sí, el equilibrio en sí mismo es el bien.”