Quotessence
Home / Quotes / N Quotes

N Quotes

Browse famous quotes beginning with N. This page is a child index of the full Popular Quotes A-Z directory.

All N Quotes

“Nadie ha estado exento de la guerra, es verdad, pero los informes y los datos que registran las violaciones a los Derechos Humanos constatan que la guerra no ha afectado a todos por igual. La guerra recae especialmente sobre las poblaciones empobrecidas, sobre los pueblos afrocolombianos e indígenas, se ensaña contra los opositores y disidentes, y afecta de manera particular a las mujeres, a los niños y niñas.”

“Nadie por ser joven dude en filosofar ni por ser viejo de filosofar se hastíe. Pues nadie es joven o viejo para la salud de su alma. El que dic que aún no es edad de filosofar o que la edad ya pasó es como el que dice que aún no ha llegado o que ya pasó el momento oportuno para la felicidad. De modo que deben filosofar tanto el joven como el viejo. Éste para que, aunque viejo, rejuvenezca en bienes por el recuerdo gozoso del pasado, aquél para que sea joven y viejo a un tiempo por su impavidez ante el futuro.”

“Nadie protestaba; los trabajadores aplastados habían perdido sus derechos, podían ser despedidos en cualquier momento y agradecían cualquier sueldo, porque en la puerta había una fila de desempleados esperando que les dieran una oportunidad. Era el paraíso de los empresarios. La versión oficial era de un país ordenado, limpio, apaciguado, que iba camino a la prosperidad. Pensaba en los torturados, los muertos, los rostros de los hombres que conoció en prisión y los que desaparecieron.”

“Nadie quiere que lo hagan a todo el mundo le parece mal pero bueno un poco menos mal porque la prensa se olvida rápido de ellos y se convierten pronto en una cifra dentro de una estadística y todo el mundo sabe que eso ya no da pena que a nadie le da pena un número que lo que dan pena son los niños rubios y blancos de los que sabemos su juguete favorito su color favorito el nombre de su perrito”

“Nadie se acordó de desatar a las dos mulas que trotaban desesperadamente, y siempre en círculo, alrededor del trapiche. El aire sollamado les chicoteaba las ancas. Y aquel olor irrespirable de jugo de caña que se combustiona les hacía toser torpemente, ahogándolas. Una dobló las patas delanteras antes que la otra. Cayó, con los belfos crispados, y los enormes dientes desnudos. Y la otra siguió corriendo, arrastrando aquel peso muerto al que estaba uncida, todavía una vuelta más. La humareda se alzó ahora espesa del hedor de carne achicharrada. La llanura cedió con un leve crujido, con la docilidad, con la rapidez del papel. Lo rastrero del fuego devoró primero a la hierba. Luego se quebró el zacatón alto, porque su tallo carece de fuerza. Y por último los grandes árboles de los que salieron volando multitud de pájaros. Las ramas se descuajaron estrepitosamente llenando de chispas el aire de su caída. El incendio resollaba en esta gran extensión como una roja bestia de exterminio. El tropel de las reses se detenía ante las alambradas para embestirlas. Los postes, carcomidos ya por la catástrofe, oponían sólo una breve resistencia y después se desmoronaban esparciendo, hasta lejos, pequeños trozos de carbón. Pero algún ternero quiso escurrir su cuerpo entre una hilada de alambre y otra y se quedó allí, trabado entre las púas, arrancándose la piel en cada esfuerzo por libertarse, mugiendo, con los ojos desorbitados, hasta que un llamear súbito vino a poner fin a su agonía. Las vacas de vientres cargados, los bueyes con la lentitud de su condición, se desplazaban dejando en el barro chicloso la huella de su pezuña hendida. Y el fuego venía detrás, borrando aquella huella. Los otros, los que podían escapar con su ligereza, se despeñaron en los barrancos y allí se quedaron, con los huesos rotos, gimiendo, hasta que el fuego también bajó a la hondura y se posesionó de ella. Los que pudieron llegar a los aguajes se lanzaron al río y nadaron corriente abajo. Muchas reses se salvaron. Otras, cogidas en los remolinos, golpeadas contra las piedras, vencidas por la fatiga, fueron vistas pasar, por otros hombres, en otras playas, hinchadas de agua, rígidas, picoteadas al vuelo por los zopilotes. En la montaña resonaron aullidos. El batz balanceándose de una rama a otra. El tigre que hizo temblar a la oveja en su aprisco. Los pájaros que enloquecen de terror. Y las hormigas que se desparramaron sobre la tierra, con una fiebre inútil, con una diligencia sin concierto, con una desesperada agitación.”

“Nadie se autoidentifica como negacionista de la ciencia. A menudo se ven a sí mismos como más científicos que los científicos. Lo que uno de nosotros piense de ellos, muchos de ellos lo pensarán de nosotros. Cuando se entabla una conversación con un negacionista de la ciencia, es bueno recordar la regla que sigue todo novelista: el villano es el héroe de su propia historia.”

“Nadie tomará a mal que aquí, sumidos en la concavidad de la ola, entre peligro y peligro, agarremos por los pelos la Vida, en la medida en que nos es posible. Son pocas nuestras alegrías. En realidad sólo tenemos una: beber y divertirnos en compañía de los camaradas. Cada vez puede ser la última vez; por ello disfrutamos con una fruición salvaje, como si fuera la única vez. Aquí alargamos nuestras manos hacia todos los frutos que se nos ofrecen, para volver a extraerles todo su jugo, y sentimos con un placer muy especial la acelerada circulación de la sangre en nuestras venas. La embriaguez es para nosotros una pregunta que hacemos a la Vida; cuando a esa pregunta se le da, de una manera desenfrenada, una respuesta afirmativa, nos sentimos reconfortados. En comparación con los guerreros de otros tiempos, hoy morimos de un modo muy amorfo, muy solitario — por ello sentimos tanto más intensamente el afán de demostrarnos a nosotros mismos, en una hora de euforia, que aún queda en nosotros, frente a la Muerte, algo de aquella polícroma magnificencia que el hombre valiente tiene el don de revelar ante el cuadrilátero cerrado.”

“Nadie vive feliz para siempre, Tom. Si eso pasara, la historia tendría que parar. Porque la historia está sustentada en los esfuerzos y agonías sin fin del héroe. Las vueltas y los giros de una historia parecen un laberinto. Pero en realidad son su opuesto. No hay vueltas erróneas. Sólo un camino a seguir, y un punto final. Cada vez que cerramos un libro, les damos un respiro. Un momento de paz. Un momento, no más que eso. Pero créeme, jovencito...ese momento es lo más cerca que estarás, en toda tu vida, de un final feliz.”