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Muerte Quotes

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Muerte Quotes

“Incluso cuando los comunistas me perseguían, perdonaba su violencia. Me di cuenta que les estaría dando permiso de hacerme víctima dos veces si dejaba que sus acciones me quitaran la paz. Ser consumido por el odio daña nuestra relación con Dios. Si quería que mis enemigos sufrieran por la eternidad, no sería mejor que ellos, incluso sería peor, porque como ateos, no creen que la muerte lleva a algo eterno.”

“Roma me mostró las sorprendentes hazañas que pueden llevar a cabo los hombres de fe. Orar ante las tumbas de los santos y mártires, y estar en un lugar donde tanta gente ha vivido y ha muerto antes de mí, me hizo reflexionar sobre los constantes avisos de Nuestra Señora respecto a la brevedad de la vida en la tierra. Cuando llegas a conocer el Cielo, miras el mundo de un modo diferente. Entiendes que la vida en la tierra es sólo temporal y que la muerte no es un final. «Liberáos de todo lo que os ata solamente a las cosas terrenas y permitid que lo que es de Dios modele vuestra vida a través de la oración y el sacrificio».”

“De la vasta suma de las miserias del hombre, más o menos una tercera parte, diría yo, es miseria ineludible. Ese es el precio que hemos de pagar por ser encarnados, por heredar unos genes que están sujetos a deletéreas mutaciones. Es el peaje que nos cobra la naturaleza por el privilegio de vivir en la superficie de un planeta cuyo suelo es en su mayor parte infértil, cuyos climas son caprichosos e inclementes, entre cuyos habitantes se cuenta un número elevadísimo de microorganismos capaces de causar en el hombre, en sus animales domésticos y en sus plantas cultivadas, una inmensa variedad de enfermedades mortales o debilitadoras. A estos misterios de origen cósmico hay que añadir un grupo más numeroso, como es el de los desastres en el fondo evitables que nosotros mismos provocamos, a pesar de ser sus víctimas.”

“Los restos paleontológicos revelan pruebas fascinantes de agresión entre hombres. Se han hallado trozos de lanzas y cuchillos alojados en los restos de cajas torácicas humanas. Las lesiones de cráneo y costillas son más frecuentes en el esqueleto masculino que en el femenino, lo que indica que el combate físico era una actividad fundamentalmente masculina.”

“La muerte, en abstracto, no nos importa. Lo que me importa a mí, y ahora lo descubro, es mi muerte. La mía. La mía sola, que nada puede arrebatarme y nadie puede compartir. [...] No es morir, no es siquiera saber que se va a morir, es saber que se va a morir y aceptarlo. Los perros se mueren y no lo saben, los más de los hombres se mueren y lo saben, pero no lo aceptan, llegan a la muerte como un niño al dentista, pataleando y chillando. Sólo reciben los plenos dones de la muerte los que saben y además lo aceptan. Los que celebran sus bodas con la muerte.”

“Si ustedes le ponen adelante, en la punta de un palo, una zanahoria a un caballo (pero que sea caballo caballo, no la mula de mi abuelo), el caballo anda. Va andando detras de la zanahoria y la zanahoria adelante de él. Da un paso el caballo y da otro la zanahoria. ¿Avanza la zanahoria? Avanza el caballo. ¿Se para el caballo? Se para la zanahoria. Y asi. Pues lo mismo ocurre con el tiempo: el presente persigue inútilmente al futuro y jamas lo alcanza. [...] No tienten al Futuro que en él está la Muerte, andan juntos en mis Sinonimias hispánicas. Transeúntes de la vida vamos de la nada hacia la nada a caballo de la Muerte.”

“existía una maldad en el universo que conspiraba contra el ser humano, que lo lanzaba a una enorme fosa común ante una deidad que gozaba del festín de la desgracia. Y he aquí el gran fallo, el error de suponer siempre que los dioses eran amables, seres que crearon vida por amor a esta. No, no eran así. Eran semejantes a niños malcriados que lanzaban azúcar para atraer a hormigas a las que después quemar con una lupa bajo el sol.”

“La respuesta de Jesús al Buen Ladrón va más allá de la petición. En lugar de un futuro indeterminado habla de un «hoy»: «Hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lc 23,43) También estas palabras están llenas de misterio, pero nos enseñan ciertamente una cosa: Jesús sabía que entraba directamente en comunión con el Padre, que podía prometer el paraíso ya para «hoy». Sabía que reconduciría al hombre al paraíso del cual había sido privado: a esa comunión con Dios en la cual reside la verdadera salvación del hombre. Así, en la historia de la espiritualidad cristiana, el buen ladrón se ha convertido en la imagen de la esperanza, en la certeza consoladora de que la misericordia de Dios puede llegarnos también en el último instante; la certeza de que, incluso después de una vida equivocada, la plegaria que implora su bondad no es vana. «Tú que escuchaste al ladrón, también a mí me diste esperanza», reza, por ejemplo, el Dies irae.”

“Los Evangelios sinópticos describen explícitamente la muerte en la cruz como acontecimiento cósmico y litúrgico: el sol se oscurece, el velo del templo se rasga en dos, la tierra tiembla, muchos muertos resucitan. Pero hay un proceso de fe más importante aún que los signos cósmicos: el centurión —comandante del pelotón de ejecución—, conmovido por todo lo que ve, reconoce a Jesús como Hijo de Dios: «Realmente éste era el Hijo de Dios» (Mc 15,39). Bajo la cruz da comienzo la Iglesia de los paganos. Desde la cruz, el Señor reúne a los hombres para la nueva comunidad de la Iglesia universal. Mediante el Hijo que sufre reconocen al Dios verdadero.”

“Las especulaciones teológicas, según las cuales la corrupción y la resurrección de Jesús serían compatibles una con otra, pertenecen al pensamiento moderno y están en clara contradicción con la visión bíblica. Según eso se confirma también que un anuncio de la resurrección habría sido imposible si el cuerpo de Jesús hubiera permanecido en el sepulcro.”

“En el instante más crítico contemplé la muerte desde la perspectiva del yo, y no como lo que es realmente: el momento de volver a Dios. «El que persevere hasta el final, ese se salvará»: tal es la conclusión de todos los textos del Evangelio que se refieren a la confianza en el Espíritu, a no dejarnos inquietar por lo que diremos en tiempos de persecución. Yo había interpretado esos textos al pie de la letra y esperaba que el Espíritu me instruyera para ser capaz de vencer a mi interrogador, a mi perseguidor. ¡Qué necio y qué soberbio! En Lubianka no era la Iglesia la que estaba siendo probada. Ni era aquella una cuestión entre el gobierno soviético o el NKVD y Walter Ciszek, sino entre Dios y Walter Ciszek.”

“De no estarme prohibido descubrir los secretos de mi prisión, podría hacerte un relato cuya más insignificante palabra horrorizaría tu alma, helaría tu sangre joven, haría como estrellas saltar tus ojos de sus órbitas, y separaría tus compactos y enroscados bucles, poniendo de punta cada uno de tus cabellos como las púas del irritado puercoespín.”