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Muerte Quotes

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Muerte Quotes

“¿ Por qué morían tan jóvenes?, se pregunta Stefan Zweig hablando de aquella generación y de su lucha con el demonio. Novalis, quien, casi por su voluntad, un día cerró los ojos como un niño y mágicamente murió, decía en sus cuadernos que todos los humanos mueren maduros y en el momento adecuado, cuando han cumplido plenamente el aprendizaje que les corresponde. Ello significaría que Víctor Hugo, Goethe y Voltaire que superaron los ochenta años, no vivieron más que keats, que a los veinticinto dejó de oír al ruiseñor; ni más que Chatterton, quien después de crear un linaje de poetas, sus genealogías, sus obras, su correspondencia, su aparato crítico, sus biografias y su hermenéutica, se extinguió como una llama en su buhardilla a la edad de diescisiete años; ni más que el propio Novalis, que al morir, a los veintinueve, nos reveló que lo había vivido todo.”

“La historia de Kasia y Gosia sin duda tenía suficientes rasgos personales para relatarse en un grueso libro que precisamente se llamaría La historia de Kasia y Gosia. Incluso podría publicarse en sendos volúmenes. Si cada una hubiese llevado un diario, sus vidas paralelas se revelarían muy distintas. nunca sería igual el mundo, los sueños y la muerte vistos a través de los ojos de Kasia que narrados por la palabra de Gosia. Pero si hasta esa fecha no había aparecido ninguna de las niñas en el piso que ocupaba Kazimierz si apenas se había deslizado un mensaje en yïdish luego de tanto tiempo, entonces debía suponerse que jamás volverían; aceptar que la historai de ambas había sido la misma que la de otra plétora de judíos. Ya no importaba si a Kasia le gustaba la rayuela y a Gosia la gallina ciega. Daba lo mismo si de verdad habían aprendido griego. Se había borrado cualquier vestigio de su infancia, de su yo.La suma de individuos era una masa. Ahora el relato de sus vidas era el relato de sus muertes. Iniciaba con un vagón para el transporte de ganado y terminaba donde ya se sabe que termina. Había que desechar aquel episodio sobre Gosia empujando a Kasia, suprimir toda especulación sobre el futuro, si una sería una puta, si la otra defraudaría al marido, o si ambas se volverían oculistas que engañan a sus clientes, porque todas las víctimas son buenas, por todas hay que llorar, y si una vivió más que la otra fue porque supo contener la respiración, y pobre de ella porque en esa situación más vida no es sino peor muerte.”

“Las de los gitanos son muertes buenas. O a mí me lo parecen, aunque las enfermeras no opinen lo mismo, ni tampoco los celadores. Siempre llegan en manada, y exigen estar con la persona moribunda, besarla y abrazarla, desenchufan y estropean los televisores y los monitores y los demás aparatos. Lo mejor de las muertes de los gitanos es que nunca hacen callar a sus niños. Los adultos aúllan y lloran y gimen, pero los niños siguen correteando por ahí, juegan y ríen sin que nadie les diga que deben estar tristes o ser respetuosos.”

“Los siglos desfilaban en un torbellino y, no obstante, como los ojos del delirio son diferentes, yo veía todo lo que pasaba frente a mí —azotes y delicias—, desde esa cosa que se llama gloria hasta esa otra que se llama miseria, y veía al amor multiplicando la miseria, y veía a la miseria agravando la debilidad. Venían allí la codicia que devora, la cólera que inflama, la envidia que babea, y la azada y la pluma, empapadas en sudor, y la ambición, el hambre, la vanidad, la melancolía, la riqueza, el amor, y todos agitaban al hombre como a una sonaja hasta destruirlo como a un harapo. Eran las formas varias de un mal, que ora mordía las vísceras, ora mordía el pensamiento, y paseaba eternamente su traje de arlequín en torno a la especie humana. El dolor cedía a la indiferencia, que era un sueño sin sueños, o al placer, que era un dolor bastardo. Entonces el hombre, azotado y rebelde, corría ante la fatalidad de las cosas, en pos de una figura nebulosa y esquiva, hecha de retazos, un retazo de impalpable, otro de improbable, otro de invisible, cosidos todos con puntadas precarias por la aguja de la imaginación; y esa figura —que no era otra cosa sino la quimera de la felicidad— huía perpetuamente, o bien se dejaba asir por la túnica, y el hombre la estrechaba en sus brazos, y entonces ella reía, como un escarnio, y se sumía como una ilusión.”

