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Feminismo Quotes

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Feminismo Quotes

“Ahora sí que parecían los chicos decididos a dar pasos hacia la igualdad, se subieron con nosotras al Tren de la Libertad, estamos juntos en las manifestaciones contra la violencia, contra la benevolencia ante las manadas y las violaciones. Pero, entonces, permíteme una pregunta: ¿qué hace el hombre nuevo en los burdeles y en los polígonos «de caza»?, ¿qué hace visitando los portales de pornografía en que las violaciones lideran el top de los vídeos más vistos de la semana?”

“Ellos dicen representación. Nosotros decimos experimentación. Dicen identidad. Decimos multitud. Dicen lengua nacional. Decimos traducción multicódigo. Dicen domesticar la periferia. Decimos mestizar el centro. Dicen deuda. Decimos cooperación sexual e interdependencia somática. Dicen desahucio. Decimos habitemos lo común. Dicen capital humano. Decimos alianza multiespecies. Dicen diagnóstico clínico. Decimos capacitación colectiva. Dicen disforia, trastorno, síndrome, incongruencia, deficiencia, minusvalía. Decimos disidencia corporal.”

“A menudo leemos las normas de género como algo dado, previo al funcionamiento del sistema socioeconómico, con lo que no entendemos el proceso performativo de imposición y recreación de la normalidad hegemónica. Así, no vemos las ocasiones en las que la norma se rompe, ni nos preguntamos cómo esto es castigado. Pero si no entendemos cómo se reconstruye la norma, no entendemos las resistencias y rupturas; si no entendemos las resistencias, difícilmente podremos impulsarlas.”

“Pero hoy entendí que no tengo a mi hijo “malcriado”, lo tengo “bien amado”. Entendí que no hay un límite numérico para los mimos y la cercanía con mi bebé, pero si hay límites para la ignorancia, la crítica, el juicio y los consejos no pedidos.”

“Cuando Kim Ji-young estaba en primaria, un día su madre se quedó mirando una nota escrita por su maestra y, súbitamente, dijo: —Yo también quise ser maestra —a Kim Ji-young el comentario le pareció absurdo y se echó a reír, porque para ella su madre era su madre y nada más—. De veras. Cuando estábamos en primaria, yo era la mejor estudiante de todos mis hermanos. Incluso era mejor que tu tío mayor. —Entonces, ¿por qué no te convertiste en maestra? —Porque tuve que ganar dinero para pagar los estudios de tus tíos. Pasaba con todas. Así era la vida de las mujeres entonces. —Ahora puedes ser maestra. —Ahora tengo que ganar dinero para costear tu educación y la de tus hermanos. Pasa con todas. Así es la vida de las madres hoy en día.”

“La verdadera revolución feminista de las madres no es salir a trabajar, es poder elegir hacerlo o no, contando con un sistema que nos contenga y nos soporte, favoreciendo oportunidades para emprender desde el hogar o trabajar a medio tiempo con una paga acorde a nuestro desempeño y no a nuestro sexo”

“Hoy es el día Mundial de la salud mental materna. En mi tesis del Máster cité un estudio científico que postula que de cada diez madres dos sufren de síndrome de burnout materno que es el resultado de estrés crónico que provoca la crianza de los hijos. El agotamiento emocional es una de sus variables más potentes. De las ocho restantes seguro la mitad se encuentra con estrés ya sea por las excesivas demandas del rol, por problemas de pareja, por no poder conciliar familia/trabajo remunerado, porque no alcanzan las horas del día, por la fatiga y dormir poco, por el aislamiento, por la falta de hombro en el que apoyarse. La salud materna es IMPORTANTÍSIMA porque una mamá estresada, deprimida, con ataques de pánico o ansiedad no puede ni con ella misma, ¿cómo podrá con sus hijos? ¿Quien cuida a la madre agotada? ¿Y a mamá quien la sostiene? ¿Y a mamá quien la contiene? ¿Que hacer? visibilizar hasta encandilar”

“Las mujeres tienen suerte, aunque el noventa y nueve por ciento no lo sabe. ¿A qué edad se lanzó Santa Teresa a reformar monasterios? A los cincuenta. Y podría citar muchos casos más. De los veinte a los cuarenta las mujeres se hallan absortas biológicamente... y con toda razón. Se preocupan de los niños, los maridos, los amantes... Las relaciones personales. O subliman todas estas cosas y se lanzan a una carrera, de forma típicamente femenina y emocional. Pero la segunda flora­ción natural es de la mente y el espíritu y su edad cuando una alcanza la madurez. Según van envejeciendo, las mujeres se interesan más en cosas impersonales. Los in­tereses masculinos se reducen, los de las mujeres se am­plían. A los sesenta un hombre se repite, por lo general, como un gramófono. A la misma edad, una mujer, si tiene cierto individualismo, es un ser interesante.”

“Escinde vida humana y naturaleza, identifi ca los valores asociados a la masculinidad con lo propiamente humano, impone un sueño loco de autosufi - ciencia e identifi ca bien-estar con consumo mercantil en permanente crecimiento y progreso. Es una noción de vida vivible no universalizable y que no respeta la diferencia.”

“Esa presión que existía: sonreír; sentarse derecha; no decir groserías; comer con la debida etiqueta; vestirse a la moda; no subir de peso; cuidar de las uñas; el maquillaje perfecto; no tomar demasiado; no hablar en público de sexo; no contradecir al otro; cabello sin friz; aliento al despertar con olor a prado primaveral y con sabores de eucalipto y brisa fresca; oler bien, incluida la zona vaginal: hermosa y mítica como sirena, pero sin olor a pescado y sin vellos, por favor. Y así la lista tan larga como ancha, cambiante como cambian los tiempos, las modas, las industrias, el comercio, el marketing. Y ahí iba yo, cumpliendo estos lineamientos sin preguntarme si quería, si me sentía feliz, si era lo que de verdad me gustaba.”

“Autodenominarse transfeminista no puede servir de excusa para borrar todas las maravillosas genealogías de feminismos radicales que nos nutren, porque entonces el transfeminismo, queridas, será neomachista. Y le estaremos haciendo el trabajo al patriarcado, desarrollando propaganda antifeminista y dividiéndonos entre nosotras.”

“Cuando traté de explicarle que las cosas que había hecho usted por mí no se podrían pagar con todo el dinero del mundo, me contestó que eso no son más que tonterías, que me dejara de novelerías, que yo soy aún demasiado joven y dada, en consecuencia, a la lectura de versos, que las novelas son la perdición de las jovencitas, que los libros sólo sirven para corromper las costumbres y que él no podía soportarlos.”

“Entremos en harina. ¿Cómo hostias detectamos y combatimos la violencia machista si no podemos hablar de mujeres?, ¿acaso no es precisamente el hecho de ser identificada socialmente como mujer en el seno de una sociedad androcéntrica que legitima la violencia machista lo que te pone en riesgo de ser asaltada por tu padre, tu novio, tu jefe, o cualquier desconocido?, ¿al agresor le va a disuadir de atacarte el hecho de que tú no te nombres en femenino?”

“¿Cómo explicar lo que me ocurre? ¿Qué hacer con mi deseo de transformación? ¿Qué hacer con todos los años en los que me he definido como feminista? ¿Qué tipo de feminista seré ahora, una feminista adicta a la testosterona, o más bien un transgénero adicto al feminismo? No me queda otro remedio que revisar mis clásicos, someter las teorías a la sacudida que provoca en mí esta nueva práctica de administración de testosterona. Aceptar que el cambio que tiene lugar en mí es la mutación de una época.”

“—Da igual, es como con las bicis —continuó el primer hablante, autoritario—. Yo creía que me iban a regalar una bici de siete marchas con el sillín superguay, toda violeta, osea, una pasada, y va y me regalan esa azul clarito. Con una cesta. Una bici de chica. —Porque eres una chica —señaló uno de los otros. —Pues eso es sexismo, ¿vale? ¡Regalar a la gente cosas de chicas sólo porque sean chicas!”

“Cuesta, incluso, no sentir miedo cuando echas la vista atrás y revisas algunas de las situaciones vividas. Me he encontrado diciéndome a mí misma «lo que pudo pasarte aquí», «cómo pudiste quedarte sola con esos tipos en estas circunstancias» o «qué suerte tuve esa vez de que no sucediera nada». Es como si hubiéramos puesto una lupa que hace ver pero que también quema.”

“Algunos días me veo todavía hoy eligiendo la ropa en función de lo que haré durante la jornada, de dónde estaré, de a qué horas y de cómo volveré a casa, de si me siento más o menos fuerte para soportar las miradas o los comentarios o las licencias que cualquier hombre pueda tomarse sobre mí y sobre mi cuerpo. Quizá me vea bien con mi minifalda azul pero no esté de ánimo para ir por la calle y esquivar lo que sea que venga, o para que en una reunión alguien considere que puede detenerse un minuto y medio a mirar mis piernas.”

“–Mira, Buenaonda, maldita la ley del matrimonio gay. Antes nosotros éramos una pareja de lo más normal. Follábamos como cosacos, como locas, follábamos juntos y por separado, en tríos, en cuartetos, en grupo, en familia, follábamos sin parar. En ca- sa, en el coche, en los portales, en los cines, en los bares, en los trenes, en los urinarios públicos, en los museos... Y entonces lle- gó el matrimonio gay. Y la jodimos. Nos volvimos, literalmente, un matrimonio. ¿Cómo nos pudo pasar eso a nosotros? Pues no lo sé, pero pasó. Nos casamos y dejamos de follar. No al principio, que era como la luna de miel. Pero después, se acabó. Empezaron a pasar los días, y las semanas, y los meses, y todo fue a peor. Las orgías se volvieron cuartetos ocasionales. Y los cuartetos se vol - vieron tríos y con gente de confianza. Y al final hasta los tríos también desaparecieron porque, ¿sabes?, yo no puedo permitir que alguien se folle a mi marido. Así que nos dedicamos a follar - nos mutuamente y eso, la verdad, es un tostón. Más aún cuando el cabrón de Paco no me come la polla porque dice que se le estropean las cuerdas vocales. Antes ni me había dado cuenta. Pero desde que somos dos mariconas monógamas, las carencias saltan a la vista. La jodimos, amigo. Maldito Zapatero.”