“Y sentí intensamente el paso del tiempo. No el tiempo de las nubes y del sol y de la lluvia ni del paso de las estrellas adorno de la noche, no el tiempo de las primaveras dentro del tiempo de las primaveras, no el tiempo de los otoños dentro del tiempo de los otoños, no el que pone las hojas a las ramas o el que las arranca, no el que riza y desriza y colora a las flores, sino el tiempo dentro de mí, el tiempo que no se ve y nos va amasando. El que rueda y rueda dentro del corazón y le hace rodar con él y nos va cambiando por dentro y por fuera y poco a poco nos va haciendo tal como seremos el último día.”

“Pero volví a pensar en lo inútil que resultaba conceptuar el destino del hombre como el producto diamantino de su voluntad, pues estaba allí la guerra, hermana milenaria de la peste, capaz de sacudirlo como el terremoto la corteza de la tierra, poco podían ante ella las mejores voluntades, desgonzadas como un pelele ante su dictamen implacable, al diablo con el destino humano, ramificación de posibilidades inciertas y nefastas, y así se navegaban los mares, así se sufrían los climas, así se perseguían los mirajes del viento y del sol, así se odiaba, así se amaba, todo para terminar haciendo el nido final en la tumba, eso era el hombre, un ser a imagen y semejanza de un Creador sin imagen ni semejanza, el fruto de cuya vida ni siquiera aprovecharía como manjar a criaturas superiores, sino que iría a pudrirse en boquerones húmedos, por él mismo cavados, cuánta idiotez el mundo bello, irisado de ambiciones y congojas, qué sueño de sombras, qué luchar para subsistir y subsistir para poder luchar, y todo para bien o mal morir, en una irónica petición de principio, en un maloliente círculo vicioso contra el cual se estrellaban filosofías, escuelas, ciencias, modas, astrologías, porque era insuperable su idiotez, y mucha la ominosa limitación de nuestras fantasías hipnotizadas por el señuelo de la sabiduría como animal que iniciara el sueño de la razón en momentos de ser conducido al matadero, así que para qué el hilo frágil de la razón, por qué no mejor el instinto ciego del bruto, que conoce y acepta resignadamente el universo, sin preocuparse por el término irreparable de su tránsito infecundo.”

“Si te agradan las almas ámalas en Dios; porque ellas también son inestables, pero en Dios se estabilizan y sin Él pasan y perecen. Han de ser, pues, amadas en Dios. Donde Él está, la verdad adquiere sabor; Él está muy adentro del corazón, pero el corazón se aparta de Él. Cristo, nuestra vida, bajó acá para llevarse nuestra muerte y matarla con la abundancia de su vida; con tonante voz nos llamó para que volviéramos a Él. Y luego desapareció de nuestra vista para que lo busquemos en nuestro corazón y allí lo encontremos. Se fue, pero aquí está. No se quiso quedar largo tiempo con nosotros, pero no nos dejó. Se fue hacia el lugar en que siempre estuvo y que nunca abandonó; porque Él hizo el mundo y estuvo en el mundo, adonde vino para salvar a los pecadores.”

“Yo no conocía a Dios Padre. Además, parecía que la raíz de mi bloqueo radicaba en mi relación con mi padre. No tenía malos recuerdos de él. Simplemente no tenía suficientes recuerdos. El alcohol lo mantuvo emocionalmente distante. El trabajo lo mantuvo físicamente ausente. Su padre había muerto cuando tenía dos años y no podía darme lo que no había recibido. Con el rechazo se fue el miedo al rechazo. Ahora sabía el nombre de mi enemigo, y podía luchar contra los hábitos y patrones que se habían desarrollado en mí.”

“Y si nos ponemos filosóficos, como hoy, podemos afirmar que la vida en sí misma es el axioma del conjunto vacío. Empieza en cero y termina en cero. Sabemos que ambos estados existen, pero no seremos conscientes ni de una experiencia ni de la otra: son estados que constituyen una parte necesaria de la vida aun cuando no pueden ser experimentados como vida. Asumimos el concepto de la nada, pero no podemos demostrarlo. Sin embargo debe existir. De modo que prefiero pensar que Walter, lejos de morir, ha demostrado en sí mismo el axioma del conjunto vacío, ha verificado el concepto del cero. No se me ocurre qué podría haberle hecho más feliz.”

“¡Oh Muerte, capitana, ya es tiempo, el ancla alcemos! Nos hastía esta tierra, ¡oh Muerte!, ¡hay que zarpar! Si son de tinta negros cielo y mar cual los vemos, nuestros pechos, que ahondaste, sólo saben brillar. ¡Vierte en nosotros el veneno que conforta! Mientras arda este fuego que en el cerebro llevo, sondeemos el abismo, Cielo, Infierno: ¿qué importa? ¡Al fondo de lo Ignoto para encontrar lo nuevo!”